Letras deportivas

Fotos: Jorge Barrera

Con todo su oficio de contador de historias, esta gloria de la literatura japonesa abandona su tradicional formato de relatos fantásticos para contar en primera persona sus experiencias a la hora de correr. Es un maratonista amateur que comenzó como muchos de nosotros con carreras domingueras de 5 kilómetros, pero se aficionó al grado de incorporar el footing en su estilo de vida, sin importar el país donde se encuentre o el clima imperante.

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Contra lo que pudiera pensarse, el libro no es un manual de autoayuda para animar a las personas a correr. Él reconoce que no todos están hechos para este deporte ni a todos gusta, sólo se limita a contar sus razones personales, entre las que se encuentra una personalidad solitaria, que no goza de los deportes de equipo, pero sí de ponerse unos tenis, seleccionar la música que le gusta y salir a trotar al camino. Así de simple.

El texto lo organiza de manera cronológica desde que era un japonés gordito, administrador de un bar en Tokio, hasta que las carreras fueron moldeando su cuerpo y alimentación. Se aficionó a correr por el puro gusto de estar una o dos horas consigo mismo, sin pensar en hacerlo por su salud o para vivir más. Además, va contando sus primeros pasos en la literatura, que fueron paralelos a los del deporte.

Arranca con la poco meditada experiencia de correr la auténtica ruta del maratón en Grecia, entre las ciudades de Atenas a Maratón, los originales 42 kilómetros. Lo hizo sin saber del calor del verano en ese país y que la carretera que las separa es industrial e inhóspita. Había idealizado el trayecto, pero lo acabó, más por orgullo que por condición física.

Relata con maestría la experiencia de alcanzar los “muros” del corredor, ese tramo de la carrera donde todo duele, donde dan ganas de volver el estómago, donde los zapatos aprietan, donde uno se pregunta qué demonios hace ahí y las amenazas de calambres se multiplican, pero también de la manera en que se superan y una vez atravesados ya nada más la idea es llegar a la meta.

Todo está, asegura, en la cabeza; a la fortaleza física la acompaña una mentalidad fuerte que hace inevitable acabar las carreras o avanzar. Trabajo de la mente que se repite en varios deportes donde si la cabeza se niega a avanzar, no importa que el cuerpo esté en buen estado, todo se pierde y se va por la borda.

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Relata cómo es correr en Boston, en Tokio, en Nueva York y en Europa y cómo conforme la edad avanza le es más difícil hacer mejores tiempos, especialmente después de los 55 años.

Pese a sus más de 200 páginas es un libro ágil, y se puede conseguir con facilidad en librerías del país.

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