La Macroplaza se quedó vestida y alborotada

Mexico, 2017-05-28 23:20:31 | Javier Juárez

POR JAVIER JUÁREZ

FOTOS: JESÚS TÉLLEZ

ENVIADOS ESPECIALES

MONTERREY.-  No, esta vez no. La Macroplaza no tuvo festejo. Cerca de cinco mil seguidores felinos se quedaron vestidos y alborotados tras la caída de Tigres frente al chiverío. El anhelado sexto título no llegó para ellos.

El lugar se pintó de amarillo desde la tarde. Chivas TV le cedió la señal al Gobierno de Nuevo León y todos corrieron a apartar su mejor lugar.

Las playeras amarillas pintaron el lugar tradicional para festejar campeonatos, familias enteras se acercaron al sitio para presenciar en cuatro pantallas gigantes el juego.

El intenso calor cedió en suelo regiomontano y eso provocó que más gente llegara al lugar. Los muñecos de André-Pierre Gignac se observaron por todos lados. El francés era la esperanza de los felinos para levantar otro título.

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Miles y miles de aficionados se instalaron en todos los rincones de la Macroplaza. Hace seis meses el mismo lugar festejó hasta altas horas de la madrugada el título que le ganaron a las Águilas.

En punto de las 18:00 horas el juego arrancó y la euforia comenzó. El nerviosismo se convirtió en tristeza tras el gol de Alan Pulido, su anterior ídolo los volvió a herir. Ya lo había hecho en el “Volcán”. Todo el lugar guardó silencio.

El descanso llegó y también la incertidumbre. Nadie despegó su mirada de las pantallas.

Al volver del vestidor la alegría se reactivó. Los moles de regiomontanos confiaban en la remontada.

El tiempo pasó y la tensión creció. En ese instante el “Gallito” Vázquez con colaboración de la zaga auriazul logro cantar. El segundo tanto rojiblanco transformó en una tumba el lugar.

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En plena recta final del juego Ismael Sosa acercó a los suyos y la esperanza volvió de forma inmediata. Ellos creían en la voltereta.

La polémica y peleas en el campo provocaron lamentos y enfados de los presentes. El tiempo ya era poco.

La tristeza terminó por invadir a los miles de incomparables. El árbitro pitó el final y Chivas se coronó campeón. De inmediato el lugar quedó vacío. Los únicos que festejaron fueron los “Chivahermanos” que se encontraban en el lugar.

ELLOS SÍ

Fueron pocos, alrededor de cien esparcidos por todos lados y un grupo de veinte personas agrupadas en el centro del lugar. Ellos sí celebraron a todo pulmón.  Su euforia provocó insultos de los seguidores amarillos.

Un grupo de policías los rodeó y los encaminó hasta cinco cuadras lejos de la Macroplaza. Los gritos para ellos siguieron pero no pasó nada. Ya lejos de todos los rivales el festejo siguió para ellos.