Jacas de acero, seductores recuerdos

POR GRACIÁN DE HERRERA

NO hay nada más seductor que observar a una mujer durante los paseos dominicales en bicicleta. Me recuerda las historias de escritores famosos que hacen de un acto recreativo algo inolvidable: ¡Lo es en realidad! Quizá por eso disfruto observar el andar rítmico que despierta el abandono de sí misma por las rutas -según creo- seleccionadas al azar, mientras el viento recorre su cuerpo y despierta en su mente el fruto prohibido reflejado con una sonrisa apenas perceptible a la distancia.

Foto: Cortesía

Solía pasear en bicicleta, llevar mi cámara fotográfica y captar situaciones inesperadas. Era algo divertido llegar a parques o ciclovías, donde el mundo se olvida de los problemas cotidianos y sentarme en una banca de hierro forjado para contemplar todo cuanto sucedía a mi alrededor. Era parte del ritual de las tardes veraniegas acompañado de algún refrigerio y mi termo de café.

Foto: Cortesía

La magia de la fotografía va más allá del momento, de la situación o del entorno, de quién ve a través de la lente y la realidad que desea plasmar. No siempre lo que uno percibe será el resultado esperado. Los detalles inadvertidos emergen en ocasiones durante el revelado dentro del cuarto oscuro. El azar tenía su cuota plástica, el gusto por lo vívido: Los contrastes de luz y sombra, el objeto plasmado bajo otra mirada y el movimiento de la misma acción transcurría apenas sin darme cuenta.

Foto: Cortesía

El recuerdo de un episodio de mi adolescencia, con el gozo personal de fotografiar ciclistas que disfrutan de la vida a través de la naturaleza es algo que no se olvida en el telón de la fantasía, entre jacas de acero, princesas abandonadas a sus deseos.

La brasileña Thalita, lista para el Moto Fashion

Gisela Pineda, modelo de mujer

Theresa Goddard, una niña buena

La venezolana Aimé, "Miss perfección"

NOTICIAS
<