Dos generaciones perdidas en la Masía del Barcelona

Fotos: reuters

Hay un velo de misticismo que suele envolver a la cantera del Barcelona, como si sólo en sus entrañas fueran capaces de desarrollarse los genes de su futbol. Se tiene la idea de que en el lujo de los campos de la Ciudad Deportiva Joan Gamper, o antes, en su casita de piedra, se forman jugadores casi con número de serie, predestinados a cumplir con un papel dentro de una maquinaria cifrada que hasta hace unos años creían inagotable. Lo cierto es que a medida que pasa el tiempo y la gran generación que revolucionó el futbol en la última década se hace vieja, el Barcelona no ha encontrado las recambios necesarios en su fábrica. Al menos dos generaciones de la Masía se han quedado perdidas en esa trampa tan común que supone encomendar el futuro al éxito del presente, sin considerar que ese mismo futuro casi siempre está condicionado por el azar.

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El equipo catalán debate sus temporadas en una constante búsqueda de los herederos que habrán de preservar el secreto de su estilo. A menudo, el refinado ojo del aficionado culé, más por ilusión que por convicción, suele advertir características de Messi, Xavi e Iniesta en las jóvenes promesas que colman su cantera. Cada que surgen figuras como las de Ansu Fati o Riqui Puig, en Barcelona se encandilan los sueños. Casi siempre el canterano azulgrana suele irrumpir con fuerza. Con el ritmo del futbol base aún en sus piernas, y los conceptos claros en su mente de lo que supone una ideología de juego, los jóvenes futbolistas refrescan el cansado ritmo del equipo, como si una máquina del tiempo de pronto fuera capaz de desempolvar las sensaciones del pasado. Pero luego, con los meses, se enfrentan con la realidad de la competencia, y se pierden.

No es una historia nueva, ésta. Antes que ellos fueron muchos más los que prometían grandes cosas, pero nunca pudieron afianzarse en el primer equipo, en parte porque las oportunidades eran muy pocas, y en parte, también, porque nunca alcanzaron la madurez suficiente para siquiera competirle a los grandes nombres. Entonces, pasado el impulso de lo novedoso, cada que jugaban todo parecía poco.

Futbolistas como Bojan Krkic, Thiago Alcántara, Gerard Deulofeu y muchos más tuvieron que buscarse la vida lejos del Camp Nou. Se fueron con la sensación irremediable de no haber sido valorados en la justa medida, y en el club, por el contrario, vieron partir a sus promesas con la tristeza propia de las expectativas sin cumplir. En pleno ocaso generacional, el Barcelona busca a las prisas un recambio que no encuentra. Condenado a desembolsar millones por jugadores que no encajan en una ideología cada vez más dispersa. Los nombres que en su momento fueron promesas apenas son un recuerdo.

PROBLEMA CENTRAL

Hasta la llegada del francés Clément Lenglet, en el verano del 2018, el Barcelona había pagado 138.5 millones de euros para encontrar al acompañante de Gerard Piqué en la defensa central. En la época de bonanza, con Guardiola en el banquillo, la presencia de Carles Puyol, Rafa Márquez y Javier Mascherano disimulaba un problema que ya se anunciaba.

El club tenía claro que su bastión a futuro era Piqué, pero había que encontrar a alguien más. Ya por aquellos años, en la Masía se escuchaban los nombres de Andre Fontás, Marc Muniesa y Marc Bartra como los herederos de la zaga. Eran tres centrales con una proyección casi segura. Cada uno tenía sus cualidades, pero en general todos eran capaces de cumplir con el libreto que exige el futbol culé: una salida limpia desde el fondo. La realidad, sin embargo, fue distinta a lo proyectado, porque las lesiones limitaron las posibilidades de Fontás y Muniesa, hasta perderlos por completo. Y Bartra, acaso con más oportunidades en los años siguientes, no logró consolidarse, y terminó por marcharse al Betis.

En las laterales, Martín Montoya, uno de los potenciales suplentes de Dani Alves, tampoco encontró cabida por la franja derecha, mientras que por la izquierda, el dominio en la posición de Jordi Alba frenó cualquier progresión de hombres como el joven de 21 años Marc Cucurella, quien, en busca de minutos, se fue marchó al Getafe por 10 millones de euros, y el Barcelona tuvo que salir al mercado a fichar a Junior Firpo, por 25 millones.

LAS FORMAS DEL MEDIOCAMPO

El escritor catalán Manuel Vázquez Montalván decía que el Barcelona es el ejercito desarmado de Cataluña. La frase tiene una clara connotación política, aunque por lo bajo cuenta la historia de un equipo en el que las formas importan, fiel reflejo de una ciudad predestinada a las geometrías irreverentes de Gaudí. Las formas del mediocampo azulgrana revelan su secreto, es en esa zona del campo donde el Barcelona construye las figuras de su juego. La presencia de Xavi, Iniesta y Busquets fue tan dominante en todos los sentidos, que sin quererlo condenaron a dos generaciones de canteranos a estar bajo su sombra.

El nombre de Thiago Alcántara se levanta como un susurro en las tribunas del Camp Nou. No hay aficionado culé que no se pregunte qué sería de este mediocampo de contar con su presencia. El hijo de Mazinho no tuvo la paciencia que sí tuvieron Xavi e Iniesta, entonces prefirió cumplir su sueño en el Bayern Múnich de Guardiola. La oportunidad tarde o temprano le llegaría, la gran pregunta era cuándo. Otros jugadores como Jonathan dos Santos, Rafinha, y Carles Aleñá, llamados a cumplir un papel determinante en la transición generacional, también terminaron perdidos. Aleñá, el más joven de todos, estaba marcado a tomar protagonismo esta misma temporada, en cambio, terminó en las filas del Betis, cedido en el nostálgico mercado invernal. El Barcelona, en tanto, entre Arthur, Rakitic, De Jong y Vidal, no encuentra su forma.

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La posición de medio centro también tiene su debate, en gran parte promovido por la figura omnipotente de Sergio Busquets, la obra maestra de la Masía. Contrario a lo que se pensaba, el futbolista catalán también envejece, y sus dos potenciales herederos han languidecido. Oriol Romeu, tres años menor que Busquets, ahora juega en Inglaterra, mientras que Sergi Samper, capitán en todas las categorías inferiores y considerablemente más joven, pretende seguir vigente en el lejano futbol de Japón.

LOS HEREDEROS DE MESSI

Cada determinado tiempo surge en la Masía un heredero de Lionel Messi. Es una cuestión casi cultural, esperar que la fortuna eche raíces. Lo cierto es que después de 15 años en la cantera del Barcelona no ha salido el nuevo Messi. Ni Bojan Krkic, con sus 703 goles en las categorías inferiores, logró consolidarse. Al despropósito de Bojan le siguieron varios, como el de Giovani dos Santos, que después de varias oportunidades decidió convertirse en un futbolista nómada. O el israelí Gai Assulin, de paso fugaz en aquel Barcelona de Guardiola. O Gerard Deulofeu, que no pudo con el peso de su propia historia, y terminó por desaprovechar la imperante necesidad de la grada de encontrar un ídolo tras la trágica salida de Neymar.

 

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