Anoushka Shankar, Luna de Oriente

POR GRACIÁN DE HERRERA

LA música en el pasado tenía el rostro de las princesas en palacios decorados por el blanco y oro de sus paredes, finos mantos de seda y pedrería. El sonido del sitar en las veladas se escuchaba con frecuencia para halagar los sentidos de anfitriones e invitados a opíparas cenas de gusto exquisito, rematadas con pastelillos y té en abundancia. Los enamorados jamás se resistieron a los sonidos delicados y brillantes.

Anoushka Shankar, aunque de nombre eslavo, diminutivo de Ana, es hija del músico indio Ravi Shankar fallecido el 11 de diciembre de 2012. El personaje que a través de su música dejó una honda huella en grupos de rock y promovió la cultura de la India a través del afamado concierto de “Monterey Pop Festival” ante 200 mil almas, en 1967. Su influencia trascendió los mundos de oriente y occidente. George Harrison y Brian Jones fueron atrapados por la magia del instrumento compuesto por 18 a 26 cuerdas.

Anoushka, nacida en Londres y radicada en su adolescencia en Estados Unidos, siguió el camino trazado por su padre, compartieron conciertos y la escuela ha prosperado con la misma sensibilidad de su padre. La bella princesa de la música clásica hindú ha sido renovada con melodías de su autoría que recuerdan historias de sublimes pasajes musicales, un dialogo en un edén mágico, en medio del desierto con la luz del oro y finas piedras luminosas de sus mujeres.

La sitarista de 33 años reencarnó nueve siglos después para deleitarnos con sus delicadas líneas de su cadera extendida en sus aposentos vestida con el sari, la vestimenta más sensual de las mujeres por esas latitudes, y los ecos de su música interpretada con una mirada celestial, no sé si encanta, embruja o trastorna los sentidos.

Los pies desnudos ataviados con anillos y su cabello sostenido con una trenza que resbala por su espalda, así como artes multiformes hacen de Anita una estrella en el firmamento en el último instante de la noche y el primer rayo del sol, mientras las cuerdas del sitar navegan por el universo armónico de la vida.

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