Los boxeadores que no se retiraron a tiempo

Joe Louis, el Bombardero Café, tiene el récord de 25 defensas consecutivas como rey de los pesos completos y es uno de los héroes norteamericanos que humillaron a Adolfo Hitler, en tiempos en que éste proclamaba la “superioridad” de la raza aria, al fulminar en un round al rubio Max Schmeling, en la revancha contra el mismo teutón que lo había destronado. Pero ese brillante palmarés lo opacó el mismo boxeador nacido en Detroit al mantenerse en actividad más tiempo del debido, acuciado por problemas económicos.

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Louis se procuró infinidad de lujos, pero, al igual que ha sucedido con otros estrellas que dilapidaron sumas extraordinarias, no supo administrar su dinero.

El venerado Brown Bomber pasó a convertirse en un escalón más para el ascenso del mítico Rocky Marciano, el cual se haría célebre al retirarse invicto como soberano universal pesado, con marca de 50-0. Incluso, Joe incursionó en la lucha libre sin resultados positivos.

Desafortunadamente, Louis vivió sus últimos días atado a una silla de ruedas, desde donde recibía a los visitantes del hotel Caesars Palace, un empleo que le consiguió Frank Sinatra, uno de sus admiradores. Max Schmeling, convertido en un muy próspero empresario en su país, acudió en su auxilio al empeorar su estado de salud y pagò su funeral.

MUHAMMAD ALÍ

Entre las versiones de por qué el inconmensurable Muhammad Alí contrajo el mal de Parkinson, está que fueron demasiados los golpes absorbidos.

Una cosa es cierta. La ocasión en que intentó infructuosamente derrotar a Trevor Berbick, a la postre jerarca de los pesos completos, el 11 de diciembre de 1981, y terminó doblegado por un enemigo que en sus mejores tiempos no hubiese podido con él, fue hasta entonces, a los 39 años, en que se convenció de anunciar su adiós definitivo como boxeador.

Era evidente que las portentosas facultades de Alí al llegar a esa cita estaban muy mermadas y pasó a agregarse a los ejemplos del astro deportivo que prolonga su carrera más allá de lo aconsejado.

“PÚAS” OLIVARES

Rubén “Púas” Olivares, uno de los ídolos del pugilismo azteca, capturó por partida doble los campeonatos mundiales de peso gallo y pluma; sin embargo, llegó a su desafío por la faja pluma de la WBA con el monarca panameño Eusebio Pedroza con sus habilidades y reflejos disminuidos y experimentó un nocaut en 12 episodios, el 21 de julio de 1979 en Houston.

Todavía Rubén, apodado el Muchacho Alegre por su afición al alcohol y las fiestas con los amigos, intentó a los 41 años “un retorno”, con la intención de, al menos, hacer una decorosa campaña de despedida, y fue superado por el entonces desconocido Nacho Madrid, de 25 años, que no le dio concesiones y le hizo bajar del ring con la que sería su última derrota. Ésta sobrevino por nocaut en cuatro giros, el 12 de marzo de 1988 en la Arena México.

Pintor terminó envuelto en tropiezos

Lupe Pintor consiguió lo que parecía improbable al derrocar mediante una polémica decisión a Carlos “Cañas” Zárate, el 3 de junio de 1979 en Las Vegas y pasó a ser un sólido monarca de los gallos del WBC hasta tener que dejar el trono, más que nada por sus problemas de peso. Escaló la división supergallo, con tal éxito que, luego de perder con el monstruo boricua Wilfredo Gómez en diciembre de 1982 en Nueva Orleáns, Louisiana, en un combate muy recordado, le quitó la faja verde y oro al favorito Juan “Kid” Meza en agosto de 1985 en el Palacio de los Deportes.

El gusto no le duró tanto al dejar el cetro en la báscula en Tailandia en enero de 1986. Esa vez perdió por nocaut contra Samart Payakarun. Entonces, Pintor anunció que se dedicaría a la vida privada.

