Como en los viejos tiempos, Chivas entrenó en el Jalisco

GUADALAJARA.- Un caudaloso río rojiblanco inundó la Calzada Independencia, paralizando el flujo vehicular para de esta forma causar la molestia entre los automovilistas, quienes arremetieron con claxonazos y ‘mentadas’, situación que no incomodó y mucho menos movió a los miles de transeúntes.
Era una enorme procesión de feligreses, quienes con cánticos, banderas, gorras, serpentinas e indumentarias de Chivas se dirigían al máximo recinto sagrado del balompié tapatío, ya que el santuario abriría sus puertas para observar a sus ídolos de cerca.
Minutos después de las nueve de la mañana, el Estadio Jalisco permitió la entrada de los seguidores del Rebaño Sagrado, quienes ingresaron ordenadamente. Niños, mujeres y hombres tomaron tranquilamente asiento en el Coloso, pero la algarabía se desató cuando comenzaron a salir los jugadores del chiverío…
¡Mamá ahí está Omar Bravo! Gritó eufórico un pequeño, quien no acudió a su escuela para ver a sus máximas figuras.
En cuanto el Rebaño iniciaba su pastoreo de la mano de Chepo de la Torre los cánticos estremecieron los cimientos del inmueble mundialista. El trabajo rojiblanco inició con un trote ligero alrededor del Jalisco, posteriormente iniciaron las labores de fuerza y resistencia y para culminar, José Manuel dio la orden de iniciar un duelo interescuadras y así enfocarse en la contundencia, contexto por lo que en cada jugada los miles de seguidores gritaban se entusiasmaban.
Con el sudor en el rostro, Toño Rodríguez, “Pato” Araujo, “Conejito” Brizuela, Aldo de Nigris y compañía caminaron rumbo a los vestidores, pero antes accedieron a las peticiones de sus aficionados. Las playeras, banderas y gorros volaron al campo, para que los futbolistas imprimieran su rúbrica sobre la prenda.
De pronto Omar Bravo, se acercó a la grama del inmueble y le dio la oportunidad a un niño de bajar a la cancha y jugar ligeramente con él. Ni tarde ni perezoso el pequeño de aproximadamente 10 años bajó y pateó el balón con el “mochiteco” y después saludó de mano al resto de futbolistas, un recuerdo inolvidable para el niño.
Así fue como las Chivas se dejaron querer por su gente, quien les ha demostrado su incondicional apoyo en la lucha por no descender. (Salvador Gutiérrez/Fotos: Agapito Espinoza/ESTO Jalisco)

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