Felipe Muñoz, la noche que se bañó en oro

POR RUBÉN RODRÍGUEZ OSORIO

FOTOS: ARCHIVO ESTO

OSWALDO FIGUEROA

La noche del 21 de octubre de 1968, Felipe Muñoz Kapamas tenía una cita con la historia, y llegó justo en el momento para escribir una de las páginas más brillantes del deporte mexicano. Apenas tenía 17 años, pero hizo retumbar desde sus cimientos a la Alberca Olímpica Francisco Márquez; ganó para el país la primera medalla de oro de los Juegos Olímpicos de México 1968.

Fue en la prueba de 200 metros pecho, nada menos que a quien en ese entonces era el campeón del mundo, el ruso Vladimir Kosinski; fue una noche mágica, en la que el popular “Tibio” puso muy en alto el nombre de México en la órbita internacional.

Con motivo del 50 aniversario de los Juegos Olímpicos que se llevaron a cabo en nuestro país, el Diario de los Deportistas llevó a Felipe Muñoz, ahí, al escenario de su gran triunfo para que nos platicara sus inicios en la natación, su andar para llegar a la selección nacional de la especialidad, cómo vivió su triunfo, y su sentir de ser el único mexicano en ostentar una medalla de oro en la natación, porque después de medio siglo, simple y sencillamente no se ha vuelto a conseguir hazaña similar: ¡NADIE MÁS!

LOS INICIOS

La historia que vivió Felipe Muñoz en su niñez fue incierta, llena de altas y bajas en el seno familiar, de sucesos de toda índole, pero con entereza supo solventarlos y salir adelante; hijo de padres divorciados, siendo el mayor de cuatro hermanos, tuvo “la suerte de que mis papás me inscribieran en un centro deportivo en la colonia Roma llamado Vanguardias, cuando tenía apenas siete años. En esa época mis papás empezaron a tener problemas, y eventualmente se divorciaron. Fue una etapa difícil, ya nadaba y ahí era donde podía llorar, me sentía impotente para resolver los problemas que había, y nadar me servía de terapia”, dijo el famoso “Tibio” Muñoz.

Para 1962 empezó a entrenar en la Unidad Independencia bajo el mando del profesor Arturo Rivera, donde encontró un equipo más integrado, que tenía más actividad.

“Competíamos contra otros clubes, ahí ya había mejores nadadores, una alberca de 30 metros que me sirvió de mucho ya que yo nadaba en una de 18. Por diferentes razones me fui a la Unidad Morelos, del Seguro Social, ahí fue también un cambio importante de mi vida deportiva, a una alberca de 50 metros, que a mí se me hacía enorme, donde había nadadores de calidad, campeones nacionales, de primer nivel; y el nivel de entrenamiento era de nadar hasta cuatro mil metros, así fueron mis inicios”, relató el medallista olímpico.

LLEGA A LA SELECCIÓN

El Comité Olímpico Internacional le otorga la sede de los Juegos a México en 1963, lo que resultó un acontecimiento importante para el país, toda la gente se entusiasmo con es nominación, los deportistas tenían en mente competir por el país y lograr una medalla.

Para Felipe fue una odisea llegar a ser seleccionado nacional en natación, pero su entereza lo sacó adelante y logró, con mucho esfuerzo cumplir su primera meta.

“Ya tenía la semillita que habían plantado mis papás de hacer algún deporte y mi ilusión era representar a México, pero cuando sale la oportunidad de hacerlo y aquí, en mi país me brincó más la motivación. La primera instalación olímpica fue el Centro Deportivo Olímpico Mexicano (CDOM), se terminó a finales de 1964 y se lanza la convocatoria para integrar las selecciones nacionales de todos los deportes para ir al CDOM, a donde llegamos más de cien deportistas en mi especialidad a que nos vieran. Yo ya tenía alguna experiencia en competencias nacionales, pero ninguna a nivel internacional, nunca había salido fuera de la República. De esos cien que llegamos nos quedamos 50, cuando eso sucede llega el primer entrenador internacional que contrata el Comité Olímpico Mexicano y la federación, una de las personas más prestigiadas como entrenador, un húngaro que se llamaba Abella Reiki, uno de los mejores del mundo en esos momentos. Nos observa a todos y hace una separación de deportistas, separa a 15 por un lado y a 35 por otro y dice: ‘sólo voy a entrenar a estos 15; y yo no estaba entre ellos”.

El coach empieza a trabajar más en serio con ellos, estaba Guillermo Echeverría, Juan Alanís, Gabriel Altamirano, Rafael Hernández, todos campeones nacionales.

“Yo sólo había ganado algunas medallistas, pero no era el mejor de México en mi estilo. Nos dejaba solos con los entrenadores asistentes y nos decían: ‘ustedes entrenen suave’, pero quería entrenar fuerte, los veía y quería estar a la par de ellos, no estaba de acuerdo, yo quería competir. Abella se lleva a esos nadadores un campamento a Hungría por varios meses y nos deja solos aquí, es cuando la federación se preocupa y Javier Ostos Mora decide traer a otro entrenador para nosotros y platica con quien preparaba a la selección de Indiana, James ‘Doc’ Counsilman, considerado el mejor entrenador del mundo, él no pudo venir pero recomienda ampliamente a su asistente, el joven Ronald Johnson”.

