Don Nacho Trelles y el poder de la palabra

Don Nacho Trelles amaba tanto el futbol que no dejó de pensarlo hasta el último día de su vida. Era tanto su compromiso con el juego, que logró hacer realidad el sueño de sus miles de aficionados. Esos que van por la vida implorando un poquito más de tiempo, que los ídolos no se vayan nunca. A sus 103 años don Nacho ya tenía los deberes hechos. Su recuerdo será eterno.

Ignacio Trelles nació en Guadalajara en julio de 1916. Eran otros tiempos, tiempos  revolucionarios. Quizá de ahí forjó el carácter para siempre buscar algo nuevo en un mundo de iguales. De chico, ya en las calles del Distrito Federal, con su cuerpo flaco jugaba al futbol con los amigos. Inflaban una y otra vez la pelota de cuero para luego, entre sueños, dejar pasar la tarde.

Hombre de ideales firmes, el joven Trelles siempre supo que los límites en la vida solo se los pondría él. Así, en 1934, llegó al Necaxa, aquel de los “Once hermanos”, equipo en el cual descubrió el sabor del triunfo. Jugó en América, en Rayados, incluso fue a Estados Unidos, con los Vikingos de Chicago, para finalmente regresar a México, con el Atlante. La mala fortuna le quebró la tibia y el peroné apenas en su primer partido con los azulgranas. Pero esas son cosas que tiene la vida, que va tejiendo sus planes a casi siempre a nuestras espaldas.

Es quizá al borde de la cancha, ahí donde los zapatos se manchan de cal, el lugar en el que don Nacho fue más feliz. La bravura de los “Cañeros” redefinían partido a partido al técnico que fue. Trelles colocó las primeras piedras de su imperio en el calor de Zacatepec, de ahí todo fue un constante viaje a la posteridad. En sus andanzas, don Nacho consiguió dominar el futbol mexicano por tres décadas. Si en Zacatepec empezó todo en los años cincuentas, lo realizado en el infierno de Toluca sesentas, y luego en Cruz Azul, en los setentas reinventó el concepto de la regularidad. Su legado también se pintó de verde, con la Selección Nacional, donde, entre otras cosas, consiguió darle a México sus primeros puntos en una Copa del Mundo.

Don Nacho era de esos técnicos arrebatados, que no se quedaban quieto, siempre al borde de la polémica. Era su forma de ser, de sentir el juego. Con su eterna gorra, pegaba de gritos, consciente de que en el futbol, muchas veces, se predica a través de la palabra. Las palabras de don Nacho no se las llevaba el viento, al contrario, tenían ese mágico poder de encontrar destinatario.

Son muchísimas las frases que definen su temperamento, su inteligencia, porque más allá de todo, don Ignacio Trelles era un hombre inteligente. “El el futbol, como en la vida, los cambios siempre se hacen con la intención de mejorar”, solía decir, en una de esas frases contundentes e inapelables que tanto tienen que ver con la vida y tan poco con el juego. “Los técnicos siempre debemos tener la maleta lista”, decía también, como un breve reclamo a una noble pero muchas veces injusta profesión. Que tenga un buen viaje, don Nacho. Reciba en el cielo esta sentida edición de su diario favorito, dedicada a usted, como tantas veces en la vida.

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