Morante y “El Juli” encumbraron la tarde taurina en La México

POR MIGUEL ÁNGEL GARCÍA

FOTOS: ALEJANDRO VILLA

El 5 de febrero de 1917 se promulgó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos por el Congreso de Constituyentes. En este marco tricolor se realizó la corrida del 71 Aniversario de la Plaza México. Y precisamente ayer se promulgó la primera Constitución de la Ciudad de México.

En el Centenario de la Carta Magna y el nacimiento de la nueva, la Fiesta Brava mexicana gritó al unísono de 30 mil almas que se congregaron en el Cosos más grande del mundo: ¡Si a los toros! ¡Respeto a la Tauromaquia! ¡Respeto a la libertad! Y en un acto por demás pacifico se defendió está tradición demostrando que en la Ciudad de México la Fiesta de los Toros está más viva que nunca. Así se ha demostrado en tan solo dos días en los que el gran escenario se vio pletórico y rebosante de público asiduo a esta festividad.

Cinco charros anunciaron el inicio del paseíllo para el festejo de Aniversario; el jinete de en medio portaba la bandera mexicana con orgullo. Los cinco centauros aguardaron en el tercio frente al juez el arranque del paseíllo. Los toreros aparecieron para iniciar el recorrido con las notas de “Cielo Andaluz”, Luis David Adame desmonterado porque hacía su presentación en este coso como matador; una vez en el centro del ruedo los toreros, las notas musicales cambiaron por el Himno Nacional, el cual fue entonado por los pulmones de la Señora de Insurgentes por vez primera. Vaya momento verdaderamente mexicano, como nunca el coso vibró de sentimientos y emociones que enchilaron la piel.

¡Viva México! ¡Viva la Fiesta Brava!

CUMBRES

Hermanados por la tauromaquia, dos toreros españoles encumbraron la tarde tan emblemática por dichos acontecimientos históricos políticos y taurinos. Morante de la Puebla y Julián López “El Juli” pusieron de cabeza el Embudo de Insurgentes. El primero, oriundo de La Puebla del Río hechizó al respetable con sus mágicos momentos entonados con su capa y muleta. El segundo, madrileño, desbordó en poder y absoluto mando, en recurso y maestría como solo las grandes figuras lo hacen. Y desbordó la locura de la Plaza México, colmando a la romería de torería y entrega desmedida por completo. Tarde cumbre en gran medida por Julián, quien reforzó con remaches de oro Morante.

QUIERE SER FIGURA

Confirmó finalmente su alternativa Luis David Adame, de Aguascalientes, con el toro Cantabro, número 323, con 476 kilos. Estuvo a la altura el hidrocálido.

Lanceó con variedad y expuso en las zapopinas que ya son un sello distintivo de la dinastía Adame. Tras el abrazo brindó a su hermano Joselito Adame. Inició su labor de muleta con una serie de péndulos escalofriantes, seguido de dos tandas en las que jaló en cada pase con temple y largueza divina. Al natural no fue la excepción, ya que también se gustó y recreó la pupila de los presentes. El astado dejó de embestir con la misma calidad con que había empezado, salió con la cabeza arriba. Pero Adame tenía con qué y bordó una serie de dosantinas muy comprometido, seguido de bernardinas ajustado a más no poder. Pinchazo hondo que no bastó y culminó de certero descabello. Labor de tremenda entrega y recursos, Luis David quiere ser figura. Fue reconocido en los tercios bajo sonoros aplausos.

Lamentablemente ante su segundo la historia fue dispar, pese a su entrega y deseo de triunfar, no contó con la bravura para mostrar su toreo, ya que lo pastueño sólo se entendió por los maestros. Los jóvenes necesitan bravura para dejar ver que están hechos para grande retos. Pasaportó de una estocada.

Finalmente utilizó el recurso del toro de regalo, que ya no entra en lo legal del sorteo. Fue de Fernando de la Mora, Encinillo, pero no pasó nada relevante. Confirmado: los toros de regalo regresaron al coso.

