Amor perpetuo del "Cata" a Cruz Azul

Fotos: Ramón Romero

El chiapaneco que salió de Arriaga, un poblado a 130 kilómetros de la capital Tuxtla Gutiérrez, sin recursos económicos, pero con una valija atiborrada de retos, celebra 32 años de vida, casi la mitad de ellos entregados a Cruz Azul. La Máquina es para Julio César Domínguez un amor eterno, como una de las canciones más tarareadas de Juan Gabriel.

El día requirió una vestimenta especial: pantalón y saco azul, combinados con camisa blanca y una medalla dorada de Jesucristo en el pecho. Julio tiene 13 años de caminar por los pasillos de La Noria.

El Cata, sobrenombre que le pusieron sus compañeros en Lagunas, Oaxaca, luego de raparse y verle parecido con el argentino Daniel Díaz, modeló a gusto, el traje, planchado a la perfección, le dio elegancia.

El central fue conducido de un lado a otro. Durante ese tiempo emitió pocos comentarios, él se limitó a cooperar. Los valores que le inculcaron sus papás, abuelita y tíos, relucieron. Con la temperatura incrementándose, la sesión fotográfica terminó. Llegó el momento de la plática.

Dos sillas negras, una cámara y la grabadora de voz del teléfono en “Rec”.

De bote pronto, el primer cuestionamiento hizo que Julio retrocediera en el tiempo. ¿Cómo fue su acercamiento al futbol y luego a Cruz Azul?

“Empecé como cualquier niño. En mi pueblo, mi papá me inculcó jugar futbol e irle a Cruz Azul. Lamentablemente tenía 8 o 9 años cuando él falleció, entonces me quedé con mi abuela, en Arriaga; mi mamá se fue a vivir a Tuxtla con mis hermanas”, relató en voz baja.

Julio tuvo que cortar su niñez, salir de su querido pueblo y madurar rápido: “La secundaria la hice en Arriaga, luego me fui a Nanacamilpa, Tlaxcala, estuve un año allá, jugué en el equipo de la prepa. A raíz de eso me fui a probar a una segunda de Chiapas, en los Maiceros de Villaflores. Estuve a prueba, pero no me quedé”, siguió su relato.

Luego de rechazos, una puerta se abrió, la que siempre quiso: “Seguí buscando, me fui a Lagunas, Oaxaca, me dijeron que había una tercera de Cruz Azul, hice la prueba y la pasé. Estuve 4 o 5 meses ahí, luego me jalaron a tercera división. Recuerdo que vinimos a jugar un partido a México, todos los profes nos estaban viendo en la tribuna. Siboldi estaba ahí, gracias a Dios me quedé, Robert fue el que me jaló a reservas. En menos de un año Isaac Mizrahi me subió a Primera y debuté en 2006”, rememoró.

En minuto y medio contó su historia, pero en ese tiempo hubo días eternos: “Lo más difícil es dejar a la familia. No teníamos los recursos económicos, agarrábamos de mi mamá, de mi abuela, mi madrina, mis tíos, la poca familia que teníamos; todos me ayudaron a lograr mis sueños. Los primeros meses me costaron mucho, los extrañaba, pero era mi sueño, tuvo que hacer sacrificios, hacerte de comer, lavar tu ropa, todo eso te hace madurar, gracias a Dios lo logré”.

El Cata tocó fondo antes de cumplir su reto: “En tercera división no ganaba mucho, mi familia me mandaba dinero, pero no alcanzaba, pagaba 800 pesos de renta, éramos tres amigos, pero dos no pasaron las pruebas, me quedé solo. Vino la desesperación, mi mamá y abuela me seguían dando dinero, pero yo no quería pedirles, ahorraba mucho, sólo tomaba agua, me hacía mi comida. Fue un momento muy complicado”, describió.

Entre la oscuridad, vino una luz: “Tenía 15 años, con pena hablé con un directivo, le dije que estaba a prueba, pero no tenía recursos económicos. Le pregunté si había posibilidad de hospedaje en la casa club; Don Andrés me dijo que sí, que me registrara, salí de su oficina lleno de felicidad, le hablé a mi abuelita, que ya no tenían que pagar más… todo dependía de mí”.

LLEGÓ EL DÍA

El 29 de abril de 2006, en un juego contra Pachuca, Julio vio la recompensa a sus esfuerzos: “Días antes de que debutara les hablé a mi mamá, abuela, hermanas… estaban contentas, particularmente yo. Fueron muchos años de romperme la madre, estaba nervioso, pero ganamos. Esa playera se las di a mis tíos, fue un momento que no se puede explicar. La emoción me quedó por varios días”, relató.

De vuelta al presente, Julio reseñó cómo fue el reencuentro con el Flaco Siboldi: “Entre broma y broma, cuando llegó estábamos en la charla, él se presentó, yo estaba al lado de él, me vio y me dijo: ‘¿Sigues acá viejito?’. Lo saludé, le dimos la bienvenida, después me estaba cambiando y me dijo: ‘¿Te acordás que te saqué de la selva?’ A mí y a Aquino, porque él también lo vio. Es algo bonito reencontrarte con alguien que te abrió las puertas, que te dio la oportunidad y te impulsó para llegar a primera división”.

Julio es feliz como cementero, Chivas no lo buscó y él no piensa bajarse de la Máquina: “Esas cosas salen en redes sociales, son rumores, pero la verdad es que no he tenido contacto con Ricardo Peláez para nada, él me conoce, soy mexicano, pueden pasar esas suposiciones, pero no, yo estoy enfocado en Cruz Azul, siempre lo he dicho, quiero quedarme aquí siempre, pero eso depende mucho de mi trabajo”, finalizó.

 

 

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JUEGOS EN CRUZ AZUL

FUTBOLISTA            JUEGOS

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Julio Domínguez         520

 

 

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TÍTULO          AÑO

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