Eloy Cavazos, a plenitud

POR MIGUEL ÁNGEL GARCÍA

Número cerrado, 70 años. Pa’ viejo, el cerro de la silla. Pero el maestro Eloy, vaya que se mantiene joven a los 70. No es una juventud como todas, no hay mejor que aquellas que guardan corazón, alma y espíritu con el brío de un chaval. Las arrugas son lo de menos, de lo contrario no habría marca de batallas libradas, de risa y llanto. Todo el mapa del vaivén del mundillo del toro está en el rostro del maestro Cavazos, bien definido, bien marcado. Ni una más, ni una menos. Cada grieta representa la vida de aquel niño que nació en Monterrey el 25 de agosto de 1949 y que pegó sus primeros pases a los ocho años de edad en una placita de la cual cuidaba su padre, Héctor Cavazos, en su natal Guadalupe; sin pensar sería la puerta del jovencito hacia el mundo de los toros. Su mamá, Enriqueta Ramírez, para entonces ensalzaba la afición del quinto hijo de la familia, testigo fiel se encuentra en el Museo Taurino más grande de América que se asienta en Morelia, Michoacán: un trajecito de luces, así de pequeño, que le hizo su mamá al que ya desde entonces era niño consentidos de Dios.

Las manos del maestro, su mirada, su físico prácticamente impecable no dejan pasar desapercibidas las 1907 corridas de toros que lidió en su carrera, las 20 cornadas y 14 fracturas; pero también hay fulgor por las 3,974 orejas que cortó, los 708 rabos, las nueve patas y los 38 toros indultados. El maestro guarda una parte fundamental de la historia del toreo en México y en España, pues también es torero de Puerta Grande al consagrase en Las Ventas, de Madrid.

Juventud a los 70. Eslabón de oro, leyenda viviente que permanece más vivo que nunca. Radiante el maestro, sabiduría clara. Figura hasta la sepultura.

A PLENITUD

“Llevo tres meses preparándome para festejar mi cumpleaños”, comenta el maestro a ESTO al llegar a la ganadería de El Vergel, propiedad de Octaviano García, que asienta sus reales a hora y media de Monterrey, con dirección hacia Nuevo Laredo.

“Será un festejo entre familiares y amigos y toda la afición que lo desee está invitada, además no se va a cobrar ningún centavo”, aseguró el maestro.

“Al toro hay que tenerle mucho respeto, así como al público. Y cobrar representa un compromiso muy grande con la hermosa afición; a estas alturas ya no estoy para dar lo que me exigirían. Por eso mejor vamos a pasar una buena tarde con toda la gente”, asentó Cavazos.

Ocho de la mañana, la llegada a El Vergel así lo exigen el clima, ya que a medio día la temperatura alcanza 38 grados centígrados y está fresco; alrededor de las 18 horas los 40 se sienten sofocantes.

Un novillo de casi 400 kilos espera al maestro en los corrales y un par de vacas. Enfundado en mezclilla, pantalón y chamarra, camisa tipo polo, Eloy da indicaciones a los matadores Juan Fernando, Isaac Leal, César Ibelles y al novillero Sebastián Ibelles. Un grupo de amigos atestigua desde la terraza del hermoso tentadero.

Voz recia, mando firme y claro. Pide como parar a la segunda vaca ante el picador; una vez clavada la puya, toma su muleta y sin pensarlo dos veces le aplica la lidia adecuada. Vaya torero que es Eloy, de por sí en las plazas era un deleite verlo, en los tentaderos y desde su burladero, a ras de suelo resulta una experiencia sublime. Ahí, frente a uno, está un gran pedazo del toreo mexicano ejecutando su tauromaquia como en tiempos añejos.

Ante su novillo ni la ropa sudó y es verdad. No tiene pasos em maestro ante el astado, solo la quietud que toda la vida le ha acompañado. No se mueve, no lo necesita. Realizó su clásico toreo, sin alargar trasteo, todo a pulso, bien medido, sin prisa, sino exacto. La estocada, furtiva, ostentándose como ayer y hoy: uno de los mejores estoqueadores de la historia. Qué deleite verlo torear en privado, así de cerquita. Y, el maestro, como si nada al final de su labor.

Grandeza y humildad. Pues habiendo siete vacas en los corrales, todas se las cedió a los toreros presentes. Y claro, que categoría del ganadero Octaviano García al desprenderse de tal manera.

FESTEJARÁ EN JURIQUILLA

De esta forma el matador cerró su preparación pata torear este sábado en la plaza de toros de Juriquilla, propiedad de la familia Torres Landa, un par de astado de la ganadería de Los Encinos. Festejará sus 70 años en compañía de familiares y amigos. E hizo la invitación para que también asista la afición taurina. Hay que llegar temprano, eso sí. Y mucho valdrá la pena estar a lado de “Pequeño Gigante”, celebrado la vida y su toreo. ¡Felicidades, maestro!

 

GANADO

Para el sábado en Juriquilla lidiará astados de Los Encinos, el maestro hizo la invitación a toda la afición para celebrar su cumpleaños.

El Vergel

El ganadero Octaviano García dispuso para el maestro Cavazos un novillo de casi 400 kilos, ante el que Eloy estuvo cumbre.

“Será un festejo entre familiares y amigos y toda la afición que lo desee está invitada, además no se va a cobrar ningún centavo”.

 

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