La MLB buscará erradicar el racismo

Mexico, 2017-05-04 12:13:35 | EFE

La sorpresiva actitud de algunos aficionados de los Medias Rojas de Boston de protagonizar insultos racistas contra jugadores de los Orioles de Baltimore ha llevado al béisbol profesional de las Grandes Ligas a evaluar de nuevo todos los protocolos de seguridad que están establecidos en los 30 estadios de los equipos que compiten en las mayores.

El jardinero de los Orioles, Adam Jones, fue el blanco de los insultos racistas por parte de fanáticos en Boston esta semana e hizo la denuncia pública.

Su acción hizo posible que otros peloteros de raza negra aseveraron de que se trata de algo habitual cuando juegan en otras ciudades, que no son las de sus equipos.

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De momento, no ha quedado claro qué cambios se podrán aplicar, pero las autoridades de las Grandes Ligas han buscado información en cada uno de los equipos para conocer más acerca del comportamiento de sus aficionados.

“Hemos contactado a cada uno de los 30 equipos para evaluar las medidas que toman en cuanto a las advertencias en el estadio sobre la conducta de los aficionados”, señaló el portavoz de las Mayores, Pat Courtney. “También estamos evaluando los mensajes de texto que se envían y otros métodos de comunicación que se emplean en el caso de un incidente”.

Todos los equipos cuentan con un mecanismo que alerta sobre problemas a la seguridad, pero los protocolos varían en cada estadio.

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Las acciones concretas de los aficionados que Jones denunció fueron el haber escuchado varias veces epítetos racistas y que inclusive un espectador le tiro una bolsa de cacahuetes (maní) en la dirección en la que él se encontraba.

Los Medias Rojas se disculparon con Jones e informaron que solo uno de los 34 fanáticos expulsado del juego fue por proferir vulgaridades hacia un jugador, sin aclararse si Jones fue el blanco de los insultos.

La policía de Boston aclaró que el maní fue arrojado a un agente y la seguridad del Fenway Park, el campo de los Medias Rojas, sacó al aficionado antes que pudiera ser identificado por las autoridades.

El comisionado de las Grandes Ligas, Rob Manfred, rechazó de inmediato el deplorable comportamiento de los aficionados de los Medias Rojas y el incidente ocurrido en el Fenway Park y advirtió que el mal trato a los jugadores no será tolerado en ningún estadio.


Pero luego que Jones se pronunciara, varios jugadores en las mayores enfatizaron que lo que su colega vivió es algo que han sufrido en carne propia cuando están de gira, dependiendo del campo.

“Todo el mundo sabe cuáles son esas ciudades. Está mal. Hay personal de seguridad y demás gente que están ahí y se quedan como si nada”, comentó el jardinero de los Bravos de Atlanta, Matt Kemp. “En mi opinión es un locura”.

Kemp agregó que los insultos en algunos estadios se debate en la cada vez más pequeña fraternidad de jugadores negros.

De acuerdo al Instituto para la Diversidad y Ética en el Deporte, la cantidad de jugadores de raza negra nacidos en Estados Unidos y Canadá declinó de 62 en cada una de las últimas cuatro temporadas a tan solo 58, el 7,7 por ciento, en las plantillas iniciales de liga.

El piloto de los Nacionales de Washington, el veterano Dusty Baker, que fue jugador durante 19 temporadas, comentó que las quejas de Jones no le sorprenden, ya que él mismo ha sido objeto de insultos racistas en casi todas las ciudades en las que jugó.

“En las menores, en las mayores, de Los Ángeles a Nueva York, es más aparente en algunas ciudades que en otras”, comentó Baker.

 


Por su parte, el lanzador de los Yanquis de Nueva York, C.C. Sabathia, admitió que escuchó insultos racistas proferidos por fanáticos cuando lanzó con los Indios de Cleveland en Boston.

Pero que nunca ha tenido problemas con Nueva York, donde personal de seguridad acompaña a los jugadores al ir al bullpen y mantienen una presencia visible.

Un modelo a seguir sería el de algunas de las ligas de fútbol en Europa, donde los equipos cargan con la responsabilidad por los actos de sus fanáticos. Las autoridades del fútbol llevan décadas tratando de erradicar el racismo en los campos, pero sin mucho éxito.