¡Ahí hay tres toreros!

Cuando se juntan toros bravos y toreros con garra, surgen tardes inolvidables. Lo de Barralva, tres de encaste Parladé, los dos primeros bravos, ovacionados en el arrastre; el tercero a menos. Y tres encaste Saltillo, el primero descastado; segundo, Maitecito, muy bueno y de arrastre lento; el tercero tuvo sus reservas. Muy bien presentados, dando una lidia buenísima en general y siendo el encierro un examen importante para los novilleros, quienes han estado en la línea de fuego dando la cara. Los tres han sido dignos triunfadores, pero ha sido Francisco Martínez el único en cortar oreja, legalmente fueron dos, pero el juez se montó en su macho -como si la fiesta estuviera rebosante de afición- y solamente otorgó una pese a la insistencia sobrada del público.

FIRMEZA

José María Hermosillo puso empeño con la capa, pero el novillo se le impuso en los quites y no se salvó de tremendo arropón. Con la muleta se hizo poderosamente de inmediato del socio, con doblones recios para luego darse a torear de largo y con suma firmeza. No se amedrentó al natural, pese a que por ese lado la cabeza del novillo estaba descompuesta. Concluyó por pitón derecho poco menos emocionante que al principio. Hubo novillo, per falto picante del torero para redondear su labor. Mal con la espada, un aviso, una pena. Aplausos al astado. Menos boyante su segundo novillo, pero no bajo la intensidad del torero, quien le puso empeño y entrega; se retiró en silencio.

CONTUNDENTE

Francisco Martínez no se quedó con las ganas de lucir con la capa y dejó detalles de mucha valía en quites. Y vaya tercio de banderillas ante un bravísimo ejemplar, se la jugó en serio. El inicio de faena con muleta fue impactante, con estatuarios, luego una tanda por derecha repleta de transmisión en la que el público jaleó con fuerza. Bajó un punto la acometida del astado, no así el ímpetu del torero que continuó sacando el máximo provecho, alargando el muletazo y adornándose en todo sentido. Mal con la espada, lástima. Fuerte salida al tercio.

Lances dignos que entusiasmaron y nuevamente armó la escandalera con los palos ante su segundo astado, todo un cañón. Con muleta citó de hinojos y ante la embestida de dulce y total nobleza del astado, se dio a torear con trazos suaves y gustándose, al paso de un animal que no dio problema alguno y aunque con la carita arriba, no dejo de embestir. Lo despachó de estocada, oreja con fuerte petición de la segunda que no concedió el palco; arrastre lento al toro.

Error monumental del juez por su poca sensibilidad al no atender al público. Y hubo aficionados que lo fueron a afrentar. Es penoso que no se entienda la necesidad de la fiesta. Se necesitan jueces nuevos que comprendan la dinámica de este siglo. Argumentó el biombo que la espada estaba trasera, pero insistimos, la petición es mayoritaria y es donde debe imperar el sentido común. Mientras afuera hay manifestaciones en contra, adentro se niegan las orejas como si el coso estuviera lleno. Qué lujo, señor juez.

SERIO TOREO

Sebastián Ibelles mostró un toreo bastante enterado desde un principio, llevando a cabo su lidia con todo uso de razón. Lanceó con profundidad, bregó sabiamente y quitó de manera magistral, untándose de toro en la faja. La historia cambió por completo con muleta en mano y no por parte del torero, sino del toro, ya que éste se vino abajo por completo careciendo de recorrido y mostrándose reservón. Pero Ibelles extrajo cuánto pudo, regalándonos muletazos muy con su sello, alargando la mano hasta donde más podía, dando una dimensión especial a su labor. Y a base de invadir terrenos, pudo extraer más pases, haciéndose por completo de la situación e imponiéndose admirablemente con una labor variada en circurrets, redondos, desdenes y todo cuanto la imaginación le dio, estando por encima de su rival. Fatal pinchazo seguido de un espadazo entero. Al tercio con fuerza.

Lucido con la capa en su segundo, en quites por gaoneras bien embraguetado. El toro regateó sus embestidas, había que extraer de uno en uno los pases y pisar terrenos de miedo; no se salvó de tremenda voltereta, pero volvió a la carga aplicando la misma tónica, en la jurisdicción donde huele a cloroformo. Dejó una estocada fulminante, pero ésta sí no la vio el juez, que solo tuvo ojos para lo malo.

Ahí están tres toreros que la Plaza México puso a la vista, no hay que perderlos de vista y sobra decir del apoyo que requieren para su continuidad.

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