En el cierre de la Feria Potosina, excelsas dinastías y toros

La plaza El Paseo-Fermín Rivera se llenó en el cerrojazo de la feria en respuesta al cartel de Dinastías. La gente olió que debía estar presente en una corrida inolvidable de toros, donde lidió un muy bien presentado y sobresaliente encierro de Begoña. Destacaron cuatro toros; el abre plaza, bravo y emotivo, y el quinto de gran clase, con arrastre lento a los dos. El sexto y el de regalo de gran clase. Los demás se dejaron torear.

Fermín Rivera enfrentó a un toro bravo al que toreó muy bien, con aire de maestro, pero la espada no hizo efectos y perdió las orejas. Su segundo se lastimó al enterrar los pitones en la arena y se hizo mucho daño. Acicateado por el triunfo de sus alternantes, regaló un toro de la misma procedencia, al que le hizo un faenón de locura. Pases de todas marcas. Se sintió y se gustó. Entre gritos de torero, ejecutó una estocada hasta las cintas para cortar dos orejas.

Diego Silveti tuvo una actuación de grandes dimensiones, entendiendo y capitalizando las condiciones de un lote que le exigió en su primero y de gran clase en su segundo. Cortó la oreja en su primera actuación a un toro que transmitía, con el que tuvo que ponerse muy cerca para ligar tandas muy buenas con la mano derecha. Mató de gran espadazo.

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En su segundo se sublimó, ante un toro que fue de menos a más. Con tandas en los medios, encajó la figura en el ruedo y empujó los muletazos. Fue tal la compenetración toro y torero que la gente llegó a pedir el indulto, pero, Diego lo siguió toreando cada vez más despacio y con más entrega. Destacaron las bernadinas escalofriantes. Tres veces intentó entrar a matar, mientras el público seguía pidiendo el indulto que el juez no concedió. Finalmente, el torero se tiró a matar y al segundo intento dejó un estocadón. Perdió el rabo y recibió sólo dos orejas que paseó en una clamorosa vuelta al ruedo en compañía del ganadero Juan Pablo Bailleres.

Fermín Espinosa “Armillita IV; salió a por todas e hizo mucho para sacar la casta y triunfar. Con su primero, que no tuvo malas ideas, pero tenía poca transmisión, ligó tandas por ambas manos haciéndolo todo él. Tras estocada cortó una oreja. Con el cierra plaza, que también tuvo nobleza, Fermín capitalizó una faena completa con pases de mucha lentitud. Y, la gente se le entregó. Se tiró a matar y dejó media espada en todo lo alto, que hizo rodar sin puntilla al toro. Dos orejas fueron el digno premio a su labor.

La reseña fue: Plaza “El Paseo”. Lleno. Toros de Begoña, bien presentados y de buen juego. El primero y el quinto recibieron arrastre lento. Fermín Rivera, ovación tras aviso, palmas y dos orejas en el de regalo: Diego Silveti, oreja y dos orejas; y Fermín Espinosa “Armillita IV”, oreja y oreja. / FOTOS: MARTÍN BÁEZ

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El toro Sultán cuyo gran juego le permitió ganarse el honor del indulto para que posteriormente se convierta en semental.

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