La ‘Toromanía’ perdura a través de los años

POR ALFREDO VALVERDE VERDEJA

Hace casi 40 años, comenzó la carrera de un joven nacido en un poblado hasta esos momentos desconocido por casi todo el mundo: Etchohuaquila, Sonora, donde un integrante de la familia Valenzuela revolucionaría al beisbol mexicano por sus grandes logros. Fernando “Toro” Valenzuela, un joven y delgado pitcher zurdo que pertenecía a los Ángeles de Puebla, fue opcionado en 1979 a los Leones de Yucatán, donde llamó la atención de los Dodgers de Los Ángeles, quienes lo firmaron para llevárselo. Antes de irse fue el Novato del Año en la Liga Mexicana de Beisbol, al acumular registro de 10-12.


Para esos momentos México había tenido una que otra representación en Grandes Ligas, con peloteros que ganaron la Serie Mundial como: Horacio “El Ejote” Piña con Atléticos de Oakland frente a los Mets de Nueva York; Enrique Romo con los Piratas de Pittsburgh en 1979 ante los Orioles de Baltimore. El pitcher zurdo de un municipio de Navojoa, se convirtió en el pelotero mexicano número 37 en llegar a Major League Baseball (MLB); su gran talento llamó la atención de propios y extraños, que comenzaron a tomar en cuenta al beisbol nacional y a cuarenta años de esto, la cifra de peloteros nacidos en México ronda por los 150.

Desde sus inicios portó el número 34 en sus espaldas y pronto se hizo famoso, en cuanta liga infantil o juvenil, los pequeños peloteros querían traer el 34 en su espalda.

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CAMBIÓ SU VIDA
El joven zurdo de 19 años recibió la oportunidad de ser llamado al equipo grande el 15 de septiembre de 1980 ante los Bravos de Atlanta. Eso sería el inicio de una exitosa carrera de Valenzuela, quien se consagró al año siguiente, donde una lesión del estelar zurdo Jerry Reuss hizo que su manager Tom LaSorda echara mano del novato que no sólo había brillado el otoño pasado en el último mes de temporada de 1980, sino también en el campo de entrenamiento primaveral de 1980. En su presentación ante los Bravos, permitió un hit, recetó su primer chocolate, toleró dos carreras sucias, al entrar a relevar en el sexto inning, un partido que ganaron los Bravos 9-0.

Su siguiente aparición ocurrió varios días después (19 de septiembre), ahora ante los Rojos de Cincinnati, que vencieron a los Dodgers 10-7. Valenzuela ingresó en el cuarto capítulo y tiró tres episodios con dos imparables y abanicó a cinco enemigos.


En su quinta aparición logró apuntarse su primer salvamento, a lo largo de su carrera de 17 campañas apenas logró tener dos rescates, el primero fue ante los Padres de San Diego, al sacar los últimos cuatro outs del encuentro, donde regaló una base por bolas, le preservó el éxito al abridor Don Sutton. Entró en la octava con dos hombres en las colchonetas, llenó las bases, al caminar a Barry Evans, pero dominó con rola al cuadro a Paul Dade. Un error de su segunda base, lo hizo trabajar demás, pero al final el out 27 fue Dave Winfield.
El primer éxito vino el 30 de septiembre ante los Gigantes de San Francisco. Dodgers timbró en dos ocasiones en la parte alta del noveno rollo para igualar la pizarra, Fernando entró a lanzar la parte baja y aunque otorgó dos boletos gratis, salió ileso al abanicar a Rich Murray y Guy Sularz. Un jonrón del dominicano Pedro Guerrero de dos carreras puso adelante a los Dodgers y le dio el primer éxito en su carrera a Valenzuela, quien terminó el juego con par de chocolates.


