La Máquina por fin pita en casa a costa del Atlas

GOLES

CRÓNICA

POR MARCO POLO ZUÑIGA
FOTOS: RAMÓN ROMERO Y MOISÉS ROSAS

Abran paso. La Máquina aceleró su marcha y atropelló al Atlas para conseguir su primer triunfo como local en el Apertura 2017. Cruz Azul ganó con autoridad, orgullo y buen futbol en el estadio Azul. Incluso brindó esa dosis de dramatismo que lo acompaña en la mayoría de sus partidos. Ángel Mena fue un dolor de cabeza en el primer tiempo. Édgar Méndez y Felipe Mora salieron finos para sellar la victoria. El cuadro celeste simbolizó, con el 2-1 final sobre los tapatíos, bonanza y salud futbolística. Su afición se rindió y disfrutó una victoria que sabe a gloria. Atlas simplemente no existió en la grama azul.

EL JUEGO

Sol radiante, posado sobre el inmueble Azul; temperatura ardiente en las tribunas y el terreno de juego. Como si los rayos solares hubieran cargado de energía a los jugadores celestes, el balón tuvo un solo dueño: Cruz Azul, que gozó de amplitud, marcó los ritmos y sometió a los tapatíos con la cadencia de Rafael Baca, amparado por la fuerza de Gabriel Peñalba y Francisco Silva.
La Máquina dominó a placer, paseó el esférico por todos los sectores del rectángulo verde. Los rojinegros se mostraron impotentes, fueron exhibidos por la determinación de los locales. Ángel Mena explotó su banda derecha junto a su lateral Omar Mendoza e hicieron daño al amanecer del encuentro; el atacante ecuatoriano ingresó al área, realizó dos recortes y sacó potente disparo que rechazó Miguel Fraga. La de gajos viajó hacia la dirección de Édgar Méndez, quien estuvo atento y con la testa venció la meta atlista.
Atlas estaba dormido. No tuvo reacción después de la sacudida que permitió en el arranque. Minutos más tarde, Matías Alustiza remató a puesta, gracias a su picardía, pero alejado de las acciones, más aún de sus mediocampistas, quienes se preocuparon más por contener los embates azules que por la creación de futbol ofensivo. Tibia la respuesta tapatía. La Máquina esperó en propio terreno, pero la visita nunca se dispuso a tomar los hilos del encuentro. Exageró en su apatía y le costó muy caro. El trámite del cotejo regresó a la tierra rojinegra. Felipe Mora recibió un trazo con mucha velocidad y tuvo que puntear con una barrida para que balón penetrara por las piernas de Miguel Fraga. El segundo tanto provocó el estallido de la afición capitalina. Todo era miel sobre hojuelas y un prometedor arranque.
Pasaron unos instantes y por si fuera poco, José Guadalupe Cruz recibía otra mala noticia. Disputa intensa por la pugna de la redonda, Martín Caraglio chocó con Jesús Corona y cayó noqueado al césped celeste. El argentino recibió la atención médica y salió en ambulancia del inmueble. Su lugar lo ocupó el ecuatoriano Fidel Martínez. Cuando todo era controlado por Cruz Azul llegó la torpeza. Omar Mendoza perdió la cabeza en dos jugadas y salió expulsado por doble amonestación. Paco Jémez sacrificó a su mejor hombre: Ángel Mena. Jordan Silva se acomodó en la defensa para aguantar la recta final del primer tiempo. No habían pasado ni cinco minutos cuando Janie Barreiro, zaguero rojinegro, también se hizo acreedor a una tarjeta roja en una jugada polémica. Las acciones se fueron al descanso con la ventaja de 2-0 para los cementeros, después de un primer periodo no apto para cardiacos.
Cielo nublado y lluvia para la parte complementaria. El clima en la Ciudad de México se modificó en menos de 15 minutos. Cada escuadra salió al segundo tiempo con 10 elementos, además de un chubasco que impidió el trato pulcro del balón en medio terreno. La ovación era impresionante para los celestes. El respetable aplaudió cada intervención de su guardameta, también se rindió al “Chaco” y pidió su ingreso.
Los Rojinegros fueron más valientes cuando el partido se hizo adulto. Se apoderaron del cuero en aras de conseguir el tanto del descuento, mientras que La Máquina bajó sus revoluciones y apostó al contragolpe. En una de esas jugadas inesperadas, que dejan con la boca abierta, Matías Alustiza se animó y con tremendo disparo puso el primero para la visita. Balde de agua fría para los capitalinos.
Aunque esa anotación llegó demasiado tarde para los atlistas. Cruz Azul se plantó con oficio en las postrimerías y mantuvo con solidez defensiva el marcador a su favor. Se dio el lujo en la agonía de poner de pie a los aficionados con jugadas cargadas de adrenalina. El bipolar clima no mermó a los celestes. “¡Ole, Ole!”, cantaron los azules con el paseo triunfador del Cruz Azul. Los de Jémez amarraron el éxito y ahora acumulan más de cuatro meses sin conocer la derrota. Esa última estirada de Jesús Corona para quedarse con el balón puso la piel china con el júbilo de la localía. Cruz Azul cuidó el éxito como pocas veces en su historia moderna. Acabó el partido y Paco Jémez levantó la mirada hacia el firmamento, pintado de azul.

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