Di Stéfano, Eusebio, Vilanova y Aragonés, las pérdidas de este 2014

Mexico, 2014-12-15 12:02:45 | Redacción ESTO

Foto: Archivo

EFE

El mundo del futbol lloró en 2014 la pérdida de varias figuras históricas de renombre que dejaron huérfano un deporte afectado por la marcha de hombres como Luis Aragonés, Eusebio da Silva, Alfredo Di Stéfano, Mario Coluna o Tito Vilanova, que se despidieron para disputar en la eternidad su propio Mundial, el de los mitos inolvidables que un día hicieron historia.

Juntos componen una larga lista de ausencias notables que sufrió el llamado “deporte rey”, que, sin embargo, no fue el único afectado por la tragedia en un año en el que el atleta Yago Lamela y el boxeador estadounidense Rubin “Huracán Carter” también dijeron adiós para siempre.

En febrero, España lloró por Luis Aragonés. Mito del Atlético de Madrid tanto en el terreno de juego como en los banquillos, fue el verdadero creador de la “marca España” que llevó a “La Roja” hacia un dominio mundial que inició con la consecución de la Eurocopa de Austria y Suiza de 2008.

Aragonés fue el culpable de que la selección española diera carpetazo a una etapa de 44 años sin ganar nada desde la lejana Eurocopa de 1964 que España ganó a la Unión Soviética en el estadio Santiago Bernabéu. El “Sabio de Hortaleza”, genio y figura, inculcó un estilo a un grupo que, después, con Vicente Del Bosque, ganó el Mundial de Sudáfrica y la Eurocopa de Ucrania y Polonia.

Pero no solo sentó las bases de una selección para la historia. También tuvo otros grandes momentos en su dilatada carrera. Inolvidable su gol con el Atlético al Bayern de Múnich en la final de la Copa de Europa de 1974, que, sin embargo, no sirvió para ganar un título (los alemanes vencieron en un partido de desempate).

Como jugador y entrenador también alzó, en total 4 Ligas 1 Supercopa de España y 6 Copas, una de ellas con el Barcelona. El 1 de febrero, con 75 años y por culpa de una leucemia, se apagó para siempre un hombre especial del fútbol.

Algo más joven, con 71 años, falleció un jugador histórico del fútbol portugués. El mundo lloró la pérdida de Eusebio, “la Perla Negra”, que en los años 60 asombró al fútbol con el Benfica, equipo al que condujo hacia la Copa de Europa de 1962.

Sus vitrinas también alojan 11 ligas portuguesas, 5 copas de su país, 3 Botas de Oro al máximo goleador de Europa y un Balón de Oro de la edición de 1965. Pero, sobre todo, se le recuerda también por el Mundial de Inglaterra de 1966, en el que quedó tercero, la mejor posición nunca alcanzada por Portugal. Aquel Mundial lo terminó con nueve goles en seis partidos.

José Mourinho le definió como “un futbolista inmortal” y debutó con el Benfica a lo grande, con 18 años, en París y ante el Santos de Pelé. Un buen augurio para un jugador que marcaba goles de todas las maneras: de cabeza, con la pierna derecha y con la izquierda gracias a su velocidad de pantera y a sus vuelos de águila, como decían sus aficionados.

El 5 de enero, en la víspera de Reyes, su corazón se apagó. El Benfica lloró su perdida y pronto tuvo que sacar el pañuelo de lágrimas para mojarlo con la desaparición, un mes después, de Mario Coluna, compañero de fatigas de Eusebio en el Benfica y en la selección portuguesa.

Coluna ganó una Copa de Europa más que su compañero, la de 1961, y perdió otras tres finales. También participó en el Mundial de 1966 y fue el pulmón y la fuerza física de una selección histórica. El escudero perfecto para Eusebio se despidió en Maputo (Mozambique), por una infección pulmonar a los 78 años.

El círculo que inició Eusebio lo cerró Alfredo Di Stéfano, muy amigo del mejor jugador de la historia de Portugal con permiso de Cristiano Ronaldo. Meses más tarde, el 7 julio, en pleno Mundial de Brasil, el corazón de “la Saeta Rubia” se apagó para siempre.

El Real Madrid se quedó huérfano del futbolista que cambió su historia. Su llegada al club blanco en 1953 procedente del Millonarios de Colombia dio un giro a un equipo que solo había ganado dos títulos hasta que llegó Di Stéfano. Cuando se marchó, en 1964, sumó a las vitrinas del Real Madrid 8 Ligas, 5 Copas de Europa y 1 Copa del Rey.

El fútbol de don Alfredo, el jugador total, le catapultó a la cumbre de uno de los 4 grandes junto a Johan Cruyff, Diego Maradona y Pelé. Como recuerdan todos los que le vieron sobre el césped, estaba en todos los sitios. Elegante, incansable, táctico, mental, técnico y goleador, fue temido y respetado por rivales de todo el mundo.

