¿Quién era Pablo Larios Iwasaki?

POR JOSÉ ÁNGEL PARRA

“¡Larios, no salgas!”, era el clamor en aquellos días de 1986, pero justo esa era la principal cualidad del gran Pablo Larios, las salidas. Se jugaba la Copa del Mundo en nuestro país y el popular guardameta de la Selva era uno de los responsables de que continuara viva la esperanza Tricolor. El estadio Azteca sufría cada que el “Chino” medía los centros de la artillería belga o de la armada paraguaya. El coloso enmudecía cuando el meta abandonaba la portería, mas una vez con el esférico “descolgado”, la muchedumbre ofrecía cerrada ovación, como si acabara de completar el acto circense sobre la cuerda floja.

Emotiva despedida de Jorge Campos a Pablo Larios

Pablo no era de mucho hablar. Habitualmente serio, el flaco era héroe de la chamacada ochentera. Cuando salía del vestidor del Cruz Azul, en las instalaciones del Seminario Menor de Acoxpa, lo hacía acompañado de un cigarro. Y así recibía a quienes pugnaban por autógrafo. Sólo había algunos cuantos reporteros de medios impresos y las televisoras, si acaso, hacían un rondín semanal en los campamentos balompédicos. Así que, por lo general, los futbolistas salían a pie de la práctica sin inconvenientes. Podían hablar a diario, si querían. No se ponían moños. Eran sencillos, humildes. Pablo, ejemplo de ello.
Así las cosas no existían tantas recomendaciones y ellos tampoco cargaban con la importancia que hoy les otorga la “caja idiota”, como si de ellos dependiera la hormona de crecimiento. Eran hombres libres y, como tales, podían ejercer ese poder. El aparato publicitario era muy moderado, por lo que tampoco existía afán por invadir la vida privada de las personas. Todo eso formaba parte de una ética profesional que hoy nadie recuerda y mucho menos respeta.
Aún con todo eso, Pablo Larios puede ser recordado como el padre de los porteros en nuestro país. Inspirado en los lances del “Gato” Marín, el arquero de la Selva protagonizó inolvidables lances que muchos reproducían en la cascarita del barrio. “Mira, la desvié con la mirada”, solía presumir, de vez en vez, cual superhéroe, cuando algún balón angulado lo dejaba petrificado al otro extremo del arco.

Vídeo: Pablo Larios, el arquero de las atajadas imposibles

Durante la Copa del Mundo, qué curioso, ha sido el único portero mexicano en disputar cinco partidos en una sola justa y sólo aceptó dos goles. Así de contundente. No perdió ni un encuentro y frente a la armada alemana también ejecutó sus delirantes salidas, sin contratiempos.
Cosas de la vida. Hoy los entrenadores firman contratos millonarios por alcanzar el “quinto partido” en un Mundial, sin recordar ni enaltecer a quienes hicieron historia y no han podido, siquiera, imitar. Larios lo consiguió junto a aquella generación olvidada de 1986, pero pocos apelan a la memoria. Hoy se nos adelantó en el camino. Descanse en paz el gran Pablo Larios, arquero de la Selva. Héroe, mito, leyenda de verdad.

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