LLEGA RONALD JOHNSON

Con pocas credenciales como entrenador, Ronald acepta venir a México para hacerse cargo de los nadadores que no tenían mucha actividad, directamente a vivir al CDOM, él fue la clave para que Muñoz Kapamas obtuviera el éxito que logró.

“La primera plática que tuvimos me quedó grabada, simplemente nos dijo: ‘voy a hacer de ustedes los mejores nadadores de México, que tenga oportunidad de competir dignamente en los Juegos Olímpicos y pelear las medallas’. La primera condición que nos puso es que siempre llegáramos a los entrenamientos a tiempo; si era a las 16:00 horas ya teníamos que estar en la alberca, no llegar a esa hora a la alberca, disciplina y entrega completa.

“Esa primera plática significó mucho para mí, sabía que había llegado una persona que nos va a llevar por el camino correcto. Nos puso unos ejercicios muy fuertes, pero sabía que eso nos iba a servir, estábamos muy motivados, integró muy bien el equipo, depositó su confianza en nosotros y nosotros en él, eso fue muy significativo”.

REGRESAN LOS “EUROPEOS”

Al paso de los días y bajo intensas sesiones, los seleccionados que entrenaban en el CDOM vieron la llegada de los nadadores que habían ido a Europa, pero se encontraron con la sorpresa de que quienes se habían quedado estaban mucho mejor preparados que ellos, y empezó la disputa por ser seleccionado para los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá.

“Un año antes de los Juegos Olímpicos, en 1967, empezó el clasificatorio para Winnipeg y les ganamos a todos, menos a Memo Echeverría, pero todos perdieron. Ahí empecé a ser campeón nacional. Competía en varias pruebas, pero siempre me ganaban, lo mío era el pecho, y el 200, no era veloz en esa prueba. Johnson siempre me decía: ‘tú eres muy fuerte, pero no eres veloz, tu característica va a ser esa, la fuerza’. Así fue como empezamos a entrenar con miras al selectivo definitivo”, comentó el “Tibio”.

EL LLAMADO A SELECCIÓN

Después de Winnipeg, en donde Felipe ganó a los grandes nadadores de aquella época, se hicieron las competencias para elegir a la selección nacional, y con la guía de Johnson fue cuestión de tiempo para que ganara su lugar en la historia del deporte mexicano.

“Fueron varias competencias para llegar a la selección olímpica, todos sabíamos en qué íbamos a competir, en mi prueba ya tenía algún camino recorrido, estaba casi seguro de lograr de llegar a la selección. Se hizo la selección, por medio de Johnson, y afortunadamente por ser México sede tenía oportunidad de participar con tres deportistas por prueba, lo que facilitó las cosas para que llegáramos a estar seleccionados”.

LA INAUGURACIÓN

“Toda la gente estaba maravillada al ver el estadio Olímpico Universitario, la ceremonia fue majestuosa, la organización, el estadio lleno, un desfile de las delegaciones muy ordenado, una mujer encendiendo el pebetero, fue algo que marcó diferencia a nivel mundial, les demostramos que teníamos la capacidad para hacer eventos de esa magnitud”, recordó el “Tibio”.

LLEGÓ LA HORA

Cuando el “Tibio” cruzo el umbral de la puerta que le daba acceso a la alberca Olímpica Francisco Márquez, no pensaba en otra cosa que triunfar y darle a toda una nación la satisfacción de tener un campeón olímpico “a pesar de que todo era alegría, gritos, porras y un ruido tremendo yo no escuchaba nada, estaba totalmente concentrado en lo que venía, que para mí era lo más importante, había cumplido mi primer objetivo, que era estar en una final olímpica”, dijo Felipe con una profunda nostalgia. Recordar esos momentos le llenaron los ojos de lágrimas, dejando salir a flor de piel la misma emoción que sintió hace 50 años.

“Habían pasado ya tres días de competencia y no caía la de oro, se había ganado la plata con Pedraza y la de Pilar Roldán, las dos de plata, habíamos estado muy cerca; Juan Máximo Martínez había logrado dos cuartos lugares. Los Juegos estaban saliendo de lo mejor, pero las medallas estaban cayendo a gotas, pero no la de oro”.

Llegó la oportunidad del “Tibio” un lunes 21 de octubre, cuando tenía que enfrentar uno de los cinco heats que constaba la eliminatoria, “me toca nadar el último heat, así que podía ver los tiempos que habían hecho los demás nadadores, pero mi entrenador me dijo ‘no te preocupes de nada, tú tienes que nadar con todo’. Me dijo que no me rasurara, que me iba a rasurar hasta que estuviera en la final. Me tocó esa eliminatoria en el carril dos. Hice mi mejor esfuerzo y tuve un tiempo de 2’30’’ y algo, no recuerdo, y pasé en primer lugar a finales”.