Su gran decepción fue no disputar un Mundial. Viajó con España al de Chile, en 1962, pero una lesión le privó de jugar. El de 1958 se lo perdió por un mal partido ante Suiza en la fase de clasificación. Pero, Di Stéfano, tuvo su momento.

En Brasil, por segunda vez en la historia de un Mundial, se guardó un minuto de silencio en un partido. Fue en el Argentina-Holanda. Antes, en 1978 ese honor lo tuvo Santiago Bernabéu, durante el Mundial de Argentina. Di Stéfano fue recordado del mismo modo que el hombre que le trajo a España.

Y Vujadin Boskov, ex entrenador serbio del Real Madrid y acuñador de frases celebres por su simpleza, murió a los 82 años en la ciudad italiana de Génova. Condujo a los blancos hacia dos títulos de Copa del Rey, una Liga y una final de la Copa de Europa, la de 1981, que perdió ante el Liverpool.

Pero para el recuerdo quedaron sus disertaciones, siempre directas e incuestionables: “fútbol es fútbol”; “ganar es mejor que empatar. Y empatar es mejor que perder”; “Punto es punto”; y “Penalti es cuando arbitro pita”, fueron algunos ejemplos inolvidables.

En el Real Madrid también brilló Fernando Zunzunegui entre 1966 y 1974. Como Boskov, dijo adiós en 2014, a los 70 años con 4 Ligas y 1 Copa bajo el brazo. Pero, desgraciadamente para él, siempre fue recordado por el gol en propia meta que se marcó en la final de Copa de 1968 que ganó 0-1 el Barcelona y que acabó con el césped del Bernabéu lleno de botellas por las quejas del público por el arbitraje.

No solo lloraron los blancos por la perdida de alguno de sus mitos. El Barcelona sufrió la desaparición de unos cuantos. Uno de ellos, Tito Vilanova, llamó la atención por el fallecimiento de un hombre joven que no pudo ganar al cáncer contra el que luchó durante mucho tiempo.

El ex entrenador del técnico azulgrana fue uno de los artífices del mejor Barcelona de la historia. Fiel ayudante de Pep Guardiola, estuvo junto a él en toda la ristra de éxitos inacabables del club. Después, voló solo, para dirigir a un equipo que condujo hacia la Liga 2012/13.

Tras ese título, la enfermedad le obligó abandonar el cargo. No pudo con ella y el barcelonismo lloró la muerte de un hombre fundamental en los mayores éxitos del conjunto blaugrana.

El Barcelona también despidió a tres jugadores que formaron parte del equipo que brilló en los años 50. Isidre Flotats, Enrique Ribelles y Gustavo Biosca llenaron de títulos las vitrinas de su club en su primera gran etapa histórica que luego retomaría el equipo de Johan Cruyff décadas después.

En el plano futbolístico internacional, también desapareció el brasileño Hideraldo Luiz Bellini, capitán del Brasil de Pelé y Garrincha que levantó las Copas del Mundo de 1958 y 1962. Su fútbol no fue tan vistoso, pero sí fundamental para que el resto de figuras de una selección inolvidable pudieran engrasar su maquinaria.

En Brasil también desapareció de manera trágica Fernandao, mito del Gremio de Porto Alegre que, en un accidente de helicóptero, dio un aura de tristeza al inicio del Mundial de su país y que, por desgracia, no pudo ver. El club al que condujo a ganar la Copa Libertadores le lloró desconsolado durante días.

Otro país con gran tradición futbolística, Argentina, se quedó sin el presidente de su federación de fútbol, Julio Grondona, al que solo la muerte le apartó de un cargo que ostentó durante 35 años de manera ininterrumpida desde 1979. Bajo su mando, Argentina ganó el Mundial de 1986 y perdió las finales de 1990 y 2014.

El mundo del atletismo tampoco se libró de la tragedia. Yago Lamela, subcampeón del mundo de salto de longitud en el Mundial de Sevilla que se disputó en 1999, apareció muerto con 36 años en su domicilio de Avilés (Asturias).

Destinado a ser uno de los mejores atletas de la historia de España y a disputar a los grandes del mundo títulos en su prueba, se vio lastrado por las lesiones que fueron apagando su carrera. Con ellas, se fue marchando un deportista que nunca encontró su sitio fuera del atletismo.

Y en Canadá, un grande del boxeo, el estadounidense Rubin “Huracán” Carter, falleció a los 72 años por un cáncer de próstata. Aunque nunca fue campeón del mundo en los años en los que pudo boxear (1961 a 1966) estaba destinado a serlo hasta que fue encarcelado por una acusación de triple asesinato.

Bob Dylan se encargó de airear en 1975 con su canción “Hurricane” una injusticia que no se arregló hasta 1985 con un nuevo juicio que le dio la libertad después casi 20 años encarcelado sin ningún sentido.

“Aquí viene la historia del Huracán. El hombre al que las autoridades culparon de algo que nunca hizo. Lo pusieron en una celda de prisión, pero él pudo haber sido el campeón del mundo”. Ese fue el estribillo de Dylan dedicado al fallecido más cantado de todos los que se fueron en 2014.