Bunbury y Calamaro en el Foro Sol, iluminan la noche

Mexico, 2014-10-19 10:14:43 | María Vega

CORTESÍA DE JESÚS TEPEPA / FOTOS CORTESÍA: OCESA

BRUMA de otoño con rocío de los vientos… dos entes se unen separadamente para contagiar de embrujo a las huestes… el duende… un abuelo de la nada… versos hechizantes en cánticos iguales aunque diferentes, mirar hacia los adentros… sonreír al paisaje de lo etéreo: Andrés Calamaro y Enrique Bunbury en el Foro Sol, anoche.
Aquellas vivencias del argentino transportadas a parajes sónicos convertidos en lienzos… rostros que caminan nostálgicos al saber que No se puede vivir del amor… pero en lo más recóndito del alma quizá cometa Crímenes perfectos.
Esas Cartas sin marcar cuando la suerte ya está echada… el destino juega a través de hilos invisibles… un viaje de la clandestinidad a un puerto desconocido Sin documentos cuando no se sabe quien se es.
El viajero continúa su travesía musical caminando por Aquellos besos… tal vez intrigado Sin saber qué decir porque no hay palabra mágica o luz en ese sendero… descienden los rayos de la oscuridad recordando a alguien diciendo Te quiero igual…
Se aleja aunque no es para siempre… está seguro de volver alguna vez aunque hayan pasado, pasen o pasarán Mil horas.
Luego de surcar las grandes aguas dejando atrás un pasado en su Zaragoza, España, el cantor del alma atormentada llega como un Maldito duende… evoca los amores coloreados de celeste con el velo de su eterna Lady Blue…
La buena ventura germina dentro de su ser al clamarse para sí Que tenga suertecita… navega por los cielos con El viento a favor… se rodea de tristeza, melancolía… un otoño lluvioso al parecer Infinito y un retorno que no lo es para seguir sintiéndose El extranjero…
El silencio envuelve esta noche… sin embargo un sonido estruendoso irrumpe esa quietud… es El jinete… aquél que por la lejana montaña va reflejando desesperación cuando canta… le surgen Un mar de dudas ¿sabré dónde estoy o para qué?…
Su letargo termina… en un instante eterno Despierta al sentir sus sueños Prisioneros de sí mismos en una vereda interminable, ese camino Infinito hacia un sitio desconocido… Más alto que nosotros sólo el cielo y ese lugar es casi siempre inalcanzable…
Todo ha terminado, dos seres igualmente distintos, diferentemente iguales se han dado la mano con la voz…