Cecilia Cohen, gotas de miel

POR GRACIÁN DE HERRERA

LA uruguaya Cecilia Cohen y los fotógrafos Rocío Vanucci y David Lou trascienden lo cotidiano, desde el calor de una cocina –alude a su cuerpo-, punto de reunión familiar hasta el sofá o la cama, destino de amigos y enamorados, la ciencia de la tierra que ofrece los más dulces frutos en racimo o convertidos en vino tinto.
El arte de la fotografía va de la mano de la modelo, persona que inspira el instante y desasosiego. La percepción de Rocío y David hace que Cecilia nade por aguas cristalinas del Caribe o muestre los pequeños detalles que revelan su personalidad, ingenio o hasta el humor negro con acento lunfardo del tango, porteño del Río de la Plata.

Los lugares paradisiacos son parte de los viajes que ilustran, relajan y comparte con la sonrisa refrescada por las golosinas de la vida. Cecilia ante la lente y la luz aparece en la traslúcida ventana, el furtivo contraste que expresa con melancolía y suave respiración en el seno de su hogar.
Cree en sí misma, una frase que arrastra con el ritmo de la guitarra criolla, de los pasos que dibujan el arte del tango sobre la superficie sombreada por el negro ropaje que apenas cubre su cuerpo. Parece deslizarse en el espacio sin gravedad, mientras las notas del bandoneón son grabadas en su piel.
Cecilia vive en la ciudad de México. Quizá alguna vez la puedas encontrar por las colonias Roma y Condesa, lugares que conservan todavía algún toque afrancesado, de casas convertidas en oficinas, restaurantes y bares.
Identificada con Venus, símbolo que representa la armonía a través de las relaciones, del amor o de las artes exalta el espíritu de la seducción, un deseo de recorrer su abdomen con gotas de miel y de rocío. Ahí está el circulo con la cruz invertida.

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