“El Tato” y El Vergel se pusieron bravos

Vaya tarde de furor que se vivó en la cuarta novillada sin picadores, Duelos Taurinos, Soñadores de Gloria. Primeramente por el bravo ganado que envío la dehesa de El Vergel, propiedad de Octaviano García y luego por la raza de los toreros que se han puesto a verdadera prueba en toda la tarde.

De los cuatro coletas anunciados fue Marco Arturo “El Tato” Loaiza, quien cortó dos orejas luego de dos actuaciones férreas, convirtiéndose en el triunfador absoluto de la primera etapa de la temporada que organiza Tauro Plaza México.

Y lamentablemente la nota roja se la llevó el novillero expectativa de la tarde, Héctor Gutiérrez, quien apenas daba sus primeros lances de tanteo al novillo que abrió plaza y recibió dos cornadas.

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Tarde agitada, de emociones al límite, donde la tragedia se hizo presente en todo momento, ya que la mayoría de novilleros no se salvaron de tremendas volteretas.

EJEMPLAR BRAVURA

El Vergel fue un examen duro, bastante serio para los toreros. Saltaron al ruedo seis bravos toros que pusieron en alto su hierro, si acaso el quinto un poco menos, pero de ahí en fuera los de la divisa morado verde y amarillo sacaron a relucir la raza de la que está hecha el toro bravo. De lámina impecable y de bravura ejemplar. Sin duda la prueba no estuvo nada fácil para el escaso bagaje de los coletudos, ya que en verdad la raza de los novillos estuvo de manifiesto en todo momento. Los lidiados en cuarto y sexto lugar fueron ovacionados con fuerza en el arrastre, pese a que el público pidió para ambos el arrastre lento.

CORNADA

Llegó Héctor Gutiérrez de España con toda la expectación del mundo, ya que allá ha tenido un paso extraordinario. Daba apenas los saludos con el capote pegado a tablas cuando el novillo, de violenta embestida y revolviéndose como gato en un palmo de terreno, hizo trastabillar al torero quien cayó, quedando a merced de la imperdonable furia del astado. Ahí en tablas, cerca del burladero de matadores, le dio a llenar y hasta a los lomos se lo echó. El torero quedó inerte, con una cornada en la espalda de dos trayectorias. Fue ingresado a la enfermería de donde ya no salió. Lamentable y triste.

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ACTITUD Y VALOR A TODA PRUEBA

De la Academia Taurina del Palacio del Arte de Morelia se presentó “El Tato” Loaiza, quien dio la nota mayor, demostrando sobradamente que está para grandes retos, para ser un torero importante. A su primer astado lo recibió con una serie de péndulos que mataban de miedo, se plantó bien el michoacano. Siguiente acto, el valiente se dio a torear con suma entrega, plantando cara al novillo que era toda bravura y recorrido. El novillero lo toreó con largueza, bien embraguetado y transmitiendo emoción al tendido; aunque en otros tantos un poco embarullado. Pero no se les puede exigir al máximo a estos jóvenes, cuando en realidad a penas están despuntando. Atinó al segundo viaje con la espada, oreja a petición del público y ovación cerrada al toro en el arrastre.

Con el segundo novillo, siendo finalista, Loaiza no quedó conforme y se fue de hinojos a recibir de dos largas cambiadas a su “socio”.

Bravo el novillo y bravo el torero. Pasaba como tren el astado, con una fuerza increíble, destilando raza, a lo que el torero no echó paso atrás y le plantó pelea aguantando las duras embestidas. El astado se volvía en un palmo de terreno y en una de esas, ya habiendo medido al torero, lo cogió de los tobillos y le puso una terrible zangoloteada dándole a llenar, ya que además las intervenciones tardaron eternidades. Fue llevado a la enfermería un tanto maltrecho, pero más tardó en entrar que en salir y ya sin chaquetilla reapareció en el ruedo. Los gritos de ¡torero! no se hicieron esperar. Ahí estaba “El Tato”, valiente como él mismo para continuar lo que había empezado.

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Como pudo logró más muletazos, no importa si estos fueron desdibujados, la hombría de “Tato” ya estaba aprobada por el cónclave que le vitoreó con fuerza. Media espada bastó para despachar al astado, sólo que el puntillero lo levantó dos veces; sin importar esto la petición de oreja fue escuchada por el juez.

Aplausos al toro en el arrastre y división de opiniones para el torero, pero la actuación vale más que eso. Salida a hombros.

DE TRES, NADA

El madrileño Ángel Téllez Gómez, de la Escuela de Madrid, tuvo tres oportunidades para poder encumbrarse y de éstas no consiguió trofeo alguno. Fue quien lidió el astado de Héctor Gutiérrez, más el astado que le correspondía y un tercero, el de la final, ya que así lo consideró el jurado. A sus tres “socios” los dejó ir inéditos.

Ante el primero, que mató por Gutiérrez, pasó fatigas al buscar entender al novillo que fácil no fue. No obstante, el torero estuvo firme extrayendo pases de mucho mérito. El astado tenía patas y genio, amén de los derrotes que pegaba y lo pronto que se revolvía. El coleta le intentó hasta donde pudo y sin alargar en lo absoluto el trasteo mejor cortó por lo sano de sendo espadazo que el público le aplaudió.

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En el astado que le correspondió, Ángel Téllez se enredó muy bien a la verónica y con la muleta tuvo otro enigma a resolver. El novillo no le dejó estar a gusto por su áspera embestida, aunado a que el torero estuvo a merced del peligro derivado de un sitio poco asentado y no se salvó de una zapateada que le propinó el de El Vergel. Y aunque el viento también fue factor en contra, no se entendió con lo violento de su oponente y mejor se tiró a matar.

Estocada hasta la cinta que el público le agradeció con aplausos.

En el tercero Ángel se lució de decapa, con mucha decisión.

Estuvo solvente con el novillo menos potable, ya que éste se fue quedando muy corto; el torero estuvo en la línea y estarse ahí le trajo tremenda voltereta. No se desánimo y continuó haciendo su mejor papel. Mal matando.

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TOREÓ CON EL CORAZÓN

Antonio Medina, de Badajoz, dio hasta donde sus conocimientos le alcanzan, no se acopló prácticamente en ningún momento, pero vaya corazón que tiene para estar frente a los toros. Sobresalieron los quites por tafalleras, en las que se quedó más quieto que un poste, aunque luego se engolosinó en el remate y por poco le echa mano el astado. Con la muleta en mano el torero hispano le puso entusiasmo a su labor, toreando con emoción y entrega. Tal vez su labor careció de toda estética y estuvo bastante agitada, pero la disposición fue su mayor mérito. Y esa falta de sitio le acarreó una fuerte voltereta, misma que ya estaba cantada. Mal matando y se retiró en silencio.

A DESTACAR

Los subalternos Jorge Morales y Jorge Guerrero saludaron a la limón en el tercio luego haber dejado ejemplar par de banderillas.

En su barrera estuvo presente el ganadero y empresario de la Plaza México, Xavier Sordo Madaleno.

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