Columna: Las reglas y los reglazos

EL GRADO DE DIFICULTAD DEL PARTIDO

POR EDUARDO BRIZIO

Salvo su mejor opinión, estimados lectores del Diario de los Deportistas, me parece que el noveno equipo de la Liguilla, el de los hombres de negro, ha cumplido en términos generales, en estos cuartos de final de la gran fiesta del futbol mexicano.

Así lo demuestra el hecho de que en los ocho partidos disputados solamente en dos hayan existido señalamientos muy puntuales de pifias arbitrales, mientras que los seis restantes fueron dirigidos con capacidad y, en algunos casos, rayando en la excelencia.

En un hecho inédito en el balompié nacional, la H. Comisión de Árbitros se vio obligada a que dos silbantes dirigieran tanto en la ida como en la vuelta, como fueron los casos de Jorge Antonio Pérez Durán y Jorge Isaac Rojas (la cosa quedó entre “Jorges”), quienes pitaron Toluca vs. Monarcas y Cruz Azul vs. América, respectivamente en los de ida; y en la vuelta,  Tigres vs. León y Monterrey vs. Atlas, todos arbitrados con solvencia.

¡Esa película ya la vi!, me refiero al hecho de que “el consorte de la liendre” se haya quejado en el primer encuentro (como siempre) de haber sido perjudicado por los nazarenos. En mi opinión la temprana expulsión de Mateus Uribe y la del minuto 90 a Edson Álvarez fueron más que justificadas. Del penal marcado a su favor y que fue fallado por Oribe Peralta no recuerdo haber escuchado queja alguna. Tan fue bueno el trabajo de Jorge Isaac Rojas, que repitió.

Los dos “prietitos en el arroz” corrieron a cargo de Luis Enrique Santander y de Oscar Macías Romo. El primero silbó el partido de ida disputado en el Estadio Jalisco entre Rojinegros y Rayados, mientras que el segundo lo hizo en el juego de vuelta Monarcas vs. Toluca.

A Santander se le acusa de no haber señalado sendos penales a favor de los rojinegros. En mi opinión, el primero, (supuestamente) cometido por el cancerbero rayado Hugo González, es inexistente; toda vez que se trata de una jugada futbolera con contacto de por medio. Y la mano de Molina (polémica) cuenta con elementos para ser sancionada como deliberada; sin embargo, el silbante no lo consideró así.

Por su parte, Oscar Macías Romo, en el Monarcas vs. Toluca, fue sometido a un escrutinio televisivo en donde se nota que el gol de la victoria para los purépechas está precedido de fuera de lugar; además, le achacan una serie de pecados que eran difíciles de juzgar en tiempo real y que fueron evidenciados por la pantalla chica.

Pero la suerte está echada. En un juego protagonizado por el error, a los únicos que se les pide ser infalibles es a los árbitros. Casi nadie menciona sus aciertos; todos destacan sus errores. No es raro escuchar luego de ver mil repeticiones desde diversos ángulos: “era clarísima”. Del pertinaz vicio de que los derrotados los culpen de su infortunio, ya ni hablamos. Todo el mundo emite juicios sumarios, olvidando muchas veces un elemento indispensable para calificar en lo general el trabajo de un juez… el grado de dificultad del partido.

 

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