El ESTO que conocí, nos cuenta Alfredo Valverde

ALFREDO VALVERDE VERDEJA

Hoy estamos de fiesta. El Diario de los Deportistas cumple 80 años y parece que fue ayer cuando llegué aquí en el mes de junio de 1991, apenas unos días después de haber concluido la carrera de Ciencias de la Comunicación que cursé en la Universidad Intercontinental (UIC).

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Unas semanas atrás, Gonzalo Camarillo (hermano de nuestro compañero José Luis) me hizo la invitación de trabajar en el ESTO, a cubrir junto con él la fuente de beisbol. Este deporte conocido como el Rey de los Deportes que para la mayoría es difícil de entender, pero para los aficionados de hueso colorado es una disciplina fascinante y más si lo has practicado alguna vez, como fue mi caso.

Durante meses había estado vacante el puesto de reportero de beisbol, porque es un deporte que tiene hora de inicio, pero nadie sabe con exactitud la hora que terminará, además de que por lo general se juega por las noches, siendo la última plana que se va a las rotativas en el día a día.

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Recuerdo que fue un lunes cuando me integré al ESTO. Ignacio Matus y Carlos Trápaga eran los jefes inmediatos. La redacción era totalmente distinta, la tecnología no era tan avanzada como ahora, donde cada computadora tiene internet. En aquel momento unas cuentas máquinas lo tenían y era obligado compartirlas, esperar turno.

En ese tiempo el futbol estaba a cargo de Hugo Martínez, Manuel Gómez, Carlos Cruz, Graciela Reséndiz, Gustavo Ramos Galán, Jorge Carricart, para otros deportes Max Martínez, Francisco Javier Carmona, Horacio Jiménez, Rosalinda Coronado, Rubén Haces. En toros, Francisco Lazo y Horacio Soto.

Con el paso de los días comencé a darme cuenta de lo importante que era este diario. Una vez por semana venían a visitarnos un técnico y un futbolista. Ahí tuve la oportunidad de conocer a Enrique ‘Ojitos’ Meza, quien llegaba a saludar a todos los reporteros de mano y a la hora de despedirse hacía lo mismo, Bora Milutinovic, Miguel Mejía Barón. Hasta Miguel ‘Piojo’ Herrera, en sus primeros años de entrenador, llegó a la redacción y se puso a ver un partido de beisbol de Grandes Ligas e hizo algunos comentarios que demostraban que este deporte no le era tan indiferente.

Una noche llegó Jorge Campos en compañía de su entonces novia Daniela Castro, y la redacción se volvió un manicomio, todos querían tomarse la foto. En ese momento las selfies no existían.

En el pasado, firmar una nota no era tan fácil, se tenían que hacer méritos durante algunos días o hasta meses; en mi caso no tardé tanto y mi nombre rápidamente apareció en mis artículos y crónicas.

Al no haber los adelantos tecnológicos en ese tiempo, el teléfono era la principal arma para conseguir información, y para ello teníamos corresponsales en cada una de las plazas de los circuitos invernales y de verano. En algunas plazas teníamos hasta dos personas que diariamente se comunicaban con nosotros para enviar los detalles del partido. Muchos de ellos se conformaban con ver su nombre en el diario.

Tuve la fortuna de cubrir mis primeros playoffs unos meses después de mi ingreso, y viajé a Monterrey para darle cobertura a los dos equipos de la Sultana del Norte: Industriales y Sultanes. En esa época existía el Sol del Norte, periódico de la cadena, y desde sus instalaciones envié toda la información las tres semanas de cobertura.

En 1993 cubrí mi primera Serie del Caribe en el Puerto de Mazatlán. Me quería comer al mundo y entrevisté a todo pelotero nacional y extranjero que vio acción en esos días en el clásico caribeño.

Al año siguiente tuve la fortuna de ir a Puerto La Cruz, Venezuela, donde el representativo nacional perdió los seis encuentros. Durante una semana comía y cenaba beisbol, en un país que aparentemente vivía todavía en democracia, con soldados en cada esquina de la ciudad.

