Castella apaga las velitas de La Monumental Plaza México

Extraordinario ambiente se vivió previo y durante la corrida, fiesta grande, invitados de lujo. Gente bonita llegada de todos lados del país, un solo objetivo: celebrar a la Señora de Insurgentes en su 72 Aniversario. La Plaza México rebosó de una grandiosa asistencia, casi lleno en el numerado y un tanto más en el general. Y como estaba previsto, el encierro de Jaral de Peñas complementó el festejo con el primer requisito: toros de muy buena presencia que han complacido al respetable. Sin embargo, el juego que presentaron no convenció por completo, no correspondió a lo esperado y el cumpleaños esperado prácticamente se fue en blanco.

El encargado de apagar las velitas del pastel fue el francés Sebastián Castella, quien se llevó el mejor toro del encierro, suficiente para que le armara una faena de corte artístico y cortara una oreja con petición de las dos; al final fue el único en tocar pelo.

Jerónimo pechó con el lote rajado, sin embargo, tuvo una destacadísima tarde, muy torera, que el público le reconoció y lo sacó al tercio en su primer toro.

Joselito Adame estuvo por altibajos al no contar con materia suficiente para lucir y es verdad que el público no está de contentillo con él y no le perdonan absolutamente ningún error; aunque sus astados fueron los culpables, la romería le cargó toda la responsabilidad al hidrocálido.

Por su parte, el peruano Andrés Roca Rey tampoco pudo lucir deribado del poco juego de sus astados; dejó detalles ante su primero, yendo a menos en su segundo.

 

TOROS

De Jaral de Peñas, propiedad de Juan Pedro Barroso. Bien presentados, si objeción alguna, en el siguiente orden. Maple, rajado, violento en embestida, pitos en arrastre. Luminoso, rajado para el caballo, extraordinario para la muleta, calidad y bravura, aplausos en arrastre. Agua Roja, aplaudido de salida, soso, poco recorrido, pitos en arrastre. Lírico, desclasado, Ciruelo, rajado, embestida descompuesta, abucheos en el arrastre. Emisario se despitorrró. Guindoso, primer reserva, descastado, pitado en arrastre. Bohemio, de escaso recorrido, sin clase. Poeta, malo, sin opciones.

 

TORERO CABAL

Jerónimo le puso garbo en los lances de recibo ante su primer socio, hermosos, gustándose como solo él sabe hacerlo. Incierto un tanto de salida el jaraleño y tras la pelea que dio en el peto del picador y el torero tercio de banderillas que protagonizaron los subalternos, el toro llegó al tercio de muleta rajado. Jerónimo lo atacó de todas formas habidas, yendo por el astado una y otra vez hasta acorralarlo pegado a tablas y obligarle con poder para extraerle pases de gran mérito por derecha. El toro se violentó, tirando gañafonazos como queriendo descabezar al torero, no obstante, el diestro terminó imponiendo su jerarquía patentando una lidia poderosa. Digna actuación, como la estocada que se fue hasta la empuñadura; salida al tercio para Jerónimo, bien merecida. Pitos al toro.

El segundo de su lote no pintaba mucho desde que le presentó el capote y para el tercio de muleta la cosa no mejoró. Pechó el torero con un toro huidizo, que a veces le embestía con la cabeza descompuesta y al que había que sujetarlo con cuerdas para que no rehuyera a la invitación de Jerónimo. Por todo el ruedo anduvo el torero detrás del oponente y aún así le extrajo muletazos e incluso una serie por burladero de matadores. Todo cuanto pudo hizo Jerónimo, hasta que de plano el astado se quedó parado frente a la puerta de toriles. Esta ves la suerte en el sorteo no estuvo con el matador.

 

A LO FRANCÉS

El primer socio de Sebastián Castella no se empleó muy bien para pudoera luciera a la verónica, solo dejó detalles de su calidad. De refilón paso el toro del caballo, que se escupió del peto; en quites no lo dudó para echarse el capote a la espalda y plantarse en el centro del ruedo para protagonizar una serie estrujarte de saltilleras que hicieron vibrar al tendido. Y en la misma intensidad el tercio de banderillas, ganándose a cabalidad la salida al tercio el subalterno.

