Román Martínez firmó lo más destacado en La México

 

Previo a las 17 horas el cielo pintaba de gris negro, clima nada bonito para una tarde de toros. Y exactamente cuando los toreros se disponían hacer el paseíllo, San Pedro soltó una llovizna que aunque no duró mucho, solo sirvió para despertar un frío intenso que caló hasta la médula acompañado de viento maldito. Gélida tarde que no desentonó en lo acontecido dentro del ruedo.

Román Martínez, de Guadalajara, sufrió una cornada en el tercio inferior de la cara interna del muslo al entrar a matar al primer novillo de su lote, al que cortó la oreja y ya no salió a torear el segundo.

Héctor de Ávila, que se disponía a lidiar su tercer astado, ya que pechó con el que no lidió Martínez, fue prendido feamente al intentar rematar su primera serie; el torero de Yahualica primero cayó de espaldas de manera horrible, quedó sin sentido; de inmediato el novillo lo cogió de la chaquetilla y lo lanzó al otro extremo como muñeco, azotando el desmadejado cuerpo del novillero contra la arena. Ávila cayó de frente, su rostro hasta pareció que rebotó. Fue una escena dantesca que presenció en barreras la familia del torero. Afortunadamente, Héctor volvió en sí, ya en la enfermería.

Y para rematar, el torero español, Pablo Mora lanceaba de hinojos al cierraplaza y tanto se engolosinó en las suertes que finalmente el astado terminó cogiéndolo de entre las piernas para darle una maroma y dejarlo tendido; se pensó que era una grave cornada. Fue llevado a la enfermería, donde se repuso y salió a culminar su labor.

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LOS DE MEDINA IBARRA, SIN PROBLEMA

Fue una tarde donde el olor a cloroformo rondó en todo momento y tampoco es que los novillos hayan sido unos demonios, sino que las circunstancias negativas se juntaron y todo acaba por poco en grandes tragedias. Por ejemplo, el sexto novillo de la tarde armó un herradero al tumbar al picador dos veces y para cuando llegó a la muleta ya estaba muy resabiado. El primero se dejó meter mano pese a dos puyazos que le colocaron. El segundo, el más bravo para el caballo, que fue con un celo impresionante al peto, se dejó meter mano y recibió aplausos en el arrastre. Tercero y cuarto fueron deslucidos, con poca casta y el quinto ya no se pudo ver. Pero hay que destacar que estos novillos, como todos los que se lidiaron en las novilladas con picadores, son serios de presencia y cuentan con su edad reglamentaria, lo que implica torearlos firmemente, pues no toleran algún error. Los encierros fueron duras pruebas para los novilleros, pero sirvieron para observar el adelanto de los coletas. Plaza seria, serios encierros.

 

PRIMER TRIUNFADOR

Como segundo espada salió Román Martínez decidido a terminar con el cuadro al esperar de hinojos en los tercios al asado y recetarle además dos largas cambiadas. Toda actitud el novillero. Luego quitó por gaoneras en un palmo de terreno, muy comprometido pero saliendo airoso. Y vaya espectáculo que armó con banderillas, todo un as con los palos.

Se animó a brindar al respetable y ya en los medios del ruedo el novillo decidió saltar por puerta de caballos. Pasado el susto, Román cuajó una primera tanda por derecha muy bien estructurada. Tuvo momentos desdibujados, pero otros en los que mostró su temple, sobre todo por izquierda que fue por donde firmó sus mejores momentos hasta que el toro dio de sí y todavía se adornó con distintos pases. Se tiró a matar señalando un pinchazo hondo que bastó, saliendo del embroque con la cornada. Oreja a petición del público y aplausos al novillo. Román dio vuelta con el ganadero Jorge Medina y dos niños toreros pintados de calaveritas. Román entró a la enfermería y ya no salió, no obstante ya se anotó como el primer triunfador de las novilladas sin picadores.

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DETALLES PLAUSIBLES

Héctor de Ávila abrió plaza, quien no se acomodó por verónicas en los lances de recibo, pero sí bregó correctamente hasta el centro del ruedo para rematar con una media genial. Con doblones señoriales se llevó al novillo para el centro del ruedo. Intentó torear por naturales, pero no sé acopló, por lo que cambió de terrenos pegado a puerta de caballos para torear con la mano diestra y aunque tuvo entrega y deseos, el novillo terminó imponiéndose. No conforme, el torero no se quería ir sin obtener el reconocimiento del público, pero la concurrencia no estaba de vena para esperar. Bastó con un espadazo defectuoso para despachar al astado.

Ante su segundo cumplió en el trámite con la capa. Brindó su faena a la romería, una faena que no tuvo grandes relieves debido a lo descastado del animal. Pero Ávila no echó paso atrás e intentó todo cuanto pudo para agradar, dejando detalles que el público le aplaudió. Mal con la espada y no se salvó del aviso.

Lidió el novillo que correspondía a Román, al que fue a recibir frente a la puerta de chiqueros para recetarle una larga. Con la muleta, al rematar su primera tanda, llegó el percance y ya no salió de la enfermería. Finalmente Pablo Mora mató al novillo.

 

PUNDONOR

El hispano Pablo Mora mostró escuela, sitio y trazo. Ligó muy buenas tandas por derecha en su primer astado, aunque con poco eco derivado de la poca transmisión de toro y torero. Dejó una estocada que bastó. Más entregado y decidido a todo, con lances de hinojos recibió a su segundo novillo, se vio muy apretado en las suertes el hispano hasta que el animal le echó mano; fue ingresado a la enfermería. Mientras el novillo hacía un infierno en la suerte de varas tumbando dos ocasiones la cabalgadura de Carlos Domínguez, que se estaba examinando, Pablo ya salía de la enfermería para sortear la papeleta.

Para entonces y luego de todo el trajín, el novillo ya estaba muy resabiado, por lo que no puso nada fáciles las cosas al hispano. Sin embargo, no se amedrentó y le paró, extrayendo pases de mucho, pero mucho mérito, salvándose incluso de otro percance. Lo pasaportó como pudo, pues el novillo ya era imposible. Pero lo terminó dignamente y escuchó aplausos. Todo pundonor el torero.

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A SUBRAYAR

Se examinó como picador a Carlos Domínguez, quien no tuvo el santo con él. Tuvo de todo: aplausos, abucheos, fue tumbado, perdió la garrocha. Todo un abanico de circunstancias que Luis Miguel González, secretario de los subalternos, deberá estudiar y sacar su veredicto. En las líneas de los banderilleros se llevó grandes aplausos

Punto y a parte ha sido el desempeño de los monosabios en el traslado de los heridos a la enfermería, ya que lo han hecho apegados a medidas estrictas en el manejo de los toreros caídos.

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