Garibay, el destacado en el fin de temporada de La México

POR MIGUEL ÁNGEL GARCÍA

FOTOS: ALEJANDRO VILLA

“¡Y qué feliz estoy y qué feliz estoy, por que me trajo mi vieja, cabrones!”

José marcos Velázquez, aficionado a los toros, recién fallecido.

El encierro de La Estancia, propiedad de Alejandro Martínez Vértiz, no funcionó. Lacandon, Come Tunas, Huizache, Tupinamba, Chocolate y Barranqueño derrocharon falta de casta, algunos más ásperos y faltos de calidad. Tremenda pared con la que los toreros se estrellaron, pues aunque la terna buscó sacar pases a los toros para lucir, todo fue imposible. Bien presentados, eso sí.

Ignacio Garibay fue al más destacado de la tarde gracias a que impuso un toreo serio, toda madurez, que obligó a su lote embestir un poco más, cosa que aprovechó sobradamente para lucir una pequeña parte de su calidad torera y desparramando un toreo señorial, de mando e imposición. Consiguió la única salida al tercio tras caer su segundo toro.

Tras el paseíllo se le entregó un reconocimiento al subalterno en el retiro, Beto Preciado, por sus más de 40 años de trayectoria, maestro de brega y con un ojo divino para saber llevar los toros en la lidia de las diferentes figuras del torero con las que anduvo puesto.

TORERO SEÑORIAL

Y saltó al ruedo el primer astado, ante el cual Ignacio Garibay se enganchó muy bien en los lances de recibo para cuajar una serie de verónicas sublimes, hermosas, meciendo los brazos con cadencia, para rematar de media y luego soltar la punta del capote concluyendo en una imagen soberbia ante los vuelos de la capa. Bregó con chicuelinas andantes y quitó nuevamente con verónicas.

En las primeras tandas de muleta el diestro se fue haciendo del astado, el cual dejó ver su falta de casta empleándose con dificultades para pasar por la muleta; echaba la cara arriba y más todavía por el pitón izquierdo. Ante esto, Ignacio le embistió al socio obligándole a tragar pases y en dos series demostró su mando, viéndose desde ahí muy por encima del animal que en realidad no tenía absolutamente cualidades para el lucimiento del toreo. Faena de cabeza, bien estructurada, no larga ni corta. Al punto. Nacho dejó una estocada que bastó, misma que malogró el puntillero al levantarlo y finalmente la historia acabó con un descabello certero. Aplausos a Garibay.

Nuevamente Ignacio se recreó con lances a la verónica ante su segundo toro, mostrando por qué es el mejor capotero; fueron tersas y cadenciosas. Y bregó al paso con la capa en la espalda al astado para ser castigado correctamente por César Morales. Y nuevamente le varió la suerte con la capa, al quitar por tafalleras que remató con un farol. En este toro salió al tercio el banderillero Ángel, por su estupenda ejecución.

Brindó su faena a la romería el moreno de Juriquilla para citar con un cambiado por la espalda, seguido con un pase por derecha y cambiado de mano para ejecutar una serie al natural que rompió de inmediato con el público. No fue el mejor toro, corto en recorrido y reservón, pero con un punto de calidad, suficiente, para que Nacho le arrancara series de gran manufactura. Recrudeció sus defectos el animal, pero Garibay intensificó sus recursos, dando todas las ventajas a su socio esperándolo para que diera de sí. Fue una labor de consentimiento y gracias a ello extrajo todavía pases largos y con temple. El animal se fue muy a menos y hecho lo que tenía que hacer el torero, éste cambió el estoque simulado por el de acero; mal al matar, sí, aunque su labor estuvo impecable y eso es el verdadero valor de su actuación. Descabelló y escuchó un aviso. Fue premiado con una salida al tercio, excelentemente bien ganada.

ESFUERZO A RAYAR

Arturo Macías salió con toda la actitud ante su primer oponente, aunque estuvo apurado con la capa, se inventó un par de chicuelinas ante la cara suelta del astado, que pegaba arreones a diestra y siniestra. Y quitó por chicuelinas más embraguetado y con el toro más ahormado del testuz. Doblones de inicio con la muleta, así es como Macias se hizo de su socio en el tercer tercio. En su labor el diestro no consiguió acoplarse, ya que el astado careció de calidad y todo cuanto pueda ayudar para que un torero formule una faena lucidora. De embestida totalmente descompuesta el toro no dio opciones a Arturo, quien intentó por ambos pitones para toda costa agradar, cosa que el público no le agradeció. Estocada de la cual salió rebotado el torero con un fuerte golpe. Aplausos al final.

En su segundo toro hasta los quites lució Macias, quien realizó gaoneras lentas, con torería. Brindó a los tendidos el hidrocálido, luego citó de largo a su socio para en los últimos instantes cambiarle el viaje y pasarlo por la espalda. El resto del trasteo tuvo como principal denominador la disposición de Macías que buscó en todo momento la cuadratura del toro, el cual careció de casta y por consiguiente de transmisión y celo para ir al engaño en casi toda la labor. Detalles a destacar de Arturo que se inventó pases de dónde no había nada que hacer. La gente no entiendo el esfuerzo del torero. Mal matando y dos avisos.

DESTELLOS

Y salió el tercer toro para Fermín Rivera, echando las manos por delante, lo cual complicó lancear al potosino. No hubo despliegue artístico por parte del torero, como es su sello y gusto al ejecutar su toreo, y esto se debió a la falta de calidad y transmisión del astado, que fue descastado y solo pegó derrotes a modo de defensa. Rivera no se desánimo e intentó torearlo, extrayendo pases de mucho mérito y buen corte por ambos lados. Solo destellos, pero de mucha valía. Dejó una estocada que no bastó y tuvo que utilizar el descabello sin salvarse del aviso.

Frente a su segundo y cierra plaza, cuajó chicuelinas de buen corte en los quites, no daba mayores posibilidades su socio. Y así fue ante la muleta. El oponente no tuvo nada toreable, totalmente descastado, descompuesto y ante eso por más que un torero busque lucir, es verdaderamente imposible. Queda la voluntad firme de Fermín, quien buscó pases en todo momento y mejor acortó la labor. Mal con la espada y concluyó con la Temporada usando el descabello previo aviso.

“¡Y QUÉ FELIZ ESTOY…!”

Un grito en la Plaza México puede ser gracioso, ofensivo o acertado. Espontaneidad pura que surgen de los pulmones de distintos aficionados; algunos son tradicionales ya y brotan durante el festejo, arrancando las risas en él momento más apropiado. Estos aficionados gritones nunca faltan a un festejo en el coso de insurgentes. “¡Y qué feliz estoy y qué feliz estoy, por que me trajo mi vieja, cabrones!” Fue un grito que se hizo costumbre todos los domingos en los tendidos de sol general. No se escuchará jamás, ya que su artífice, José Marcos Velázquez, aficionado a los toros, falleció recientemente. Descanse en paz.

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