Triste espectáculo dieron los toros de Marrón, envió ocho inválidos a La México

POR HORACIO SOTO CASTRO

FOTOS: ALEJANDRO VILLA

EL hato de la ganadería de Marrón que ésta envió a la Plaza México reunió todos los defectos que no deben tener los toros de lidia y ofreció un triste espectáculo al ser jugado en la decimaoctava corrida de la temporada que formaba parte de los festejos del 70 aniversario del coso capitalino, teniendo como atractivo que era de toreros de dinastía.

El encierro estuvo integrado por ocho astados que solicitaban a gritos las muletas, pero no la de los toreros, sino las ortopédicas, pues no se podían sostener en pie y de constante rodaban por la arena, perdiendo las manitas y deslucían las suertes.

Pero en general fueron toros descastados, faltos de raza, carentes de alegría y por supuesto sin emotividad y menos que tuvieran transmisión a los tendidos. Fueron unos toros sosos redomados. Su fenotipo fue aceptable, pero engañoso;  toros bien delineados, bien comidos, o cuando menos eso se pensó por lo rematados que se vieron, pero para completar el cuadro fueron pobres de cabezas.

En una palabra los astados de Marrón dieron al traste con este festejo, que resultó insulso, aburrido, condiciones que se acentuaron al invadir una onda polar la plaza, que registró una pobre entrada, a pesar de que fue una tarde bonita, con sol, cielo azul y sin viento. Una tarde propia para las corridas de toros.

Todo lo antes mencionado fue lo contrario e hizo que se estrellaran las ilusiones y los deseos de triunfo de lo alternantes que tuvieron una gran disposición, mucha paciencia y consintieron a los toros buscando el lado positivo para alcanzar la victoria y nunca perdieron la compostura ni  hicieron mohines reprobables o de desagrado.

Hubo un momento chusco que causó la hilaridad de los asistentes, cuando uno de los caballos de pica no fue derribado, sino que perdió las manitas y del tendido gritaron  que ese caballo pertenecía a la divisa de Marrón.

Fue una tarde desagradable, triste, porque hacía tiempo no se enviaba un encierro tan parejo en malo. Aunque todos acudieron a los caballos su pelea fue sin celo alguno y llegaron al tercio mortal mostrando lo que fueron en realidad. Y para acabar pronto, los ocho toros fueron pitados en el arrastre.

El que medio se salvó fue el corrido en octavo lugar, de nombre Chaparrón, que aguantó más tiempo en pie que sus hermanos y el joven Juan Pablo Llaguno hizo una faena inteligente, vio las condiciones del toro y le arrancó muletazos de calidad en las mejores aunque cortas tandas y fue quien más fue ovacionado. Desafortunadamente no estuvo certero con la espada y hasta dos avisos escuchó. En su primero tuvo buenos momentos, pero la res no tuvo continuidad, tardó en la embestida.

A lo largo del festejo hubo momentos brillantes, pero pronto se apagaban por las condiciones de las reses y aunado a ello los alternantes anduvieron mal a la hora de matar.

Reapareció en la plaza el español  Francisco Rivera Ordóñez “Paquirri”, quien como sus paisanos tiene técnica, sitio y oficio, pero no tuvo material para armar las faenas. Con su primero tuvo detalles con el capote, pero con la franela no hubo ni mando ni temple. Y en su segundo salió con deseos y lo recibió con una larga afarolada y más adelante no hubo nada, ya que el toro se mostró resentido de los cuartos traseros y no hubo ligazón en su trasteo.

En su primer toro el subalterno Javier Escalante fue empitonado sin consecuencias, solo tuvo golpes contusos y ya no salió.

Diego Silveti se vio más asentado, más tranquilo y haciendo mejor las cosas que antes y tuvo buenos momentos en su primero, como el quite por chicuelinas y rematar con revolera. En el centro del ruedo hizo el péndulo y fue ovacionado al torear muy ajustado por atrás y en ayudados con el de pecho, muletazos con temple que no culminaba por la caída del toro.  Con la Espada y escucho dos avisos. En su segundo sobresalieron las gaoneras de buena ejecución. Toreó por alto y por la derecha que le corearon. Dejó tres cuartos y tardó en doblar y escuchó un aviso.

Fermín Espinosa “Armillita IV” tampoco tuvo material apropiado para el lucimiento, pero él estuvo esforzado y  tesonero buscando el triunfo. Dejó una estocada caída y con su segundo  se retiró en silencio por la falta de colaboración del astado.

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