Todo quedó listo para que el martes 22 de octubre de 1968, Felipe Muñoz llegara puntual a su cita con la historia, el día en que se jugaba el todo por el todo, cuando todo su esfuerzo, años de entrenamiento y sacrificios tendrían su colofón, y estaba en sus manos que ese final fuera algo excepcional, convertirlo en el mejor día de su vida deportiva

“Llega la gran final y el coach me dice que no viniera a ver las eliminatorias, mi competencia era a las 7:55, la última competencia del día. Me dice que había pedido permiso para aflojar en el Centro Libanés porque el agua de la alberca Francisco Márquez estaba muy fría, ahí aflojé solo, tranquilo, sin presiones de nada. Llegué a la alberca y me tuvieron en la oficina de la Oficialía Mayor, una oficina que rige las competencias, y conforme pasó el tiempo pues la presión iba en aumento, a la hora de la competencia estaba muy, muy nervioso. Sabía a lo que me enfrentaba, ¡una final olímpica¡ La alberca estaba llena, había conseguido dos boletos, uno para mi mamá y otro para mi papá, que ya estaban divorciados”.

A cada instante la emoción volvía a invadir a Muñoz Kapamas, como si volviera a vivir esos momentos de gloria, su mente quedaba atrapada recordando esa noche mágica.

“Conocía a la mayoría de los competidores, a los americanos ya les había ganado, o ellos me ganaban, pero al que nunca había visto era al campeón mundial Vladimir Kosinski, pero Johnson sí lo había estudiado y preparó una buena estrategia, que debes seguir al pie de la letra. Me decía que los otros siete competidores eran muy rápidos, mucho más que yo, pero tú eres más fuerte, la estrategia es que aguantes la velocidad para que en el cierre ellos sean lo que se truenen, tú ventaja va a ser al final de la competencia.

“Cuando anunciaron la prueba de 200 metros pecho, final, y me anuncian, la gente empezó a gritar ¡México, México! y eso hacía que me hirviera más la sangre, pero traté de calmarme. Johnson me había dicho que soy una persona que puedo desconectarme de todo, que tenía que hacerlo, y sí, lo logré. Me senté en el carril cuatro y veía la otra orilla de la alberca, que se me hacía muy lejos, los nervios aumentaron, me acomodé el traje de baño, tomé aire y me concentré en mi competencia, ya no veía ni oía nada; sólo vi al frente quería nada la prueba como me había dicho el coach.

“Estaba muy nervioso y pensé en lo que me había dicho Johnson; en el carril tres tenía al campeón del mundo, es muy rápido pero no dejes que se te vaya más de un cuerpo, siempre lo vas a ver al frente de ti, pero entre los 100 y 150 metros lo tienes que alcanzar, tienes que tocar los 150 muy cerca del primer lugar, y toqué en tercer lugar, en ese momento decidí hacer todo mi esfuerzo y lo alcancé faltando poco más de 20 metros para el final, ya no lo veía, pero tampoco veía al americano, no sabía que había pasado con él, así que tenía que dar aún más de mí. Sabía que pasaba algo bueno porque eran tantos los gritos que al fin los escuchaba, y me dije ‘voy bien’, aunque no sabía en qué lugar, hasta que toqué el final, lo primero que hice fue voltear a la pizarra y ver mi nombre con el número uno, fue algo increíble y que hasta la fecha no encuentro palabras para describirlo, estaba muy cansado, pero feliz”.

La estrategia de Ronald Jonson fue la clave para que Felipe se alzara como campeón olímpico, esa estrategia es como un cuento en el que “me decía que yo era el cazador, que pensar en que ellos eran mis presas, porque las liebres son muy rápidas, pero el lobo es más fuerte y al final se las comen, así fue como llevé a cabo esa noche las indicaciones de mi entrenador, lo que me permitió ser un campeón olímpico”, culminó Felipe Muñoz Kapamas

PERFIL

Nombre: Felipe Muñoz Kapamas

Apodo: El “Tibio”

Fecha de nacimiento: 3 de febrero de 1951

Lugar: Ciudad de México

Estatura: 1.81 metros

Peso: 84 kilos

Medallas olímpicas: 1

DESDE NIÑO

A la edad de siete años fue cuando Felipe Muñoz empezó a entrenar en forma para practicar la natación, ahí empezó su historia.

LA CIFRA

3

Años consecutivos fue campeón nacional.

EL DATO

Un gran impulso que tuvo el “Tibio” para ganar la final olímpica fue que su padre bajó a la alberca para animarlo.

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Al llegar a la mitad del programa con la celebración de 15 eventos, continuó la cascada de plusmarcas en el atletismo

Día 7: El vuelo de Bob Beamon

La noticia del día fue la expulsión de los atletas Smith y Carlos produjo una división racial en los Juegos.

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Al llegar al quinto día de los Juegos Olímpicos de México 68 en el atletismo se habían batido siete marcas del mundo

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