Lucen los toreros en el 74 aniversario de la Plaza México

La fecha más importante del calendario taurino que celebró La Plaza México se distinguió por un encierro muy bien presentado de Jaral de Peñas, propiedad de Juan Pedro Barroso, ganadero quien envió seis toros de impecable y respetable lámina. Y tuvo la exposición de cuatro conceptos diferentes en las muletas de Uriel Moreno El Zapata, Antonio Ferrera, Morante de la Puebla y Octavio García El Payo, diestros que hicieron los honores a la Señora de Insurgentes; cada uno tuvo la oportunidad de mostrarse a plenitud, pese a que los toros no fueron lo esperado. Los matadores pecharon al menos con un astado por lote que les permitió tejer faenas de altos vuelos, como la mexicanísima de Zapata, la de inventiva pura de Ferrera, la de arte y magia de Morante y la de calidad y elegancia de Payo.

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A pesar de ser día hábil la entrada fue superior, aunado al clima nublado, aire helado e incluso amenaza de lluvia. Eso no fue impedimento para que la crema y nata de la sociedad se diera cita para celebrar en grande el 74 Aniversario del coso de Insurgentes.

Al final del festejo, ya caída la noche, salió por la Puerta Grande Antonio Ferrera, quien cortó una oreja en cada uno de sus toros, siendo el triunfador de la corrida; el público salió encantado, diríase taurinamente hablando, se retiró del coso toreando de alegría.

GANADO

Decíamos que se lidiaron toros de Jaral de Peñas, en este orden: el primero, escaso de recorrido con la cara arriba. Segundo, deslucido, escaso de recorrido. Tercero, de dejó, sin romper. Cuarto, descastado. Quinto se desfondó rápidamente. Sexto se dejó, con recorrido y la cara arriba. Séptimo, regresado por manso. Octavo, con calidad, nobleza y recorrido. El reserva no funcionó.

FESTEJO

Uriel Moreno El Zapata se animó a ponerle banderillas a su primer astado, el cual que se había mostrado nada fácil, pero se lució. No tuvo buen recorrido el toro y poco bajó la cabeza, aunado al viento, Uriel no tuvo mucha tela pese a que no perdió los papeles.

Estrujante intervención con la capa ante su segundo astado, en variedad y justa precisión; mientras que en quites se echó la capa a la espalda para presumir un muestrario de suertes. Y puso de cabeza al embudo al colocar las banderillas consecutivamente, calafia, violín y a dos manos, vaya intervención que terminó en una vuelta al ruedo clamorosamente.

Daba sus primeros compases con la muleta, comenzaba a lucirse y extrañamente el toreo se fue a menos, se acabó, el socio le cambió drásticamente la lidia, se reculó en tablas y sólo tiró arreones como defendiéndose. Uriel no echó paso atrás y ya con la romería en la canasta prosiguió hasta donde el socio respondió. Lástima que pinchó.

Antonio Ferrera salió decidido y recibió de larga cambiada de rodillas. Con la muleta de puro milagro logró dejar algunas pinceladas ante la embestida descompuesta y pobre de su primer astado, hasta se dio el lujo de extraer una dosantina como rúbrica de su labor. Abrochó con una estocada recibiendo, que dejó al toro fulminado. Oreja merecida.

Al segundo astado le inventó una faena, lo fue consintiendo hasta hacer romper al socio para cuajarle una labor muy en su sello, con pases largos y templados, pese a que el toreo embistió con la cara arriba. Dejó un atroz pinchazo, pero lo borró con un torero y certero descabello. Oreja entre división de opiniones.

Morante de la Puebla dejó esbozos de lances a la verónica; tras la magistral puya de César Morales, el diestro se plantó con una calma absoluta, despreocupado y abandonado como solo él lo puede hacer. Se dio a torear por ambos lados con una calidad excelsa, muy clásico y artístico, girando en el mismo sitio, reponiendo la pierna, sin irse, desmayando el brazo con una parsimonia mágica. No fue larga la labor, pero sí puntual y efectiva, adornándose todavía con molinetes y desdenes de 24 quilates. Qué labor tan limpia y pulcra del de la Puebla, a pesar de no haber contado con un toro de lo mejor, digamos que a penas con un socio a medio gas en general. Estocada para cortar una oreja. Se regresó su segundo por hacer cosas de manso, el público protestó fuerte y el juez lo echó para atrás. El reserva no funcionó y Morante decidió abreviar. Mal con la espada, aviso.

Octavio García El Payo no tuvo tela de su primer toro, dejó detalles plausibles. Despachó de estocada. Se sacó la espina ante su segundo al realizarle una faena de mucha artística por ambos pitones; Payo toreo muy sereno, con elegancia, soberbio en cada muletazo, llevando la muleta desmayada, con temple y largueza. El toro tendía a caerse, tenía muy buena intención y cuando se decidía dejaba ver una calidad fenomenal y un recorrido largo. Por supuesto Octavio lo exprimió por completo, adornándose con detalles quien terminaron de bordar la impecable labor del queretano. Fue una pena que haya dejado una estocada caída, pero la gran labor ahí queda. No se salvó del aviso al tardar en caer el astado. Salió al tercio.

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