Enrique Ponce sublime, se roba el Aniversario de La México

Y se abandonó. Enrique Ponce simple y sencillamente estuvo genial y en una tarde de inspiración, volviendo a enmendar su amor con La Plaza México y otorgando dos regalos de mucho sentimiento con las faenas que cuajó. La primera premiada con dos orejas y la otra empañada por el mal manejo de la espada por lo que únicamente dio vuelta al ruedo.

GANADO

Al cierre de la presente edición se habían lidiados toros de Los Encinos, dos para rejones de buen recorrido, dos para los de a pie (2, arrastre lento; y 6) que fueron sensacionales.

SENSACIÓNAL

Pablo Hermoso de Mendoza regaló al público de la plaza una labor a su más pura inspiración de rejoneo clásico, haciendo gala de todas las suertes que ha inventado en el arte de Marialba. Su solvencia para realizar el toreo con la grupa y al estribo pegado a tablas sigue causando admiración, lo mismo cuando realizó milimétricamente los giros frente a la cara del toro y los cambió por dentro de tablas cuando llevó cocido a la grupa al socio. Puso banderillas largas y cortas en todo lo alta, causando emoción y reconocimiento. No bastó el rejón de muerte y tuvo que usar el descabello. Aplausos al toro, que tuvo bravura.

Se superó en su segundo toro con una actuación más entusiasmada, más variada y haciendo gala de mayor recurso e interactuando más con el público. Certero en banderillas largas y cortas, igualmente brilló haciendo su toreo de costado y con la grupa, espectacular en los cambios y quiebros para colocar los palos. Concluyó de un par a dos manos y un rejón de muerte que bastó. Cortó una oreja.

MAGISTRAL

Enrique Ponce, destellos con la capa. Tras brindis a don Alberto Bailléres, el diestro valenciano se dio a la tarea de hacer lo que mejor sabe: crear arte y magia. Con la diestra e izquierda desmayadas, Ponce toreó de la forma más celestial que pueda existir, conjugándose a la perfección con un toro de una calidad fenomenal y recorrido cadencioso; Enrique mostró la parte más clásica de su toreo artista, magnificando el arte de Cúchares como lo marcan los cánones más exigentes del toreo. Sin parafernalias ni adornos, el de Chiva se sublimó por ambos lados del toro, ni exagerado ni esforzado, todo a su aire, a toda inspiración, gustándose de maravilla zapatillas en tierra y largueza en sus trazos. El toro no dejó de ir al envite, con una nobleza y calidad muy superior, con la que Ponce construyó una labor espectacular, con naturales interminables, muy vertical el maestro y pases por derecha de la misma dimensión. Culminó su mágico tejido con sus clásicas poncinas para luego dejar un espadazo casi completo que bastó. Dos orejas a petición y arrastre lento al toro, a petición también.

Lo que pudo ser un auténtico herradero en la suerte de varas poro lo manso de segundo toro, Ponce se encargó en poner orden como toda figura y convirtió el posible desgarriate en destellos de oro; pero sin duda la larga cordobesa conque puso una de las veces al toro en suerte, fue de otra dimensión por su gran lentitud.

Con la muleta nuevamente se anotó una faena de mucha intensidad, pese a que el recorrido de este animal fue menor, pero su calidad muy superior. Le hizo una labor con pases de todas marcas.

GARRA

Sergio Flores, variado con la capa y ovación fuerte paga su banderillero Gustavo Campos, tras sendos pares. Su toro pintó otra historia, ni clase ni calidad y de embestida mediana, que además sabía lo que dejaba atrás. El torero le plantó cara y se arrimó a muerte para poder extraer tandas de un valor espartano y de gran mérito; estuvo en ese plan por ambos lados, haciendo gala de sito y calidad. Remató de Bernardinas y una estocada fulminante para cortar una oreja.

VOLTERETA

Luis David Adame salió muy animoso con la capa, cuajando saludos por verónicas y gaoneras, así como quites por chicuelinas con las manos muy bajas. Con la muleta no se lo pensó dos veces y citó bien plantando con un cambiado por la espalda, para luego darse a torear por ambos lados en una labor que algunas veces tuvo eco, otras silencio, ante un toreo regular de bravura, pero sí malas ideas. Dosantinas medio embarulladas y trinchera por igual, en las postrimerías de su labor y Bernardinas en las que no se salvó de una fuerte voltereta que el público le compró; se repuso y concluyó la suerte bien plantando, para luego dejar un espadazo completo y el juez, alegre, le soltó las dos orejas, con lo cual puso al parejo la labor de Adame con la de Ponce. Qué pena. Obviamente el público le protestó el exagerado premio.

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