En el México Tenochtitlán, arqueros, por la gloria deportiva

“CUANDO el objeto ya no está/ cuando los actos mueren/ queda aún la palabra que los nombra, fantasma/ de presencias que se disuelven./ Envuelto en esta herencia nos llega el tiempo”.

Así se dirigió el poeta José Emilio Pacheco en su libro “Los días que no se nombran”, dedicado al Zócalo capitalino que hoy recibe la Copa del Mundo de Tiro con Arco, con los mejores arqueros de esta especialidad.

Un Zócalo lleno de historias desde la antigua Aztlán. Y que la modernidad no ha hecho estragos en sus recintos, ya que continúa mostrándose erguido, impresionante, majestuoso, modesto para los que presenciarán este singular acontecimiento como del camino de quienes buscan alcanzar su pase para los próximos Juegos Olímpicos.

La luz del sol penetra en sus calles y aromas, en su Catedral y Palacios, en el Templo Mayor, en los museos que añoran los tiempos idos. Es ahí donde los arqueros pondrán todo de su parte para alcanzar la gloria deportiva. Los rituales del incienso y la danza se conjugarán con el zumbido de las flechas que buscarán el corazón de la diana.

Esta será la final del serial de este deporte, con los ochos mejores clasificados, además de 32 competidores venidos de Corea, Japón, Colombia, Francia, Estados Unidos, China, India, Holanda, Turquía, Rusia, Polonia y México.

Arqueros de las modalidades de compuesto y recurvo, mundialistas y olímpicos se verán la cara en este acontecimiento que durante dos días vivirá la gran aventura que muestra el estar en la tierra de los guerreros aztecas.

Así, las palabras de los cientos de espectadores se cruzarán con el tiempo y la imaginación escribiendo una nueva historia. Encontrándose con un deporte que desde ahora tendrá más adeptos. Todo un confabulario de anécdotas podrán contar los arqueros cuando dejen cumplido su compromiso.

Sabrán de la grandeza de México y partirán hacia sus países con una realidad mágica dibujada en sus ojos. Sonrientes. Y en cada rincón del mundo donde vayan, dirán que compitieron en la tierra donde los emperadores aztecas tuvieron su morada; ahí, en el maravilloso Zócalo capitalino.

 

LA Catedral y Palacio Nacional, majestuosos para la Copa del Mundo.

 

LA bandera más bella del mundo, en el Zócalo capitalino.

 

LINDA y Stephanie, arqueras por México.

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