César Morales cuelga el castoreño

POR MIGUEL ÁNGEL GARCÍA
FOTO: JESÚS TÉLLEZ

(Primera Parte)

HONOR y dignidad. Dos palabras fáciles de olvidar y difíciles de entender. El toreo mexicano no se puede dar el lujo de perder a un subalterno como César Morales, máxime por la falta de reconocimiento a la trayectoria de un picador verdaderamente profesional que estuvo dedicado física y mentalmente a buscar siempre ser el mejor. El gremio jamás olvida una gran faena, pero nadie se pregunta qué picador fue el artífice de poner al toro a punto para la muleta del maestro. El desafortunado adiós de César Morales, en pleno uso de sus facultades, nos hace reflexionar en que algo no está bien en la Unión de Subalternos y menos en el criterio de los matadores a la hora de contratar a subalternos de su especialidad. No digo que la Unión esté mal en cuanto a su amalgama, pero podría ser que sí, en relación con que quizás no hace valer a sus mejores agremiados por lo que son, vaya, darle lugar a los que se han ganado una trayectoria. Y en cuanto a los matadores, algunos de gran categoría prefieren a un chofer con experiencia y que además sepa picar toros que a un picador con verdaderos fundamentos. Y es que traer en una cuadrilla a los mejores elementos por supuesto cuesta dinero; esto lo entienden perfectamente las grandes figuras. Manolo y Eloy se peleaban las cuadrillas con tal de traer a los mejores, ahora, basta con ser gracioso o saber manejar correctamente para poder colocarse con algún matador de poco criterio. Esto que digo es algo sabido en las diferentes filas de toreros, no es para poner en entredicho el valor de todos y cada uno de los subalternos, porque tanto éste como el otro valen lo mismo estando frente a un toro.

Sin embargo, tampoco se puede comparar la trayectoria de un subalterno de 15 años con uno que acaba de tomar su carnet que lo acredita como un profesional. Y así como un matador sabe reconocer y dar su lugar a algunos subalternos, de igual forma habrá otros a quienes les sea indiferente quién se sube al caballo. Cuestión de criterios y de enfoques, no se trata de agredir a nadie.

Pero quien conoce la trayectoria de César Morales y sabe de su entrega, de su preparación física y pasión por picar, reconocerá que su despedida deja un hueco grande, porque no se despide cualquier torero, sino uno que en verdad estaba haciendo escuela, dejando camino. Preocupa mucho su adiós, más porque considera que esa falta de reconocimiento por parte de algunos matadores no va de acuerdo con lo que él invierte para ser uno de los mejores. Y mucha razón tiene porque ¿de qué sirve ser una figura de la puya, si no se le reditúa como tal? Los matadores son los que deben de dar sitio, respeto y reconocimiento a este tipo de subalternos. Picadores como César deberían estar codiciados por los mejores matadores, lo mismo banderilleros.

Sin margen de error, César se puede considerar como uno de los portadores del castoreño con más voluntad para parecer picador. Además de portar gallardo el traje, con lo cual dignifica a su gremio, lo engrandece por la manera en que ejerce su profesión. Que no se lea como una ofensa, pero la verdad es que la apariencia de casi todos los picadores mexicanos parece que es por regla. Un estado físico bien conservado y fuerte sirve además hasta para tener mayor agilidad en los momentos de los tumbos. Es cuestión de voluntad, porque ejemplos hay muchos de picadores ya grandes, algunos retirados, que siempre se preocuparon por su aspecto físico, y claro, lo llevaron a la par de ser brillantes a la hora de tomar la vara.

César Morales se va de los ruedos. Subrayo: es para preocuparse. Es triste realmente, un desperdicio total. Es como si un matador de los jóvenes que hora hay decidiera decir adiós en pleno uso de sus facultades. Sería una pena, ¿no?
El padre de César, el reconocido “Güero de la Capilla”, no estará nada contento, además porque su nieto, el hijo de César, ya comenzaba a seguir los pasos de su padre; hace un mes en Cinco Villas el chaval picó un novillito. Lamentablemente se corta de tajo la que podría haber sido una dinastía de grandes picadores.

El mundillo del toro se llena la boca en decir que la fiesta de los toros es grandeza, dignidad, respeto, verdad ¿Qué pasó entonces?

¿Dónde queda el reconocimiento que se le debe de dar a subalternos como César Morales?
Señores, este adiós es una llamada muy fuerte de atención, es momento de reestructurar lo que se deba para que no haya este tipo de fugas.

César se va a trabajar a Estados Unidos, se lleva a su familia, esposa y tres hijos. Allá, tal vez ni todo el oro del mundo podrá darle la satisfacción de estar arriba de un caballo y sentir la adrenalina al escuchar bufar al toro y el aplauso del público al ejecutar una puya. Ni el mejor trabajo podrá brindarle la alegría y el compromiso de aquellas tardes de ferias en las grandes plazas ¿Pero sabe usted una cosa? Si el sacrificio de dejar toda una historia atrás es por el bien de la familia, por la esposa y por los hijos, entonces esta despedida habrá valido la pena.
Mañana publicaremos la entrevista que concedió César a ESTO, en la cual nos relata su sentir.

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