De Allende el mar; una carta para "El Pana"

Mexico, 2016-05-13 23:31:09 | Redacción ESTO

POR CARLOS RUÍZ VILLASUSOS

MADRID, Esp.- Me gustaría poder leértela yo. Pana. Maestro. Pero se antoja imposible coincidir de nuevo allá por los callejones de ese México que me traslada a lo que eres. Que no es otra cosa que lo que el hombre jamás debió de abandonar. Ese crazy enamorado de la vida: las fatales mujeres benditas, los benditos amigos fatales y el toreo como y cuando de lugar. Y tantito de tequila. Ese hombre que albergaba la duda de serlo sólo cuando el amanecer le pillaba ya en la cama. Un día dije. Sólo por respeto, eso de: hay mujeres tan poco interesantes que a las doce la noche deberían estar recogidas. Ahora, con el tiempo, trato de darle la vuelta pero si la leo, no las respeto y no me cuadra. Como no cuadras tú en esta vida de cuadrícula donde bohemia se escribe con m de multinacional patrocinada.

No te escribo esto por nostalgia, pues me vale madre. Te escribo porque quizá haya alguien amoroso que te la lea ahí mero, en el hospital de Guadalajara, en la tierra entraña y barriga del tequila. Y que, tú, al sentirla, parpadees lances de orgullo, de amistad, de fe en este toreo que te quiere y te mata. Nos quiere y nos mata. A unos el toro, Pana, maestro. A otros estos pendejitos de cartón piedra que creen que esto tiene el horario de oficina o que la bohemia se escribe sin b de borrachera. Que carajo sabrán. Por ahí al lado de tu Apizaco, en la Tlaxcala de toros de hierro, en la Zona Rosa de CDM ahora transitada por el transgénero que toleramos con la naturalidad de que en esta pinche vida bella todos caben, ahí sentí que hay corazones muy puros al lado de hígados trasnochados de alcohol. Mezcla perra, pero chingona, pues de esa cópula sale un arte de pureza inigualable.

Lo que es la pinche vida, que es pinche y a toda madre a la vez. Apenas terminaba de torear Talavante a un toro en Aguas cuando El Torero Hernández me llamó. Iba en carretera y me informó de lo tuyo. Neta. No te sabría decir ahora, maestro, Pana, si las lágrimas que se escaparon venían de lo que hizo ese cabrón del Tala o la cabronada de lo tuyo. Neta. Ahí de madrugada, en el hotel Alameda hicimos en este mundotoro tripas que atamos al corazón para que encajara lo tuyo y lo del Alejandro. Encajó nomás porque cómo no van a encajar vivir y morir. Si es lo mismo, solo que al revés.

La muerte, maestro. Pana. Bueno, pues nomás creo que el mejor síntoma de que hubo vida. Puede que hasta sea el remedio de todos los males, pero no debemos abusar de ella. No sé si creer que elegiste tu vida sabiendo todo lo que de esa elección podría salir. Si lo creo, te admiro. Pero si no lo creo, te sueño. Pinche y jodida elección. Porque en la dos andas con el habano en boca y mi trainner ya me va a pedir divorcio si no me alejo del tabaco. Pero, óle tú por decidir lo que te pudo llegar y ha llegado o lo que decidiste y te llegó. Vale madres. Eres torerazo igual.

Que si andabas o no en condiciones para el toreo. Yo creo que lo que andabas era en condiciones para ser otra pinche cosa que no fuera ser torero. Eres una novela andante y las novelas tiene mas riesgo de cornada que una balacera. Si lo sabré yo. Las vidas de novela son para los que tienen los bemoles de hacer que otros escriban por él y sobre él. Aunque, neta, dudo orita si hay alguien interesado en una vida de novela pues si nadie se interesa por la vida ni por la novela, pues ni modo. O qué. Leer la vida es vivirla a tope. Ojalá te puedan leer esto que tú ya sabes. Escribió Séneca (no era un pendejo, era un tipo con neurona propia) que la vida era según la feria: para unos un castigo, para otros un regalo, y para muchos un favor. Lo tercero jamás fue para ti, y aún no sé si fue castigo o regalo la del Rodolfo. La del Pana fue regalo seguro. Aunque reconocerás, maestro, Pana, que una mezcla de regalo y castigo es a toda madre. Ahí le doy la mano maestro. Pana. No me da usted lástima alguna. Ni me causa esa pendejada de sentimiento que es la piedad. No me la da aunque me pueda arrancar una lágrima. Una nomás. Fíjese que hasta le digo adiós como se dice hasta siempre, que es la manera en la que los hombres se dicen adiós diciéndose quehubo de nuevo. Y que no le digo que se cuide pues quien vivió al cuidado del toro no necesita cuidado alguno cuando torear no puede. Me vale madre lo que me digan allá o acá por decir esto. Y que es usted grande. Muy grande. Y que nadie lo llore. Y que todos lo gocen.