Las reglas y los reglazos

Mexico, 2017-11-24 11:37:37 | Redacción ESTO

Foto: Jesús Tellez

POR: Eduardo Brizio

ISAAC ROJAS LO HIZO BIEN

Bastante bueno resultó el trabajo de Jorge Isaac Rojas. Bien en las jugadas importantes, la expulsión de Andrés Mateus Uribe, al min 30 por plancha al “Catita” irrefutable, se le aplaude que no se haya ido a la fácil sacando la segunda amarilla (ya estaba amonestado).

Bien al señalar la pena máxima al min 36 a favor del América, toda vez que el mismo “Catita” sujetaba a Pablo Aguilar, excelente el auxilio de su liniero Cristian Espinosa, ya que esta acción, ocurrió fuera del campo visual del silbante. de cualquier forma, lo falló Oribe.

El primer tiempo fue muy conflictiva, para la parte complementaria manejó bien las tarjetas. Correcto al botar a Edson Álvarez al min 90 por segunda preventiva sobre Cauteruccio, no era oportunidad manifiesta de gol. No influyó en la conducción ni en el resultado del partido, enhorabuena.

HERMOSA ANECDOTA 

La gran rivalidad entre América y Cruz Azul inició allá por la década de los setentas, en la final del Torneo 71-72, en donde la máquina celeste humilló a los de Coapa al son de cuatro goles por uno, con una gran actuación del habilidoso Fernando Bustos, extremo derecho cementero, quien hizo cera y pabilo de la defensiva rival.

Bien presente tengo yo ese partido; toda vez que, mi hermano Arturo y un servidor, siendo unos niños, nos encontrábamos en las tribunas como testigos presenciales de “El juego del hombre”.

Sí, tienen ustedes razón, estimados lectores del Diario de los Deportistas, el cancerbero del Cruz Azul era el inolvidable Miguel “el Superman” Marín. En el América jugaban, Enrique Borja (autor del único tanto de los de Coapa en aquella final), “el maestro” Carlos Reynoso y una pléyade de estrellas. El Míster José Antonio Roca era el timonel de las águilas y Raúl el “güero” Cárdenas quien dirigía a los de La Noria.

Resulta que el árbitro central del partido fue nuestro querido y admirado amigo, el peruano Arturo Yamasaky y como Asistentes de Línea, llevaba a mi teniente coronel Mario Rubio y a mi papá, don Arturo Brizio Ponce de León. Hubo un gol de los llamados de “campana” tras un disparo de fuera del área de Cesáreo Victorino, que no fue concedido. Esa jugada, tocó del lado de Mario Rubio ¡Otra suerte!

Intentamos conseguir, por todos los medios, boletos para el partido; pero fue imposible, de modo que urdimos un “Plan Brizianopara ingresar al Estadio. Por aquel entonces el cuerpo arbitral podía meter su choche, por un túnel que llega a los vestidores y prácticamente a la cancha, hasta las entrañas del Coloso de Santa Úrsula, de modo que ¡nos metimos en la cajuela! Nuestro progenitor esperó a que “no hubiera moros en la costa” para que ágilmente saltáramos de nuestro improvisado caballo de Troya, para correr presurosos a un elevador que comunicaba con la zona de palcos y de ahí, conocíamos los vericuetos para llegar a la tribuna y bien acomodados, disfrutar del futbol tal y como más nos gusta ¡De a gratis!

Tiempo después, fue “la voz de la emoción”, Gerardo Peña Kegel, excelente relator de partidos de Televisa Deportes, quien bautizaría al América vs. Cruz Azul, como “El clásico joven”, sobre nombre que conserva hasta la fecha y se ha vuelto legendario.

(Muchos de los personajes que mencionamos en este espacio periodístico se nos adelantaron ya en el camino, vaya un cariñoso y espiritual abrazo de gol para todos ellos)

Quién iba a imaginar que en otra época aquellos chavales que se metieron de polizones al Estadio Azteca, contando con la complicidad de su padre, llegarían (ambos) a pararse en el centro de la cancha, ante más de cien mil espectadores, con la ocarina en la boca para dirigir en el mismo inmueble, también, una final del campeonato mexicano… Cómo han pasado los años… las vueltas que dio la vida.