Los daños colaterales del Clásico Joven

POR ALEJANDRO ALFARO
FOTOS: OSWALDO FIGUEROA

La noche de hoy se respiró un ambiente atípico en el estadio Azteca. Lo que originalmente tenía que ser una fiesta en tonos amarillos y azules, terminó por ser una escena desoladora al ver vacía la explanada principal, los accesos y taquillas.

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La determinación de cerrar las puertas de los estadios resultó una medida inicial para salvaguardar la salud de la población; sin embargo hubo daños colaterales para todos los que económicamente dependen de los ingresos generados en el futbol.

“No se bien cuanto perdí, pero ya me quedé sin trabajo todo el torneo”, dijo uno de los vendedores de playeras que, resignado, recogía su mercancía.

Algunos aficionados se vieron en las inmediaciones del inmueble, aunque muchos de ellos eran seguidores de provincia que hicieron el viaje a la capital exclusivamente para este partido, como el caso de Gaby, Estrella y Jesús, quienes volaron desde Mexicali y justo al momento de aterrizar, recibieron la noticia de que toda la jornada se jugaría sin gente, por lo que se resignaron a tener que buscar un bar para seguir a sus respectivos equipos.

De tal forma, entre pérdidas y gastos desperdiciados, los daños colaterales del cierre de puertas por el coronavirus se presentaron en el clásico joven.

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