'El Juli’ adoraba los videojuegos y los parques de diversiones

Es del dominio público el hecho de que Julián López ‘El Juli’, una de las figuras actuales de toreo, fue un niño prodigio y que, para poder mostrarse al mundo, emigró a México dado que en España no se le permitió torear debido a su corta edad. En cambio, es muy poco conocida la anécdota que surgió cuando tras haber entablado una entrañable amistad con un grupo de ganaderos nacionales, y ante la llegada de su cumpleaños, éstos le preguntaron qué deseaba que le regalaran y el madrileño les solicitó que lo llevaran a conocer Disneyland, en Estados Unidos. Y, desde luego que los criadores de toros le cumplieron ese gusto.

En otras ocasiones, un grupo de amigos lo llevó a festejar su cumpleaños en los parques de diversiones que entonces había en la Ciudad de México: los Juegos Mecánicos en el Bosque de Chapultepec y Reino Aventura, en el Ajusco. Además, disfrutaba enormidades al jugar con un Nintendo, que también le regalaron.

“De niño era muy inquieto y desde que iba a la guardería me llevaba una muletita en la mochila. Además, tenía un traje de luces y un capote de paseo que hizo mi madre y me gustaba mucho usarlos. Fui creciendo y a los nueve años, cuando hice la primera comunión, en la fiesta di mis primeros pases a una becerra y casi de inmediato le pedí a mi padre que me matriculara en la Escuela de Tauromaquia de Madrid”, recuerda el matador, quien en la actualidad radica en su ganadería, en Olivenza, España.

“Es curioso, pero cuando era niño no me gustaba que me trataran como niño. Quería darme a respetar y que me valoraran como torero. Creo que conmigo el tiempo ha hecho algunas cosas a la inversa, pues considero que ahora soy más divertido que antes. Disfruto la vida con más sentido del humor”, agregó.

‘El Juli’ era imbatible en las plazas de toros donde se medía al tú por tú con toreros que lo superaban en experiencia y en edad. Por ello, a lo largo de las temporadas que se celebraron en México en 1997 y 1998, se realizaron más novilladas que corridas de toros. Ese era el efecto que provocaba en los ruedos, donde se desenvolvía como todo un hombre, aunque en el fondo, con su familia y al lado de sus amistades mantenía su esencia infantil.

“Me gustaba jugar futbol y el tenis”, en ese sentido, ‘El Juli’  tiene una gran amistad con su compatriota, el tenista Rafael Nadal e inclusive en 2005, año en que Nadal ganó el Abierto Mexicano de Tenis, en Acapulco, unas semanas antes, el astro del deporte blanco sostuvo un partido de tenis con este torero en la cancha de la ganadería queretana de Xajay.

 

Hoy por hoy, El Juli es padre de tres hijos; un niño y dos niñas: Con ellos disfruta de juegos y de actividades como montar por el campo: “Al ver a mis hijos disfrutar del mundo de los caballos me dan más ganas de seguir”.

 

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