Morante llena la Plaza México de arte y sentimiento

POR MIGUEL ÁNGEL GARCÍA

FOTOS: JOSÉ LUIS GARCÍA

Y se desató la locura.

Morante adelantó el regalo de navidad a los aficionados de la Plaza México con una actuación plena de arte y sentimiento. No ha sido, claro está por el ejemplar a medio gas que sorteó, la mejor faena de su vida, de ser así todavía estaríamos celebrando en el coso. Pero con tantito que el de la Puebla destapa el frasco de las esencias basta para poner de cabeza al coso más grande del mundo. Y no, a diario no se riega el arte, por eso había que estar presente, para cuando Morante tuviera tela y pudiera romperse en un desparpajo de pasiones. Su lienzo no fue muy extenso, ya que el toro de Teofilo Gómez careció de emoción y casta, pero la sutileza de Morante hizo ver más de lo que tenía el astado en sí; la pintura fue hecha prácticamente a base de pincelazos sublimes, ya que el cómplice del sevillano no rompió como para que la obra fuera redonda. No obstante, al final el cuadro que pintó el torero artista Morante plagado de hermosos momentos que plasmó con ambas manos y detalles de gran relieve. Su rubrica fue la ejecución de la suerte suprema en forma deletreada, que mandó el de Teófilo patas para arriba de inmediato, desatándose la locura en los tendidos y con gritos de “¡torero, torero!” le fueran concedidas las dos orejas sin objeción alguna. Puerta Grande para el maestro, arrastre lento al toro.

 

LA MAGIA

Morante recibió a su primer toro con tres verónica que parecieron inacabables por lo lentas que fueron. Verdaderamente eternas. La faena de muleta tuvo como prólogo desdenes y de trinchera mágicos en verdad, luego prosiguió con una serie por derecha más lenta, muy lenta. No tuvo la mejor calidad en la embestida el animal, sin embargo, el de la Puebla se quedó frente, en la línea, para extraer pases impensables y trazos artísticos de una clase superior. El toro no correspondió a la calidad de Morante, pero el sevillano con sus detalles apasionó al tendido. Los pinchazos fueron lo de menos, tras media estocada. Lo llamaron al tercio pero se reservó en salir.

Ante su segundo se enrredó de inmediato por chicuelinas excepcionalmente, para seguir con verónicas en cámara lenta. Bregó con mandiles toda filigrana para quitar roto ya en la faena. Salió al tercio el subalterno Gustavo Campos tras espectacular par de banderillas. Y se brindó al público, comprometiendo su faena a sabiendas que daría semejante regalo. De trincheras y desdenes se llevo su toro al centro del ruedo, a partir de ese momento la plaza ya estaba emborrachada del embrujo de Morante. Por izquierda y derecha se sublimó Morante, atendiendo el desanimo del toro, llevándolo, mostrándole el camino y aprovechando cuando éste se empleaba para correr la mano con una soltura y despreocupación impresionante. El toro no rompió jamás como para que el artista se diera a torear en largas series, siempre le estuvo insistiendo para que acudiera a la tela roja y de no ser por la basta experiencia del sevillano nada grande se hubiera suscitado.

Previo a la suerte suprema dejo molinetes y mas detalles de terciopelo. Luego dejó un soberbio estoconazo que hizo rodar al toro sin puntilla; los tendidos se blanquearon y el juez otorgó las dos orejas, como debe ser cuando el público exige por el convencimiento del torero. Arrastre lento al toro. Puerta Grande para Morante de la Puebla.

 

TOROS CONTRA ESTILO

José María Manzanares no tuvo socios que cooperaran para lucir su toreo artístico. La temperatura subió cuando su primer toro llegó al castigo con un salto a la altura de la montura y vaya rumbo que dio al picador que salió disparado; luego el piquero, ya repuesto, lo agarró en todo lo alto y senda ovación que se ganó. El toro fue completamente contra estilo, embistiendo con la cabeza suelta que no dejó acomodarse al hispano y poco pudo hacer, solo dejaó detalles plausibles.

Ante su segundo salió hecho un león, cuajando una serie de verónicas que impactaron al tendido por su tersura. No era un toro para recrearse ni para hacer una faena de ensueño por su embestida falta de calidad, pero Manzanares lo fue guiando para que diera de sí y pudiera extraer series aisladas pero de una clase y calidad. inigualable. Estocada hasta las cintas. Se despidió en los tercios con una sonora ovación en los tercios del ruedo.

 

AL TERCIO

Gerado Rivera, quien confirmó su alternativa con el toro Agua Clara, número 359, con 508 kilos, estuvo empeñoso en su lote, dispuesto y entregado, pero sin encontrar la dimensión que buscaba.

A portagayola se fue a recibir al de la confirmación, luego cuajó chicuelinas y quitó por saltilleras. Banderilleó certero, dueño de la situación y el tercer par fue al cambio. Tras la ceremonia se fue Gerardo a brindar al cónclave. Inició su faena de hinojos y puesto en pie se comenzó a emplearse por derecha con detalles como el desdén. Y vendría lo mejor en la segunda tanda ya hecho al toro, con una serie larga y muy bien rematada de pitón a rabo. Cambio al natural sin acoplarse, por lo que mejor decidió volver a la diestra y recrearse, rematando con un cambiado de mano que le resultó de pintura. No le perdonó la voltereta el animal, pero no se inmutó y sin mirarse el terno volvió a la carga para culminar su labor con adornos y bernardinas. Pinchazo en buen sitio y estocada. Al tercio.

Nuevamente se va fue a portagayola en su segundo toro y también se empleó en las banderillas con precisión y sobrado de sitio. Estuvo machacón ante un toro que no tuvo fondo, Gerardo tuvo detalles que no terminaron de captar la atención del público. Dos pinchazos y estocada.

 

A MEDIAS

Octava corrida de temporada, toros de Teofilo Gómez, destacando el cuarto de la tarde que mereció arrastre lento. Cumplieron en presencia y en juego, siendo pitados segundo y tercero. La entrada mejoró por mucho. Y tras el paseíllo el público llamó a los toreros al tercio para brindarles aplausos.

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