Todavía el viernes 3 de octubre logró se segunda victoria, también en labor de relevo, al tirar los últimos dos episodios, en otro encuentro que los Dodgers igualaron en el noveno rollo y definieron en el décimo. Ahora fue ante los Astros de Houston. Al año siguiente, el destino jugó de su lado, porque una lesión al abridor zurdo Jerry Reuss, hizo que Tom Lasorda le diera la pelota a Fernando y con ello saltó a la fama.
A lo largo de su carrera tuvo altibajos, donde las lesiones lo alejaron del campeonato del último campeonato de los Dodgers en 1988, tuvo que buscar acomodo en Grandes Ligas en dos ocasiones, la segunda lo obligó a jugar en México con los Charros de Jalisco, para después volver a la gran carpa donde tomó su segundo aire con Baltimore y San Diego.
PERSEVERANTE

Fernando Valenzuela nunca se dio por vencido, tras ser dejado en libertad por los Dodgers de Los Ángeles en 1991, después de venir a la Sultana del Norte a jugar ante los Cerveceros de Milwaukee, el pitcher zurdo fue despedido y ahí comenzó un largo peregrinar.

 


Después que les dio los mejores años de su vida, donde le exprimieron el brazo, los Dodgers lo dieron de baja y tuvo que tocar puertas, aceptó un contrato de ligas menores con los Angelinos de California (ahora de Los Ángeles); pasó la mayor parte del tiempo en sucursales, finalmente le dieron la oportunidad de volver a la gran carpa y dos salidas bastaron para que los Angelinos lo despidieran.
En 1992 optó por jugar en la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) con los Charros de Jalisco, fue todo un éxito en taquillas, porque estadio donde se presentaba, parque que llenaba. En la Ciudad de México le tocó abrir ante los Tigres capitalinos, la gente abarrotó el parque del Seguro Social, algo que hacía muchos años no se veía. Al año siguiente los Orioles de Baltimore lo firmaron y tuvo un año con marca de 8-10. Para 1993 Filis de Filadelfia lo convenció de jugar con ellos, la huelga de peloteros puso fin a su actuación y para 1995, arrancó la campaña con los Charros y terminó con los Padres de San Diego. Al año siguiente regresó a Monterrey, donde los Padres sostuvieron una serie de temporada regular ante los Mets de Nueva York. Fernando abrió el primer duelo y fue ovacionado.

 


En junio de 1997, los frailes lo enviaron a los Cardenales de San Luis con quienes terminaría la campaña, la última en la gran carpa.
Al paso de los años sorprendió a todos al aceptar el trabajo de comentarista en español de los Dodgers. En sus épocas de jugador, siempre fue una persona muy callada y en esos momentos comenzó otra carrera que mantiene hasta en estos días.
Con el apoyo de su esposa Linda Burgos se aventuraron en adquirir un equipo de beisbol en México y fueron nada menos y nada más que los Tigres de Quintana Roo, al aprovechar que Carlos Peralta los puso en venta. Cerraron el trato el 19 de febrero de 2017, con la presencia del gobernador Carlos Joaquín González.

A TREINTA AÑOS

La temporada de 1990 fue la última de Fernando Valenzuela con los Dodgers, una época bastante lejos de la “Fernandomanía” del zurdo mexicano en 1981 y de su campaña de 20 triunfos en 1986.


Sin embargo, el 29 de junio de aquel 1990 fue uno de los momentos más especiales para el sonorense. Esa noche, Valenzuela inició el partido de los Dodgers contra los Cardenales de San Luis en el Dodger Stadium. Curiosamente, a primera hora de la jornada de Grandes Ligas ese día, Dave Stewart – ex compañero de Valenzuela en los Dodgers — había tirado un juego sin hit ni carrera por los Atléticos en Toronto.
Así mismo ocurrió. Manteniendo fuera de balance a los bateadores de San Luis, Valenzuela se las ingenió para no permitir un solo imparable a los Cardenales en los nueve innings de labor, que incluyó siete ponches y tres bases por bolas en una victoria de los Dodgers por 6-0. De esa manera, Valenzuela se convirtió en el primer mexicano en tirar un juego sin hit ni carrera en las Grandes Ligas.

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