Cristiano, un gran deportista de origen humilde

Mexico, 2015-02-05 14:05:58 | Redacción ESTO

EFE

En pleno centro de Lisboa, en un edificio con visibles signos de deterioro, se esconde la pensión Dom José, modesta residencia que alojó durante cerca de dos años a un adolescente Cristiano Ronaldo, quien se vio obligado a superar cuantiosos obstáculos durante su paso por la capital portuguesa.

El que es considerado mejor futbolista del mundo -en encarnizada disputa con Lionel Messi- cumple hoy 30 años en lo más alto de su carrera. Deportista reconocido y multimillonario, su privilegiada situación actual contrasta con las dificultades que vivió durante su niñez y juventud, antes de convertirse en una estrella.

Una parte de ese período la pasó en la pensión Dom José, donde hablan de él como “el huésped más ilustre” del establecimiento, abierto hace tres décadas.

Tanto José Pereira, gerente del negocio, como Deolinda Barros, limpiadora, se acuerdan de aquel joven “flacucho” de 16 años que siempre estaba de bromas con su compañero de cuarto.

Ronaldo era sólo uno más de un grupo de 17 jóvenes de la cantera del Sporting de Lisboa a los que el club buscó alojamiento en pleno centro de la ciudad, al lado de la emblemática plaza de Marqués de Pombal, mientras construía su centro de formación.

La residencia ocupa toda una planta de un edificio con señales exteriores de envejecimiento – como sucede a muchos de la capital lusa- y se anuncia a través de un pequeño letrero amarillo colocado en el exterior.

Una vez dentro, unas letras con luces de neón invitan a subir a los huéspedes. Son escasas las referencias al paso de Ronaldo por la pensión.

“Es la figura más ilustre que pasó por aquí, no hay la más mínima duda (…) Pero no hemos explotado demasiado el hecho de que viviera más de un año con nosotros”, reconoce José Pereira, quien se lamenta de no tener registros fotográficos de aquella época.

Al hoy capitán de la selección lusa le tocó compartir el cuarto número 34. “Lo volvimos a pintar, pero incluso el cabecero de las camas es el mismo”, asegura José Pereira mientras muestra la pequeña habitación, con televisión, espejo, lavabo y bidé por todo equipamiento y que actualmente está disponible por 25 euros la noche.

Aunque ya entonces Ronaldo y sus compañeros vivían centrados en el fútbol, también encontraban tiempo para alguna que otra gamberrada.

“Una vez empezaron a atar todos los cordones de sus botas uno a uno y les colocaron al final unos globos de agua, para luego desde el balcón dar en la cabeza a quien pasaba. Alguno subió a quejarse”, afirma sin poder esconder una sonrisa.

Memorias similares tiene Deolinda, quien lleva veinte años quitando el polvo y haciendo camas en la residencia “Dom José” y a la que no se le olvida la simpatía de aquellos jóvenes que iban con frecuencia a los jardines del parque Eduardo VII -anexos al Marquês de Pombal- para seguir jugando al fútbol en sus tiempos libres.

“Estaban siempre de broma, era como si fuesen nuestros hijos”, asegura la limpiadora.

Nacido en un desfavorecido barrio de Funchal (Madeira) en el seno de una familia humilde, Cristiano Ronaldo despuntó temprano en el club de su barrio, el Andorinha, lo que le permitió recalar en el Nacional.

Con apenas doce años hizo una prueba en el Sporting de Lisboa, que se lo llevó a la capital.

Solo, sin el apoyo de su familia, los comienzos fueron duros. Así lo recuerda Aurélio Pereira, el responsable de las categorías inferiores de los “leones” que convenció a la directiva de afrontar una importante inversión para contratar a un infantil.

“Ronaldo llegó con una misión complicada, porque el Nacional pretendía saldar una deuda con nosotros de 5.000 contos -equivalente a 25.000 euros- con su traspaso. Era una cantidad que nunca pagamos por un infantil”, explica a EFE Pereira.

Él mismo asistió personalmente al segundo entrenamiento. Un día fue suficiente para escribir un informe que recomendaba encarecidamente su incorporación. “Lo que más me impresionó fueron sus condiciones psicológicas, el descaro que tenía”, rememora.

Hasta el caso de Ronaldo, en la cantera del Sporting “nunca se había tenido a un jugador lejos de sus padres tan joven”, comenta Pereira, pues “lo normal era esperar a que tuvieran por lo menos 15 o 16 años”.

Los inicios en Lisboa fueron especialmente difíciles. A la nostalgia familiar se sumaba un profundo acento madeirense por el que algunos compañeros de clase se mofaban de él.

De hecho, el propio Pereira tuvo que reunirse con la dirección del colegio después de que Ronaldo discutiese con una profesora -algunos dicen que la amenazó con una silla- por reirse de su acento.

“Es verdad que reaccionó mal, pero es por el orgullo del que no le gusta ser vacilado”, justifica su descubridor, quien insiste en que ya por aquel entonces “estaba siempre centrado en ser el mejor en todo” y recuerda que sólo era un adolescente “cuando iba a escondidas al gimnasio para trabajar solo incluso sin permiso”.

Un joven “bromista”, “rebelde” y “perfeccionista”, según dicen quienes le conocieron entonces, y a los que todavía hoy no deja de sorprender los logros de un Ronaldo que tras pasar por el Manchester United y el Real Madrid es el mayor símbolo actual de Portugal en todo el mundo.