"El Juli" hizo alarde de su tauromaquia en la Plaza México

POR HORACIO SOTO CASTRO
FOTOS: ALEJANDRO VILLA

JULIÁN López “El Juli” vino a pagar lo que le debía al público mexicano y lo liquidó con creces haciendo tres faenas de distinto corte en donde hizo alarde de su tauromaquia con un amplio cuanto brillante repertorio y sobre todo que, además de hacer alarde, dejó ver sus muchos recursos para dar y prestar. Y como dijo alguien, abusó.
Y exagerando mucho diremos que ha llegado a la perfección, si la hay en la fiesta de toros, pues no dejó ningún espacio entre tanda y tanda de muletazos en sus tres faenas que no tuvieron desperdicio alguno. Y no dio oportunidad a los aficionados que se repusieran de las emociones continuas que provocó con su toreo.
Este es otro caso de la manida frase en que las orejas no son más que retazos de toro, y así es efectivamente, pues lo realizado por “El Juli” quedará grabado por siempre y si hubiera orejas no reflejarían el valor de esas piezas toreras que fraguó el diestro madrileño.
Fueron tres obras que transitarán por siempre en el espacio etéreo sin que haya alguien que pueda alcanzarlas. Fueron sublimes, sutiles que navegarán cobijadas por las opiniones más brillantes que existan.
Julián fue premiado, diríamos tacañamente, con dos orejas, en su obra realizada en su segundo y se le fueron los máximos trofeos en las faenas que cuajó en su primero y tercer toro por fallas con los aceros.
Hablando materialmente fue el gran triunfador de esta tercera corrida de la temporada en la Plaza México, que registró una gran entrada y fue paseado a hombros y sacado en esa misma posición por La Puerta del Encierro.
Pensamos que esta confrontación con Octavio García “El Payo” iba a ser un cerrado duelo, pero “El Juli” no tuvo enemigo al frente primero porque dos de los toros que le tocaron al queretano fueron protestados airadamente, uno fue devuelto, y en el que cortó la oreja, aunque peleó las palmas, lo que hizo quedó mucho muy distante del señalado duelo.
A Julián López le tocaron tres toros con distinto desempeño con los que se dio gusto y gustó a un público extasiado por lo grandioso de la faena. Su primero (Gracias Dr. Rubio) ese fue el nombre del toro que fue bravo de buen estilo y noble Julián le hizo lo que quiso y lo toreó por ambos lados con temple, largueza y de un trazo matemático. No se conformó con la condiciones del astado y se metió entre los pitones para sacarle los pases. Más que bordar el toreo ofreció una verdadera cátedra de bien torear. Cuando se pensó que ya tenía en la bolsa hasta las patas del toro señaló un pinchazo en todo lo alto y cayeron los comentario de desencanto. Nuevamente se fue sobre el morrillo y otro pinchazo, pero como fue en todo lo alto le aplaudieron con fuerza. y dejó una estocada contraria. Lo hicieron salir al tercio para una cerrada ovación y previamente escuchó los gritos de ¡torero… torero….!
Su segundo (Ser de Luz) no fue de ninguna forma un toro para hacerle la faena de las dimensiones que le hizo “El Juli”, pues el madrileño fraguó otra faena que no merecía el toro, que se vino a menos y “El Juli” fue a más y sacó otra bolsa de lances y suertes de lo más variado con pases de todas marcas habidas y por haber y sobre todo pletórico de recursos. Que también puso en el éxtasis a los aficionados. Pero en esta ocasión cobró un soberbio estoconazo y la res rodó sin puntilla. La plaza se tapizó de pañuelos blancos y se otorgaron las dos orejas. Pitos al toro. Vuelta. Fue una faena de una clara inteligencia pues el toro sintió la presión y no embestía como se esperaba. Se lo llevó a toriles y ahí le tejió la faena en su terreno en que lo domeñó abiertamente.
El tercero (Caporal) toro que tampoco era un flan, pero Julián lo sometió y también le domeñó con sus múltiples recursos y su tauromaquia. Lleno de arte, temple y emoción que también puso en órbita a los aficionados que estaban exahustos por lo que había hecho el madrileño. Pinchazo y estocada trasera y tendida. Tuvo petición, que el juez no concedió atinadamente y lo hicieron salir al tercio y luego lo obligaron a dar la vuelta que es el mejor premio, el reconocimiento del público.

“EL PAYO”
Octavio García “El Payo” no tuvo la suerte de su lado en el sorteo y dos de sus toros fueron protestados porque el público consideró que no tenían el trapío digno de la Plaza México. Y su segundo lo devolvieron y echaron el sobrero que sí tenía presencia, pero no era propicio para hacerle faena. En su primero abrevió pues no le reconocían el esfuerzo que estaba haciendo y en el que cerró plaza no se prestaba para mediana faena.
Fue en su segundo (Aroma Flamenca) donde pudo explayarse el diestro queretano, pero seguramente no en la capacidad taurina que le conocemos. En este toro se fue al centro del ruedo y rodillas en tierras hilvanó hasta cuatro ayudados y un cambio de mano que le reconocieron plenamente. Le peleó las palmas sin mayores beneficios. Mató de estocada y tuvo petición de oreja que el juez concedió. “El Payo” salió rebotado con fuerte golpe en las costillas.

EL ENCIERRO
El lote que envió el ganadero Fernando de la Mora fue disparejo en presentación y en el juego que dieron, aunque todos acudieron a los caballos, pero sin meterse en el peto.

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