EL MÁS IMPORTANTE

Nadie nos tenía que decir que llegábamos a rincones que nunca nos imaginamos. Y eso lo comprobábamos rápidamente a la hora de tomar el taxi del aeropuerto al hotel. Más de un chofer conocía el diario y hasta nuestros nombres.

El asombro fue mayúsculo cuando vi que teníamos lectores en Los Ángeles y San Antonio.

En provincia la gente ya sabía dónde adquirir el ejemplar del día, hasta lo separaba, porque de lo contrario corría el riesgo de quedarse sin periódico.

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UN BIGLEAGUER

En 1993 pudimos viajar a Oaxaca para entrevistar a Vinicio Castilla, en casa de sus padres. El viaje resultó toda una odisea para mi compañero fotógrafo Jesús Téllez y para mí, porque ya instalados en el hotel, vimos el partido de Serie Mundial entre Filadelfia vs Toronto, y después un programa de José Ramón Fernández que tenía los lunes y ahí tuvo como invitado a Vinicio. Nos hizo dudar que estuviera al día siguiente con nosotros. Recuerdo que esa noche no dormí nada por el temor de que la entrevista pactada se viniera abajo. A primera hora hablamos con la persona que contactamos para ver a Vinicio y lo acompañamos al aeropuerto para ir por Castilla.

Recuerdo las palabras que nos dijo el oaxaqueño a la hora de vernos: “¿Qué dijeron?, Pensaron que los iba a dejar plantados. Para nada, aquí estoy. No se preocupen”.

Todo el día la pasamos con él y sus padres. Años después, cuando los Rockies y Padres inauguraron la temporada en Monterrey, Vinicio aceptó hablar con nosotros antes del partido.

Por algunos años hicimos giras por el Pacífico, al aprovechar que todos los peloteros que estaban en las Grandes Ligas optaban por jugar en el mes de diciembre en México.

DOBLE FUNCIÓN

En 1996 ya estábamos listos para cubrir la serie entre los Padres de San Diego y Mets de Nueva York que se celebró en Monterrey, un fin de semana del mes de agosto. Días antes del evento, falleció en la Unión Americana el torero Manolo Martínez, y los restos fueron trasladados a la Sultana del Norte la madrugada del sábado. Recibimos la orden de cubrir la llegada del cuerpo del diestro, el fotógrafo que me acompañó y yo. Al terminar el primer partido de beisbol nos trasladamos al aeropuerto internacional donde llegó el féretro a altas horas de la noche y al día siguiente estuvimos en la misa de cuerpo presente.

HASTA SIEMPRE

A lo largo de estos 30 años, la Ciudad de México ha visto desaparecer el parque del Seguro Social, casa de los Tigres y Diablos Rojos, que se tuvieron que mudar en el 2000 al Foro Sol. Con el regreso de la F1 a México, la novena escarlata tuvo que emigrar al pequeño estadio Fray Nano, antes de construir su propio estadio situado dentro de la Ciudad Deportiva, donde desde hace tres años ya juegan en el Alfredo Harp Helú.

En 2008 tuvimos la fortuna de conocer el viejo Yankee Stadium, al que muchos solían llamar “la casa que (Babe) Ruth construyó”. Estuvimos ahí antes de que cerrara sus puertas y recorrer todo el inmueble fue algo fuera de serie, algo que los amantes del futbol podrían compararlo a estar en Wembley o en el Maracaná, por nombrar dos estadios famosos.

OTROS TIEMPOS

La llegada del Internet revolucionó el periodismo. Estuvimos en la final de la Mexicana del Pacífico del 2020, donde los Tomateros de Culiacán superaron 4-3 a los Venados de Mazatlán. Cubrimos inning por inning para las diversas plataformas, además de enviar la crónica del partido. Los tiempos han cambiado. Y el periodismo, también.

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