Pamela Anderson, playmate consentida

CUESTA creer que han pasado 26 años desde que una encantadora jovencita originaria de Vancouver apareció por primera vez en Playboy, pero está claro que trece portadas después, Pamela Denise Anderson se ha ganado su lugar como la Playmate consentida.
-¿Cómo se cristalizó tu primera aparición, en 1989? Fuiste descubierta en un juego de futbol americano, ¿cierto?
“Así es. El camarógrafo me hizo un acercamiento y todo mundo empezó a gritar, así que me llevaron a la yarda 50. Yo usaba una camiseta de Labatt Blue, así que terminaron por darme un comercial. A partir de ahí, Playboy me buscó. Antes de que la revista me volara, nunca antes me había subido a un avión porque vengo de un pueblo muy pequeño, Ladysmith, en Vancouver Island”.
-¿Cómo fue la sesión?
“El fotógrafo me capturó en todo un rollo porque estaba muy nerviosa y lo estaba echando a perder. Pero cuando vi las imágenes, ¡ya no quería tener ropa encima! Era una chica muy tímida, hasta que comprendí que a nadie le importa tanto cómo te ves desnuda, excepto a ti misma. Nadie se preocupa tanto de nuestros defectos como nosotros mismos”.

-¿Qué edad tenías?
“22”.
-¿Por qué crees que eras tan tímida?
“La sociedad insiste en que seas recatada, pero mi familia no era del todo así. Mi papá era un chico malo y mi madre una bomba sexy. Creo que en consecuencia, yo intentaba no perder el control”.
-¿Qué querías ser antes de Playboy?
“No sabía. Siempre tuve mucha imaginación, por lo que estaba segura de que haría algo creativo. Sólo tenía la seguridad de que quería salir del pueblo. No aspiraba a estar en la industria del espectáculo; ni siquiera pensaba en la opción. Pero creo que hice bien”.
-¿Qué es lo más loco que te ha pasado en la Mansión?
“Tantas cosas. No deseo entrar en detalles, pero estoy segura de que concebí a uno de mis hijos entre estos muros”.
-Posees muchas cualidades, pero creo que a la gente siempre le viene a la mente tu belleza. ¿Cómo es vivir una vida así?
“No me pienso como una mujer hermosa, pero estoy consciente de mi sensualidad. La gente responde mejor a eso que a lo físico, porque tu espíritu nunca envejece. Soy un poco exhibicionista, y me gusta jugar con ello”.

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