El corazón rojiblanco de Fernando Torres

Mexico, 2014-12-29 09:05:16 | Redacción ESTO

Foto: Archivo

EFE

El fichaje de Fernando Torres por el Atlético de Madrid devolverá al delantero a su casa, en la que vibró como aficionado, en la que se formó desde el alevín, superó etapas y etapas hasta el primer equipo y se ganó la condición de ídolo de la afición siempre con un inquebrantable corazón rojiblanco.

Ni siquiera cuando fue al Liverpool, a cambio de 36 millones de euros, ni al Chelsea, con la consecución de una Liga de Campeones y una Liga Europa, ni ahora al Milán, con el que apenas ha dispuesto de oportunidades, alteraron el vínculo inseparable entre ambos por muy lejos que estuviera del estadio Vicente Calderón.

Desde niño, desde que acudió por primera vez al recinto rojiblanco para ver en directo a su equipo, en un empate a uno de la temporada 1994-95 entre el Atlético y el Compostela, y desde que probó y fue elegido por las categorías inferiores en el campo del Parque de las Cruces, en Madrid, para jugar en el alevín rojiblanco.

Desde que ascendió en una carrera fugaz al primer equipo, desde el juvenil a la plantilla profesional, sin parada intermedia ni en el Atlético C ni en el Atlético B y procedente del Europeo sub’16 que ganó con la selección española en la final frente a Inglaterra con gol suyo. Fue el mejor jugador y el máximo goleador del torneo.

Desde que el club le reclamó para el primer equipo, como un impulso indispensable para un conjunto que viajaba con excesivos altibajos por el último tramo del curso en Segunda División; desde que debutó con él con el número 35, el 27 de mayo de 2001 en un Atlético-Leganés en el Calderón, o desde que, una jornada después, cabeceó su primer gol en Albacete y elevó las ilusiones de ascenso.

Ese año, el objetivo se escapó. No al siguiente, con la vuelta al banquillo del Atlético de Luis Aragonés, un entrenador del que aprendió muchísimo el ‘9’ rojiblanco, con el que ascendió a la máxima categoría del fútbol español y con el que debutó en Primera el 1 de septiembre de 2002 ante el Barcelona en el Camp Nou.

Fernando Torres ya era el ídolo del Calderón. Ahí permaneció durante siete temporadas. A las dos citadas en la categoría de plata, la primera desde el tramo final, le siguieron otras cinco en la elite del fútbol español, entre los mejores, como el alma de un equipo que aún perseguía su recuperación tras el descenso del 2000.

Era la figura, el motor y el goleador indiscutible del equipo año tras año. Desde 2002-03, su presentación en Primera con trece goles, hasta 2006-07, el último curso antes de poner rumbo al Liverpool, con catorce tantos, pasando por 2003-04 (19), 2004-05 (16) y 2005-06 (13). En total 75 goles, 18 de penalti, en 174 encuentros de Liga.

Unos números que le incluyen entre los diez máximos goleadores en el campeonato de la historia del Atlético de Madrid, sólo superado por siete grandes goleadores del club: Josep Juncosa (80), Rubén Cano (82), Joaquín Peiró (93), José Eulogio Gárate (109), Francisco Campos (120), Luis Aragonés (123) y Adrián Escudero (150).

Catorce tantos más en otras competiciones añadió el ‘9’ para completar sus cifras con el equipo rojiblanco, con 239 partidos oficiales, muchas carreras, infinidad de regates, desmarques en velocidad, controles, arrancadas y tardes de mucho fútbol en el Vicente Calderón, donde ha jugado 126 partidos con 52 dianas.

De ahí se despidió el 3 de julio de 2007. Había fichado por el Liverpool. “Estoy orgulloso de ser del Atlético. Siempre mi corazón va a ser rojiblanco (…) Espero volver algún día”, explicó el ‘9’ en una mañana triste en el estadio, la que significaba la partida de un futbolista indispensable en ese momento en el club rojiblanco.

Su siguiente destino fue el Liverpool, en el que pulverizó récords, como el extranjero con más tantos en la temporada de su debut con ese club o el futbolista ‘red’ que más rápido alcanzó los 50 tantos -lo consiguió en 72 encuentros-, y en el que sumó tantos elogios como goles como el ‘number nine’ como le cantaba ‘The Kop’.

A las órdenes de Rafa Benítez, el principal impulsor de su fichaje desde el Atlético de Madrid, creció Torres en la Liga de Campeones, con 24 duelos disputados y ocho goles, con otras cuatro dianas en la Liga Europa, pero aún con el debe de los títulos. En enero de 2011, tras 77 goles con el Liverpool, fichó por el Chelsea.

Los trofeos colectivos más prestigiosos a nivel de clubes los consiguió con el equipo ‘blue’, la Liga de Campeones (2012) y la Liga Europa (2013), pero sin el protagonismo ni los goles esperados por un futbolista de su nivel, juzgado por la opinión pública con un condicionante: su cifra récord de traspaso, 57,5 millones de euros.

Hasta el pasado verano jugó en el Chelsea, nunca con la condición de titular habitual y con 39 goles en tres años y medio en la entidad, mientras que paralelamente a sus dos conjuntos en la Premier acumuló éxitos con la selección española absoluta, con la que asumió un papel estelar en la Eurocopa de Austria y Suiza 2008.

Su carrera en velocidad con Philip Lahm y la forma en qué picó el balón ante la salida del portero Jens Lehmann en la final ante Alemania disputada en el Ernst Happel de Viena son imborrables en las páginas más brillantes de la historia de la selección española, con la que dos años más tarde ganó el Mundial de Suráfrica, con minutos en todos los duelos.

La inalcanzable hazaña hasta ese momento en el fútbol mundial de enlazar Eurocopa-Mundial-Eurocopa la completaron Torres y el equipo nacional en Ucrania y Polonia 2012, con la conquista del trofeo, con él como máximo goleador de la cita, en la final frente a Italia en el Olímpico de Kiev; una victoria formidable de principio a fin.

Torres, que ha marcado 38 goles en 110 partidos con la selección, el último el pasado 23 de junio ante Australia en el Mundial de Brasil 2014, debutó con la ‘Roja’ en un amistoso frente a Portugal en Guimaraes, el 6 de septiembre de 2003, justo cuando jugaba en el Atlético, el escudo que lucirá de nuevo sobre su corazón rojiblanco.