Respetables novilleros, contra viento y tormenta

POR MIGUEL ÁNGEL GARCÍA

FOTOS: ALEJANDRO VILLA

La tarde pintaba de maravilla con una entrada admirable, pero llegó la lluvia y todo se descompuso. Y es que con agua y un ruedo hecho lodo, no se aprecian a pleno ni toreros ni ganado. Casi al terminar la faena del primer astado San Pedro abrió el grifo y ya no paró y aunque se regó serrín para mejorar las condiciones, la cosa no pintó igual. El respeto absoluto es para los novilleros que decidieron echar para adelante, corriendo el riesgo de algún percance, lo cual estuvo a punto de suceder en gran magnitud; cada cual ofreció lo mejor de sí para lograr un festejo digno de aplaudir, ya que el público reconoció su actitud. Bien por los toreros.

AL GRANO

Francisco Martínez tuvo una intervención discreta con la capa, eso sí, variada en quites -tafalleras y gaoneras- bien estructuradas. Y resultó un cañón en banderillas, al quiebro, cuarteado, toda la inventiva. Faena regular, dos series por derecha de menos a más, luego yo no se entendió con su oponente. Ante el segundo, pocas posibilidades, poco de todo consiguió, que fue áspero; no se salvó de la revolcada, pero dejó sensaciones positivas derivando de su entrega. Estocada que bastó.

Héctor Gutierrez, ya bajo la lluvia, apenas se acopló en los lances de recibo; mucho mejor en quietes. Faena como muchas que será recordada como pocas, más admirable su entrega bajo el torrencial, jamás se rajó y siempre buscó la acometida del animal que fue reservón y al final terminó refugiado en tablas. En definitiva, con lluvia, las cosas jamás son iguales.

Ante el segundo novillo, más allá de los lances y el trámite capotero, Héctor dejó ver con muleta en mano el sitio que atesora y su excelente calidad; se enredó muy bien por derecha, fajándose al novillo en tandas en las que alargó el brazo con temple. Repitió dosis una y otra vez, poniéndole decencia a la tarde y ese toque del buen torear. Despachó de certero espadazo para cortar una oreja de mucha valía.

Roberto Román, en su primera intervención y con el ruedo hecho un puerquero, protagonizó quites por gaoneras que encendieron a los presentes del tendido y los palcos, echando toda afición el chamaco y quedándose quieto sobre el lodazal. Su labor de muleta estuvo acompañada de peligro y a poco estuvo de que se diera la tragedia, ya que las condiciones de la arena eran imposibles. No obstante, Román se aferró y no dejó escapar ninguna oportunidad para poder gustar, pese a los tremendos arropes que se llevó incluido en la estocada. Hizo cuanto pudo, pero la tarde se había puesto peligrosa y complicada.

El segundo de su lote salió con la cara descompuesta, tirando arreones por todos lados; Román quiso torearlo con la diestra como mandado los canones, más que querer doblarse con su enemigo; llegó el percance y el novillo se lo echó a los lomos dándole a llenar en el aire y en la arena. Fue llevado a la enfermería y su astado lo pasaportó Martínez.

Se lidió ganado de Caparica: Adampolito, excelente lado derecho, poderoso por el izquierdo, fijo y codicioso. Bueno para el caballo. Don Simón, reservón que terminó rajado. Rubencito, se dejó.

Campanero, áspero. Soñador, de buena calidad y codicia. Toñito, con la cabeza descompuesta.

 

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