¡Armas a medias! Una lesión separó a los hermanos Martínez

POR JAVIER JUÁREZ

FOTOS: LUIS GARDUÑO

El eslabón se rompió. Los hermanos Martínez Armas, iguales a la vista de cualquiera, quedaron separados. Gustavo prepara su debut en el Mundial Sub-17, mientras Carlos está en Guadalajara. De la noche a la mañana, la ruta de sus vuelos cambió. La aventura que imaginaron juntos no se dio. Pero, ¿qué pasó? El 5 de octubre, un día antes del viaje a Buenos Aires, Marco Antonio Ruiz reveló, en el CAR, los nombres de los 21 jóvenes que iban a Brasil a buscar ser los nuevos Giovani, Vela, Fierro o Gómez, y representar a México en el Mundial Sub-17. Gustavo fue convocado, pero Carlos no apareció en la lista.

Esa noticia quebró todo, a los hermanos, a su papá y a la misma nota que estaba en el horno, casi por salir. Al revelarse a los elegidos se tuvo que meter freno y dar marcha atrás. ¿Qué sucedió en las horas previas? El sábado, los gemelos habían posado simétricamente y hablado con ESTO sobre ir a la justa mundialista.

Carlos, a través de un mensaje de “whats” lo contó: “Estoy bien, gracias a Dios. Influyó mucho la lesión que tuve durante la concentración. Tengo una tendinitis en el Talón de Aquiles”, reveló.

Eso fue lo que lo alejó.

Al mismo tiempo, en otra ventana de conversación, su hermano Gustavo, él con un mensaje de audio, compartió su estado de ánimo: “Tengo sentimientos encontrados, por una parte estoy contento por ir al Mundial, pero también triste por lo de mí hermano. Queríamos ir los dos, pero estamos conscientes de que cada quién tiene su camino. Voy a dar por todo por él, por mi familia y por México”, aseguró.

De regreso a la primera plática, Carlos tomó la noticia de la mejor forma: “Bien dicen que lo que no te mata te hace más fuerte. Las cosas pasan por algo. Todo bien”, predicó el menor.

Una lesión, el martirio de todos los futbolistas, quebró una oportunidad única. Pueden venir más Mundiales, pero a ese nivel no. En un abrir y cerrar de ojos cambió todo. Dos días antes de que el Chima, más obligado que por deseos propios cortara a Carlos, el delantero escuchaba la samba y se veía en el país natal de Pelé, Ronaldo y Ronaldinho: “Es una satisfacción muy grande representar a tu país, estoy contento de ir y más con mi hermano”, dijo.

Gustavo, más abierto, colocado a la izquierda de su cuate, opinó similar: “Jugar para México es algo que cualquier niño sueña. Hemos trabajado muy duro para ser tomados en cuenta. Estar seleccionados es para nuestros papás es una alegría al doble, sienten emoción por los dos”, señaló.

Ese deseo del que ambos hablaron con tanta ilusión lastimosamente quedó en el tintero. El Talón de Aquiles fue el obstáculo que los separó.

Mientras Gustavo postea fotos de las vistas que tiene en su hotel de concentración en Argentina, ciudad en la que se prepara el Tricolor antes del Mundial, Carlos, de regreso al Atlas, el club que los detectó en un torneo en Sinaloa, se enfoca en su rehabilitación.

La aventura a nivel Sub-17 se le negó a los gemelos. En otra ocasión será.

LOS NUEVOS DOS SANTOS 

Seguir los buenos pasos de Giovani y Jonathan Dos Santos está en su imaginación. Si los hijos de Zizinho estuvieron juntos en el Barcelona, Villareal, Galaxy y en el Tricolor, los hermanos Martínez Armas también pueden hacerlo. En Atlas ya lo hacen, también con selecciones menores, el siguiente paso es en Primera División: “Tenemos muchas metas y sueños, pero tenemos que tener más experiencia, debutar con el primer equipo y luego seguir para arriba”, explicó Carlos.

Gio y Jona, antes de ser figuras mundiales, también “estuvieron en nuestros zapatos, no hay nada imposible, si ellos lo lograron, nosotros también podemos, esa es nuestra meta, conseguir cosas importantes, pero siempre con los pies en la tierra”, contó Gustavo.

El mayor, con entusiasmo, amplió su respuesta: “El Mundial es muy importante, es una vitrina internacional, queremos jugar, hacerlo bien y regresar para buscar un lugar en Primera División”, aseguró antes de que su hermano fuera cortado.

Carlos sabe que son jóvenes. Ejemplos de hermanos futbolistas hay muchos, pero ellos quieren “escribir su propia historia, tener experiencias buenas y malas; las malas te hacen crecer, tenemos que ser buenos futbolistas y seres humanos, eso cuenta mucho”, indicó.

En el campo se conocen con los ojos cerrados, son algo así como los hermanos Korioto, Masao y Kazuo: “Cuando jugamos juntos tratamos de buscarnos, él me busca, yo a él, nos conocemos bien”, precisó Gustavo.

Su parentesco es tan inusual que les causa confusión a sus mismos compañeros: “A veces traigo el balón y me gritan Carlos o a él Gustavo. Estamos acostumbrados a estas cosas, hasta nuestros papás o las personas que más nos conocen nos confunden”, relató Gustavo.

Así, entre alegría, ejemplos reales y de ánime, los gemelos Martínez Armas, sueñan en grande.

 

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