Christian Martinoli recuerda la tinta sepia del ESTO en sus manos

YAEL RUEDA 

FOTOS: ULISES BRAVO 

Si hay algo que el ESTO evoca es la nostalgia. Hoy el periódico es a color con la intención de adaptarse a la modernidad, pero hasta hace no mucho tiempo las páginas en las que se contaban un sinfín de historias eran sepias, ese tono tan particular que se notaba a lo lejos y que siempre dejaba manchas de tinta en las manos. Justamente es ese el primer recuerdo que Christian Martinoli evoca acerca del diario. Después vienen en cascada todos y cada uno de los momentos que el Diario de los Deportistas marcó en su vida.

“El ESTO es una parte fundamental del periodismo deportivo en nuestro país, evidentemente, quién no quedó con las manos manchadas muchas ocasiones leyendo el periódico, con ese ocre que te manchaba”, recuerda con una gran sonrisa.

“Mi abuelo lo compraba siempre, siempre veía el ESTO y básicamente tiene la cosa de que te habla de todos los equipos, aunque sea poquito o mucho, dependiendo del tema mediático, la trascendencia, pero finalmente tiene información de todos, es muy difícil que al ESTO se le vaya una nota estrictamente informativa. Más allá de la opinión que pueda tener la gente que trabaja como columnista, siempre estabas pendiente de que la nota informativa ahí estaba”, agrega durante la charla.

El Diario de los Deportistas fue leído infinidad de veces por Martinoli cuando tenía el sueño de ser futbolista profesional. En el vestidor de las reservas del Toluca, el diario pasaba por cuantas manos fueran posibles. El ESTO nunca era baja en el seno escarlata.

“Te puedo decir que cuando yo estaba en fuerzas básicas, cuando estuve un año en la reserva profesional del Toluca, siempre estaba el ESTO todos los días y pasaba de mano en mano. Ese periódico lo veían todos los días, por lo menos de las 8 de la mañana a las 12 del día, unas 50 o 60 personas”, comparte.

Durante su formación académica, las páginas del sepia siempre fueron una lectura obligada, especialmente para aligerar el camino que hacía desde la capital mexiquense hasta la Ciudad de México.

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“Hubo una época en la que yo venía diario a la Ciudad de México. Cuando agarraba el camión de la terminal de Toluca, aproximadamente a las 7 de la mañana, para llegar a la terminal de Observatorio a eso de las 8, yo tenía clase a las 9 en la zona de Polanco, evidentemente compraba el ESTO y me venía leyendo página por página”, explica.

Ya dentro de los medios de comunicación, Christian Martinoli pudo conocer a las grandes plumas del ESTO, de quienes tuvo la oportunidad de aprender un poco.

“Siempre me marcó de forma importante. Leí mucho al señor Carricart, al señor Porta, dos íconos de la época en la que leía el periódico y constantemente cuando yo era joven me empecé a cruzar con ellos una vez que me empecé a dedicar a esto; los veía en un par de torneos internacionales, los veía con la Selección, tú te dabas cuenta por dónde venía la mano, porque pedían un trato ligeramente diferenciado, eran tipos muy importantes de la prensa escrita y tú les aprendías, los observabas y analizabas lo que decían, era gratificante ver cómo se desarrollaban”, sentencia.

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