Y el "Loco" gritaba; fui yo, fui yo

POR ERNESTO CASTELLANOS G.

FOTOS: ERIK ESTRELLA

Hay jugadas de gol que han quedado para la historia. Se podrán anotar miles, pero hay anotaciones determinadas que marcan el rumbo de éste apasionante deporte que es el futbol.

Si hubo aquel gol de Diego Maradona con “La mano de Dios”, o el memorable gol de Manuel Negrete en Copa del Mundo, también hay que mencionar ese gol que anotó Roberto “Loco” Martínez, un delantero genial nacido en Acámbaro, Guanajuato, y criado en el bravo barrio de Santa Julia, y que se convirtió en el primer tanto logrado por un mexicano en el Estadio Azteca.

Platicamos con Roberto en la tranquilidad de su hogar en Naucalpan. No fue difícil dar con su domicilio, ya que al llegar a su calle se vió que todo mundo lo conoce, “Si, el “Loco” Martinez, que fue futbolista”, nos dijeron dos personas. Y señalaron su casa.

Roberto vive rodeado de recuerdos de su gran carrera como jugador de la Primera División, del Necaxa, el Atlético Español y de la Selección Nacional.

Trofeos, revistas, diarios, gran cantidad de fotos nos hablan de su trayectoria por las canchas, y hay referencias de aquel gol que le anotó al Valencia jugando para el Necaxa, en juego amistoso concertado con motivo de la inauguración del Estadio Azteca.

LO VUELVE A VIVIR

Roberto Martinez Márquez se acomoda en un sillón de su sala, escucha la pregunta y su rostro cobra un nuevo fulgor. Hace memoria y nos dice de aquel tanto anotado a los españoles.

“Días antes del partido se lanzó una publicidad que decía que el ron Caña Brava otorgaría un trofeo al mexicano que lograra el primer gol en el Estadio Azteca. Cuando lo platicamos con otros jugadores del equipo les dije: -Ese trofeo tiene que ser mío-, aunque no sabía que iba a pasar”.

“El partido comenzó siendo dominado por el Valencia, que traía un estupendo conjunto. Nos anotaron primero, y recuerdo de ese juego que desde el comienzo un defensa la agarró conmigo, ya que en cada jugada me pateaba”.

“Hubo una jugada en la que ví que Agustín Peniche, que jugaba la banda izquierda se fue hacia el interior izquierdo. Entonces me corrí al área esperando un centro. Peniche mandó la pelota, el portero Pesudo saltó para tomar el balón, quiso despejarlo de puños al ver que venía difícil, se le fue, ví venir hacia mi ese centro, salté entre dos defensas españoles y de cabeza anoté. Ese gol me dio una alegría enorme, y salí corriendo y gritando “¡Fui yo, Fui yo!”. Lo hacía para que no se lo acreditaran a otro, para que lo validara el árbitro, fue un momento de emociones encontradas, y de muchos pensamientos a la vez. Voltee a ver al árbitro que señaló al centro de la cancha, ¡nadie me iba a quitar ese gol!”

NO DIMENSIONO

Roberto agregó que aunque le dio mucha alegría conseguir el primer gol de un mexicano en el recién inaugurado estadio, no le dio mucha importancia. Comprendió la dimensión de ese logro cuando al paso de los dias le llovieron las felicitaciones, las entrevistas, la TV, los reportajes. Todo mundo hablaba de eso.

“Tuvo más repercusión de lo que yo esperaba”, dice con una gran sonrisa.

“De ese juego, me acuerdo que el equipo estaba concentrado en el hotel Down Motor de Naucalpan, el cual ya no existe. Ahora es un restaurant. Como tenía por costumbre, me levanté temprano para ir a Misa, lo que a otros jugadores del equipo les caía mal. Regresé al hotel y al poco tiempo salimos hacia el Azteca. En esos tiempos los equipos no teníamos autobús, nos trasladábamos en los autos de nosotros mismos. Llevaba una pequeña petaca con los zapatos de futbol y una muda de vestir. El uniforme, o sea el pantaloncillo, la camiseta, las medias nos las daban en el estadio, y teníamos que regresarlas para que las lavaran para el siguiente partido”.

“No, no tenía nervios, era un partido más, importante, pero un partido más. Te acostumbras a jugar contra quien sea”.

EL TROFEO

Tras su logro, Martinez buscó que le dieran el trofeo del Caña Brava. Le dieron una cita para recibirlo en el cine Orfeón, en una premier de una película de Maria Antonieta Pons. El evento se canceló, por la muerte de Javier Solís. Una semana después le dieron el trofeo en un estudio de la W.

Roberto se toca la nariz, y nos hace notar que tiene cierta desviación.

“Esto fue una fractura. Sucede que jugamos contra el Guadalajara un jueves en el Jalisco. Como les ganamos con un gol que le hice a Nacho Calderón, al terminar el partido pasé junto a los jugadores de Las Chivas, y les dije: -ahí está su campeonato-, Y en forma cobarde

me atacaron Alberto Guerra, Arturo Chaires, Aurelio Martínez, el masajista Tolán y Calderón, me golpearon y me fracturaron”.

¿Y por qué El Loco?

“Asi me pusieron en el barrio, porque era broncudo y nunca me abría para las broncas”.

Roberto conserva su carácter alegre, es un hombre de sangre liviana que de cuando en cuando afirma, suele reunirse con ex jugadores del Necaxa y el Atlético Español, desayunan, departen, y entre otras cosas reviven aquel gol anotado al Valencia y que quedará para siempre en la historia de México.

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