Miguel Campero, operador del Metro y campeón de aguas abiertas

 

Miguel Campero se mueve bajo el ruido del subterráneo, siempre inquieto, cargando gente en cada estación, pero con la mente fija en la inmensidad del mar.

Es un tritón que opera los carros del metro, pero su inmensa pasión es nadar en las aguas abiertas, abrazar las olas y después narrar esas experiencias y vicisitudes que ha vivido desde que comenzó esta aventura a los 12 años de edad cuando su madre, Matilde García, lo llevó por primera vez a conocer el mar.

Para este año sus metas eran cruzar el Gibraltar en mayo y el Mar del Norte en agosto, los cuales fueron programados para el siguiente año por la crisis del Covid-19 que hay en el mundo.

“Nadie esperaba este hecho social que ha cambiado, desde nuestros hábitos que nos permiten evolucionar como seres ante la sociedad. Antes ni por error ibas al mercado, y ahora por salir de casa, lo haces con gusto. Son nuevas estructuras para relacionarnos con la gente”.

El delfín de la ciudad cumplió la meta de conquistar la ‘Triple Corona’, completando los recorridos de la vuelta a la Isla de Manhattan, el cruce del Canal de Santa Catalina y el cruce al Canal de la Mancha en 2014. Ahora recuerda con nostalgia que nadaba de 13 a 15 kilómetros diariamente, pero ha tenido que bajar sus cargas porque no hay dónde hacerlo.

“Ahora en las albercas nado solamente tres o cinco kilómetros y siempre que haya poca gente. Extraño mis inicios en la alberca Francisco Márquez donde fui campeón en los 50, 100, 200 pecho y 400 combinado, de ahí que después me pasara a las aguas abiertas”.

El nieto del dios Neptuno también participó en eventos Panamericanos, además de haber estado 19 años jugando futbol americano.

“Pero cuando comencé a torear olas, nació este otro reto donde cada que entro al mar abierto, siento la misma pasión de cuando era niño y lo hice por primera vez. Sí hay miedo, lógico, porque no sabes lo que te puedes encontrar, pero siempre se me enchina la piel al sentir esas aguas, las corrientes, es algo indescriptible”.

A sus 43 años de edad, Campero García narra con detalles todo lo que disfruta en esas competencias, su mente se transporta hacia los rituales que hace antes de iniciar las travesías.

“Es superarme a mí mismo, soportar las aguas que son frías, pero sin duda que la mente es el enemigo más grande. Superar los miedos que traes es la meta principal, es la responsabilidad de cada nadador saber que nos pueden esperar muchas cosas, no tanto lo que invertiste porque a veces no hay apoyos y uno consigue el dinero como pueda. Así, mi ritual es hacer una oración, antes y después de cada competencia, y al final agradecer con la mirada hacia el cielo por el reto cumplido. Nunca dejas los miedos, simplemente los abrazos”.

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