Nadie imaginaba que regresaría en enero de 1994 y, aunque tuvo un comienzo alentador al derrotar en tremendo pleito a Carmelo “Recluso” Gómez, los tropiezos se sumaron y acumuló seis en forma consecutiva pues era evidente que sus mejores días como pugilista habían quedado atrás. Lupe tuvo una despedida poco envidable al caer en cinco rounds ante Russell Mosley, para terminar con marca personal de 56 éxitos a cambio de 14 derrotas.

JC Chávez prolongó en vano su carrera

Es recurrente mencionar que Julio César Chávez consiguió acumular un impresionante registro de 90 combates sin conocer el fracaso (su récord llegó a ser de 89-0, con un empate) y tenía una trayectoria con solamente dos tropiezos al momento de recibir la revancha contra Óscar de la Hoya, cuando el sonorense ya exhibía 36 años de edad, y ahí experimentó un segundo revés por KOT ante el californiano. Su primer verdugo fue Frankie Randall, en enero de 1994.

Todavía en julio de 2000 en Phoenix, a los 38 años, Julio buscó por postrera ocasión un trono del mundo y cayó por nocaut técnico ante el ruso-australiano Kostya Tszyu.

En 2001 se impuso a un rival de poca monta como Therry Thomas y, con 41 años encima, con problemas de una vieja lesión en su tobillo derecho y una fractura que no llegó a sanar del todo en su mano diestra, aceptó hacer “una gira del adiós” bajo la tutela del promotor Bob Arum.

A ritmo de una contienda por año, se impuso a Willie Wise, Frankie Randall (a éste lo superó en la plaza México, en un tercer combate, para un saldo favorable de 2-1 contra ese oponente) e Iván Robinson.

En septiembre de 2005 en Phoenix, con 43 calendarios sobre sus espaldas, su puño volvió a quebrarse y tuvo que abandonar las acciones a la mitad de su riña con Grover Wiley, un peleador 12 años menor y destinado a forjar una carrera apenas regular.

Como si una especie de maldición le hubiese caído, Wiley no volvió a ganar jamás y se fue después de sufrir seis reveses en línea. Curiosamente, una de esas humillaciones en su contra fue por nocaut a manos de Julio César Chávez junior, que vengó a su padre, en junio de 2007 en Nueva York.

Mike Tyson también retardó su despedida del ring

Mike Tyson, erigido como el campeón más joven de la historia en noviembre de 1986, a los 20 años de edad, tuvo un declive prematuro debido a sus excesos y errores abajo del ring.

Su derrumbe contra Buster Douglas en febrero de 1990 es calificado como la máxima sorpresa de todos los tiempos pues en esos días, Tyson era monarca universal absoluto de la división de los mastodontes y no hubo apuestas al estar los momios 43-1 a su favor.

Tuvo que pasar en una carcel de Indiana entre 1992 y 1995 debido a lo que pareció un montaje al ser acusado de violación de la concursante de belleza Desiree Washington, y tras un regreso espectacular, se encontró con Evander Holyfield, su bestia negra, en los calendarios 1996 y 1997. En este último año le arrancó un pedacito de oreja a Holyfield, al fracasar en su intentona de cobrar revancha.

Cuando se encontró con Lennox Lewis, campeón mundial (WBC/IBF) en 2002, ya tenía 36 años de edad y pese a convertirse de nuevo en un contendiente creíble por haber obtenido cuatro victorias y dos resultados “sin decisión”, siempre contra adversarios de regular calidad, subió al cuadrilátero con los momios en contra.

Lewis lo noqueó sin miramientos en ocho asaltos el 8 de junio de 2002. En lugar de retirarse, Tyson insistió en ponerse los guantes y sólo consiguió ser derrotado en dos de sus últimas tres salidas y por la vía del nocaut.

El 11 de junio de 2005 tuvo una actuación vergonzosa ante Kevin McBride, quien lo derribó y lo obligó a abandonar la reyerta despues de seis rounds, con lo que Iron Mike se fue entre más pena que gloria.

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