Abbie Klein, una estrella solitaria

POR GRACIÁN DE HERRERA

HAY de sueños a sueños. Los que son recordados con sabor dulce al despertar, otros qué por más que uno lo desee es imposible recordarlos y a veces llegamos a los alucinantes, caóticos, extremos, en el rango de las pesadillas. Desecharlos sería lo más adecuado, dejarlos en el baúl del olvido.

A veces, los sueños pueden intercalarse u otras ser tan presentes que parecerían reales. El sueño de los sueños, como alcanzar el cielo en sus diferentes matices y formas; son chispas de felicidad interna. Lo mágico, maravilloso, singular que desearíamos jamás despertar, el adjetivo a flor de labio, la esencia de la otra vida.

Después de que volví a ver un juego de futbol americano, entre Nueva Inglaterra e Indianápolis – pensé que eran de Baltimore recordé el sello distintivo del entrenador en jefe Tom Landry, de esos gloriosos Vaqueros de Dallas que innovaron con sus jugadas diseñadas desde lo más profundo de la imaginación de un personaje pulcro en su forma de vestir y en su sistema de juego. Los Patriotas maltrataron a unos desmoralizados Colts bajo la lluvia invernal del norte de los Estados Unidos.

Entonces, recordé que las Vaqueritas eran parte de esa innovación y las palabras de Abigail Klein, fueron como una campanada al oído, con su rubia cabellera que se extiende como sus largas piernas en el escenario: “Un Súper tazón sin animadoras, es como una fiesta sin champagne”.

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Abigail es texana por donde se le vea: rubia, perfecta, ardiente e inolvidable… Su cuerpo es el canto de las sirenas en la playa o en el rodeo es como la monta de un toro salvaje. Verla en el escenario es un sueño dulce, un algodón que se disuelve al contacto de dos bocas, de un abrazo.

La modelo y animadora del equipo de la Estrella Solitaria, a su 26 años provoca los sueños más placidos que puede tener un hombre, con el póster autografiado en el techo de su recamara o en la pantalla de la computadora.

La invité al Súper Tazón 49, en Arizona, no tan lejos de su natal Coppel, donde le gusta escuchar música, bailar y jugar en su tiempo libre al ritmo de su corazón ardiente: “Bebé, te invito al juego de juegos “ le dije -, y durante el medio tiempo luzcas como una diosa”.

Abbie sonríe, se me acerca, puedo percibir no solo su perfume, sino su aliento, me hace cosquillas con la punta de la nariz y me advierte que si vuelvo a repetir esa insolencia, ¡Jamás, pero jamás me volvería a hablar: Nueva Inglaterra con todo y su modelo brasileña o las porristas de Seattle parecidas a focas, los aborrecía!

Y, no conforme con eso, me tomó del cuello y lanzó una profética promesa, la celebración 50 tendrá a Dallas en el Súper Tazón. Entonces, ella me regalaría el boleto y una playera firmada por los integrantes del equipo. En tanto, prefiere tomar el sol y disfrutar de una margarita que yo le preparo con la exactitud de un pase de Roger Staubach, el Capitán América. ¿Lo habré soñado?

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