Excelente encierro de Alatorre y Ribero en la México

Pide un deseo y seguro que Pozo Hondo te lo concede. Cuando un torero sueña con triunfar, siempre espera que le saga el toro de la ilusión. La tarde de este domingo en La Plaza México la ganadería zacatecana de Pozo Hondo, propiedad de Ramiro Alatorre Córdoba y Ana María Ribero Llaguno, se llevó la tarde por mucho, con la lidia de cuatro toros que han sido de buenos, muy buenos y extraordinarios y solo dos fueron los negros en el arroz. Que a un ganadero le salgan cuatro de seis es motivo de triunfo y celebración.

Se lidiaron en este orden: el primero se dejó meter mano sin problema, noble, aunque un tanto falto de raza, aplausos en el arrastre. El segundo, muy bueno, con clase, calidad y nobleza, con su punto en desfavor de la fuerza, aplausos en el arrastre. Tercero, con calidad, nobleza y transmisión, a menos. El cuarto dejó estar, sin malas ideas, con fuerza, pero deslucido. El quinto, agarrado al piso, sin malas ideas. Y, el sexto, con poco recorrido, de embestida descompuesta.

De los toros destacables, ninguno fue premiado por el palco y no solo eso. Don Enrique Brown estuvo muy disparejo en la entrega de trofeos a los toreros, poniendo por encima el toreo bullidor de Uriel Moreno el Zapata, por la faena seria y de gran calidad de Jerónimo. Vaya baratija de premiaciones, sin ton ni son.

El ganado ha sido un regalo de reyes indiscutiblemente, Uriel destacó en banderillas, Jerónimo por su clase y Antonio Mendoza con su entrega y aires de querer ser un torero importante. Pozo Hondo se podría apuntar para ser d los encierros más importantes de la temporada, ya que además de las cualidades de sus pupilos, destacó su presencia, que de entrada es el primer requisito para los ganaderos.

ARTE MATA TODO

Jerónimo lució su mejor puesta ante su primero toro, que dentro de su variada tauromaquia ha puesto énfasis en las verónicas y vaya lances que ejecutó; quitó por chicuelinas breves, ya que el socio se dolió del castigo. Se repuso muy bien el astado y el diestro le aprovechó muy bien por lado derecho, llevándolo en series muy templadas y con el sentimiento y clase que enfundan a este poblano; la labor fue despacio, sin prisa, gustándose y gustando el de oro. La segunda parte del trasteo fue una serie más reposada y repleta de inspiración al natural; vaya forma en que se empleó el toro y vaya forma en cómo lo toreó Jerónimo. Deletreado le salió cada pase por izquierda, con una templada embestida y quilates que imprimió el matador en los pases largos, ajustados y muy bien templados. Qué gran labor de Jerónimo, como poco se ha visto en esta temporada y hay que destacarlo. Dejó una estocada poco defectuosa pero efectiva y el juez dio una sola oreja, tazando esta gran faena al parejo que la del Zapata, que ya había hecho antes. Y al toro, que fue muy bueno, le pasó de noche. Pobre plaza, qué poco criterio y conocimiento de su palco. El segundo toro de su lote se agarró al piso y no dejó de rascar la arena, poco pudo extraer el torero, solo detalles de mucha valía y su entera entrega. Pinchazo, descabello y aviso.

ENTREGA A MÁS

Antonio Mendoza recibió adecuadamente, dejó ir los quites a sabiendas que el toro sería de pincitas. Sanjuaneras y desdén vibrantes como prólogo de su inicio de faena con muleta. Y este tercer toro de Pozo Hondo no solo tuvo calidad y nobleza, sino más transmisión; Mendoza supo perfectamente dosificar la fuerza del astado, le dio aire y tiempo, pues el toro casi fue de tratamiento con pinzas; templó y corrió la mano muy artísticamente, en un plan mayormente maduro y con un torero más sorprendente. Tras las tres primeras tandas el toro se fue a menos, no perdió calidad, pero sí recorrido; Mendoza se quedó atornillado al piso, soportando medias embestidas, encelando al socio con los muslos, exponiendo como para morirse. Por supuesto que el público se rompió con el michoacano y éste fue soberbio, con sobrado arrojó y valor. Se precipitó un poco y se fue tras la espada para dejar un pinchazo, luego pinchazo hondo. Extraño que el juez no le regaló algo. El toro pasó también desapercibido para el palco, pero el público lo premió con una ovación en el arrastre. El torero salió al tercio y el cónclave le pidió la vuelta al ruedo. Ante el segundo de su lote nuevamente comenzó la faena por sanjuaneras, bien plantado. La faena de muleta careció de toro, toda vez que el socio se quedó muy corto y tirando hachazos a modo de defensa. Mendoza no se amilanó, pero poco obtuvo del astado que no terminó de entregarse.

EN ZAPATA

El tlaxcalteca saludó decorosamente con la capa ante su primero toro, mejor con banderillas. La faena ha sido muy sobria, poco que enaltecer y mucho para torear al público. Estocada y aplausos, un pequeño sector pidió la oreja y el juez le regaló la oreja. Una cosa es hacer caso a la petición general y otra a menos de la mitad. Vaya lío de este juez que no encuentra el punto medio. A estas alturas Uriel ya no necesita de favores baratos del palco.

Para su segundo brilló en el tercio de banderillas, fue magistral; tomó los tres pares e hilo las tres colocaciones, al violín, calafia y a dos manos. Increíble, espectacular y sumamente en maestro. El público enloqueció con el torero. Su labor con muleta ya no estuvo a la par y hasta escuchó gritos de, “toro”, lo que indica que el socio se le fue para arriba. Dejó estocada fulminante de la cual salió rebotado, y sí, el juez dio dos orejas. Que pachanga y que palco de risa.

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