Letras deportivas: But Seriously

But Seriously

John McEnroe

Little, Brown and Company

247 pags.

2017

El libro fue editado hace dos años, pero es poco conocido aquí.  No hay edición en español, aunque yo me lo topé, un poco al azar, en una librería del barrio de Coyoacán, en la Ciudad de México. Es fácilmente conseguible en las librerías virtuales.

Son las memorias del ya sexagenario ex tenista estadounidense John McEnroe (1959). Mejor dicho, la segunda parte de su autobiografía, pues la primera data del año 2000 titulada “You Cannot be serious”.

Proporcionalmente trae pocas reflexiones tenísticas y es mayoritariamente una sucesión de estampas personales de su vida como deportista ya retirado. Multimillonario, dedicado a explotar su imagen mediática de “niño malo” del tenis, ahora dedicado a conducir programas de televisión, talks shows, incluso sustituyendo a David Letterman en su Late Night.

La televisión le sentaba bien hasta que en el año 2002 la cadena ABC le dio su propio show, The Chair, donde tenía que lidiar con competidores poco hábiles para manejar su ira. El programa fue un fracaso y fue sacado del aire a los pocos capítulos de ser exhibido.

Dedica una parte importante del libro a contar sus aventuras en el mundo de la compra y venta de obras de arte, a donde llegó más por su exceso de liquidez que por su sensibilidad artística. Aun así, algo se le pegó y llegó a apreciar a Basquiat y a Warhol. Acabó demandando a un abogado neoyorquino que estafó a muchos con ventas fraudulentas de obras de arte.

Ocioso, con todo el tiempo del mundo libre y con la billetera llena, trató de explotar su vena musical. Amigo de músicos como Carlos Santana, Tina Turner y Keith Richards, buscó incursionar en el rock, de la mano de su segunda esposa, Patti Smith, faceta en la que le fue peor que como conductor de televisión.

Conforme avanzan los capítulos, el personaje va abandonando su etapa de junior desenfrenado y se asienta como comentarista profesional de tenis para las cadenas globales como ESPN y la BBC. Se vuelve más reflexivo del deporte, al tiempo que regresa a las canchas a jugar como senior.

Se vincula a las nuevas estrellas. Admira como nadie a Roger Federer; se conmueve con la perseverancia de Andy Murray; tiene sentimientos encontrados respecto a Rafael Nadal; se sorprende con el explosivo marketing de Sereena Williams y Maria Sharapova; crítica que sus amigos Ivan Ldendl o Boris Becker entrenen chamacos groseros; celebra la evolución de algunas reglas del tenis y que Wimbledon haya aceptado techar su cancha central; y como manía personal no soporta que los y las tenistas griten a la hora de golpear la pelota, algunas como Victoria Azarenka, a bastantes decibeles, lo que desde su extraño punto de vista le parece antideportivo.

Logra en 2010 abrir una academia de tenis que lleva su nombre, en recuerdo a que él tomó una raqueta por primera vez cuando tenía ocho años de edad y que acabaría llevándolo a  conquistar 7 títulos de Grand Slam, 3 ATP World Tour Finals, 77 títulos individuales y 78 en dobles (7 Grand Slam y 7 Masters, en su mayoría junto a Peter Fleming), que lo hacen el tenista masculino con más títulos combinados en la era abierta.

El libro se lee rápido; obviamente no es Sheakaspeare ni un premio Nobel de Economía. No creo que aporte mucho al tenis mundial, pero es una mirada curiosa tras bambalinas al mundo exótico de un jugador de alto rendimiento, que ganó mucho dinero en su momento y que lucha por mantenerse vigente aún en nuestros días.

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