El deporte y la fe

Por José Ángel Rueda

Dicen que la fe mueve montañas, pero también deportistas. El deporte y la fe suelen ir de la mano. Más allá de cualquier creencia o religión, los héroes de las canchas encomiendan sus domingos a una fuerza superior que los habrá de proteger cuando inician su ritual. Hay quien reza antes de un partido, o hay quien lleva tatuada en la piel la figura de su Dios. Hay otros que después de levantar la Copa rezan agradecidos en medio de un campo que comienza a quedarse solo. Cada quien lo hace a su modo, en su intimidad, aunque es cierto que la fe habla un lenguaje universal.

MUESTRAS DE FE

La imagen de Javier Hernández mientras reza hincado a un costado del círculo central es ampliamente conocida. El “Chicharito” ha explicado que no se trata de una cábala, como muchos piensan, sino que es una manera de agradecer a Dios la oportunidad de estar dentro del campo de juego. El mexicano repite fervorosamente su ritual minutos antes de cada partido, fiel a su creencia.

Existen otros futbolistas que han manifestado abiertamente su fe y la manera en la que ésta los ha forjado como deportistas. Jugadores como Kaká, por ejemplo, el genio incomprendido, quien en varias ocasiones declaró que de no haber jugado futbol, hubiera sido pastor, y es que Kaká tenía ese poder de convencimiento, la pelota lo obedecía con delicadeza. O el despeinado David Luiz, que cada que finaliza un encuentro se arrodilla para agradecer el haber terminado con bien, más allá del resultado. O Keylor Navas, el portero, que antes de cada partido reza bajo sus tres palos para pedir por la salud de todos los implicados.


Una de las historias más conocidas es la de Wayne Rooney, quien casi siempre trae colgado en el cuello un rosario que le regaló su esposa hace unos años. El inglés creció bajo una educación religiosa que perdura con el paso del tiempo y que le ha permitido superar algunos problemas de conducta. Incluso, también confesó que pudo haber sido sacerdote, pero la vida lo llevó por otros caminos.

Hay jugadores que profesan la fe desde su piel, como ofrendas imborrables. Por ejemplo Messi, el Dios de las canchas, que lleva la figura de Cristo en el brazo derecho, como una ayuda divina para cuando las cosas no salen bien. El argentino también acostumbra señalar al cielo cada que anota un gol, sin embargo, a quien le agradece es a su abuela. A veces la fe encuentra sus vertientes.


Hay muchos otros futbolistas que se han tatuado las figuras de sus dioses, como Neymar. El jugador brasileño constantemente da muestras de su fe. Es su piel lleva frases dedicadas a Dios, en las que apela a la fortaleza espiritual para afrontar las dificultades de la vida. El delantero también se ha colocado en la cabeza una banda blanca con la leyenda 100% Jesús.

FUTBOL Y RELIGIÓN

La imagen del Papa Francisco con la playera de San Lorenzo de Almagro dio la vuelta al mundo. Es como si por primera vez el futbol tuviera la licencia oficial de Dios. La máxima figura de la iglesia católica ha manifestado abiertamente su amor hacia la pelota. Los argentinos han encontrado en su compatriota una razón más para creer que los dioses del futbol se visten de albiceleste. El país sudamericano hizo de Maradona una figura casi celestial. Ese ser superior capaz de todo.

El mundo del futbol tiene otras historias que encuentran en la religión a su principal protagonista, como el clásico de Escocia entre Celtic y Rangers, considerado uno de los más pasionales del mundo. Más allá de la rivalidad futbolística, las tendencias religiosas de cada equipo hacen del encuentro una olla de pasión. Los aficionados del Celtic son católicos, mientras que los del Rangers son protestantes.

OFRENDAS

La imagen de la Virgen de Guadalupe trasciende fronteras. El Museo Guadalupano, ubicado en la Plaza Mariana, cuenta con varios regalos de deportistas a modo de agradecimiento. Ahí se encuentra expuesta una réplica de la Bota de Oro que ganó Hugo Sánchez en 1990, además de una réplica de la Copa del Mundo que levantó Italia en 1982 y que ofreció en su visita a la Basílica de Guadalupe previo al Mundial de 1986. El museo cuenta también con otros objetos, como una presea de la medallista Olímpica Iridia Salazar, además de una playera de la Selección Mexicana firmada por Rafa Márquez, Guillermo Ochoa y Andrés Guardado.

LOS TEMPLOS

Muchos estadios, esos templos del futbol, cuentan con pequeñas capillas e imágenes religiosas para que los jugadores se encomienden a ellas antes de saltar al campo. El estadio Azteca, uno de los recintos con más historia, tiene una imagen de la Virgen María en el túnel que desemboca al terreno de juego. Se dice que la Selección Mexicana Sub 17, luego de vencer a Uruguay en la final del Mundial, agradeció el triunfo ante la Morenita del Tepeyac

EN LA TRIBUNA

Cuenta la leyenda, que una vez que cayó el gol de Ghiggia, en el Mundial de 1950, el Maracaná se quedó mudo. Es entendible, los casi 200,000 brasileños pasaron de la euforia a rezar en voz baja. Y es que a menudo el futbol encuentra esos favores celestiales. Ya sea en la tribuna, al fervor del hincha que acostumbra a pedirle al de arriba de todo, o en la cancha, en los festejos que agradecen al cielo después de cada gol.

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