El toro llegó en su mejor punto al tercer tercio, fijo, claro, con recorrido, todo un compendio de bravura y calidad para que Castella se diera vuelo mostrando un toreo de inmensa clase y calidad, dándose a torear con el alma por derecha y al natural. La obra de Sebastián no decayó en artística, pese a que su socio iba cada vez a menos, aunque nunca rajado. Sorprendentemente el toro todavía se dio a embestir como si fuera de cuerda, logrando que Castella extrajera pases en redondo casi interminables, mismos que hicieron rugir al gran coso. Remató su faena con bernardinas para irse sobre el morrillo del toro y sepultar la espada; el público al que brindó su faena pidió las dos orejas, el juez concedió una, de gran peso por supuesto. Aplausos al toro.

Se segundo se despitorró en el peto, fue sustituido por el primer reserva de la misma dehesa. Luego del sensacional tercio de banderilla en donde se desmonteró…., el galo fue creando una labor de menos a más debido a que su toro no tenía la alegría necesaria para trasmitir al público y tampoco un recorrido que diera la dimensión que gusta ofrecer el francés. Fiel a su concepto, Castella siempre se mantuvo en su línea sobria, no es un torero que se vaya por el camino de la pelea; dibujó detalles cómo la dosantina o algunos pases por derecha. Dos pinchazos y estocada fueron el remate. Pitos al toro.

 

AMOR Y DESPRECIO

Joselito Adame poco consiguió en los lances de recibo, no hubo forma de que se acomodara; no así en los quites que cuajó por chicuelinas. Abrió su faena de muleta con estatuarios y dos tandas por derecha en las que poca conexión hubo con él público. Para la cuarta tanda, que estructuró al natural, las protestas de la romería ya se dejaron escuchar más; lo cierto es que el toro era soso, de poca transmisión y muy corto recorrido. Adame estuvo empeñoso, tratando de agradar, pero el socio no le ofreció mucha tela y la afición realmente está de mírame y no me toques con el hidrocálido. Lo despachó de estocada.

Bien a la verónica ante su segundo toro y tremendo tumbó que provocó el atado al piquero; quitó por gaoneras, rematando con la saltilleras de buen concepto. Los dos subalternos al tercio luego de ejecutar excelentemente los pares. Increíble inicio de faena, totalmente vertical realizó cambiados por la espalda que remató de soberbio desdén. Para las primeras tandas el astado comenzó a evidenciar debilidad, incluso perdió las manitas, no obstante, Adame le comenzó a torear a media cintura y darle respiro. No daba para ligar tandas largas el socio, por lo que Joselito se adaptó a las carencias del astado recetándole pases de todas marcas, mostrando su abanico de variado toreo. Despachó de estocada recibiendo, que no fue suficiente y finiquitó de certero descabellos. División de opiniones en el tercio.

 

NO SE LE DA

Roca Rey saludó al tendido con tersas verónicas, lentas, con las que se hizo de inmediato del público. Brindó al cónclave, muy bien recibido el gesto. Inició su labor muletero con lo que ya es su sello, cambiados por la espalda, clavado como poste. Vaya la manera de ajustarse el peruano, que se pasa al toro embarrado en la faja, siempre bien plantando. Se dio a torear por ambos lados, un tanto apresurado, pero sin perder los papeles. El público quería el toreo largo y en redondo, como gusta en esta plaza, no obstante, el socio de Roca fue desclasado, suelto incluso, soso, que no ofreció lo necesario para que Andrés dejase ver su calidad artística. No alargó mucho el trasteo, considerando que nada llegaría a buen puerto. Estocada hasta las cintas. Se retiró entre aplausos.

Repitió la dosis con la capa el peruano ante su segundo toro, apuntaladas perfectamente con el desempeño del picador que se llevó una carretada de aplausos; complementó Roca con quites por gaoneras. Ante la muleta el adversario echó la cara arriba, desluciendo toda propuesta del peruano, quien terminó estrellándose ante la escasa colaboración de su socio que careció de todo lo que se requiere para que un torero pueda lucir. Antes de que el torero se tirara a matar la gente ya comenzaba a abandonar el coso, lo cual nos parece una falta total de respeto hacia el torero y que atenta contra su integridad, ya que el toro al ver movimiento en los tendidos se distrae, volviéndose más incierto. Mal con la espada. Una vez más, a Roca no se le dio la México, pero quedó claro que el público le está esperando.

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