DETALLES HECHIZANTES

No ha sido la mejor faena de Morante, pero sí tuvo detalles que enamoraron. Lances de recibo a la verónica sobrios ante su primer toro, pero quitó por chicuelinas enredándose con esa magia que solo Morante sabe destilar. Al tercio el banderillero Gustavo Campos por su labor impecable. Con un brazo sobre las tablas comenzó el diestro con pases por alto, pintaba para ser un compendio del bien torear. Tanda por derecha luego por izquierda, bien estructurada, mejor con la diestra aunque ya con un toro contra estilo, pero que no fue impedimento para que nuevamente Morante toreara al natural. Dejó momentos de suma calidad por ambos pitones. Estocada hasta las cintas que bastó, los tendidos se tiñeron de blanco y el juez concedió una oreja. Y hubiera estado bien, sólo que la autoridad no aguantó la presión del público que pedía una segunda y al concederla, otro sector se la protestó. Y sin razón aplaudieron los despojos del toro.

Su primer astado tuvo debilidad en demasía y sólo rodó y rodó en la arena. Abrevió.

MONSTRUO

Julián López armó una verdadera escandalera en los dos toros de su lote. En su primer saludó en forma hasta los quites con los brazos muy abajo para pasarse el toro por chicuelinas sumamente encantadoras. Al tercio en banderilla Cristian Sánchez por sendo par de palitroques.

La faena de Julián fue de muchos riñones, mostrándose por encima de las condiciones del animal. Y con ese poder y mando que existe en su muleta hilvanó trazos tan largos como interminables, exigiendo la embestida del reservón astado que no tuvo más que entregarse ante el madrileño. Combinó los pases por derecha con molinetes, sin dejarse de arrimarse para encelar al socio con los muslos y seguir arrancando pases de un mérito respetable. Dosantinas de ida y vuelta, de pecho una y otra vez, y así repitió la dosis teniendo ya la plaza vuelta de cabeza. Y todavía tiró la espada para torear al natural combinando molinetes y pases de pecho hasta que se cansó. No fue el mejor toro, pero Julián le ahormó la cabeza extraordinariamente. Pinchazo en todo lo alto y tremendo bajonazo, debido a que el toro distrajo su acometida cuando López ejecutaba la suerte suprema. Seguro perdió, mínimo, dos orejas. Todo quedó en salida al tercio con fuerza.

A su segundo socio lo lanceó a la verónica con una lentitud eterna. Y quitó magistralmente con la suerte que creo Miguel Ángel Martínez “El Zapopan”, las zapopinas, que a su vez Julián bautizará años más tarde como “lopecinas”, que es como se le conocen en España. Una serie de péndulos fueron el prólogo de una faena al estilo del madrileño, con todas las connotaciones que una gran figura del toreo puede imprimir. Con mano abajo toreo faltándole brazo por la largueza que daba a cada muletazo por izquierda y derecha. Cambiados por la espalda, cambiados de mano, todo lo que compone una labor estaba siendo patentada.

El toro, sin esa bravura a rabiar, mejor dicho, con condición de pastueño, acudió una y todo el tiempo con nobleza y docilidad extrema a la muleta de Julián, quien dejó en la arena todo el muestrario que compone el toreo. Pinchó en todo lo alto, luego dejó una estocada fulminante. La petición fue mayoritaria y sin pensarlo el juez soltó de inmediato las dos orejas. Vuelta al toro, exagerada, y fue protestada duramente. Resulta que ahora se premia lo pastueño en vez de la bravura. Eso sí, los premios de Julián fueron aprobados por todo el cónclave. Dicha faena sin duda se apunta para la mejor de la temporada.

A DESTACAR

Los toros de Teofilo Gómez, bien presentados, fueron noblotes dejándose meter mano sin problema. La entrada fue repleta en el numerado de sol y sombra; general un poco más salpicado.

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